Recordando a Don Emilio Reynes (1852 – 1935), el fundador de la localidad rural de La Rica y el inventor de una curiosa y llamativa cosechadora de maíz. Un noble y hermoso canto al trabajo, la lucha y el progreso.

La localidad rural de la Rica, fundada por Don Emilio Reynes, el 2 de marzo de 1902. Además de la creación, de dicha población de campaña, Reynes, ideó y fabricó, como ingenioso inventor y constructor, una cosechadora de maíz, bautizada con el nombre de «La Chivilcoyana».

Recientemente, hubo de conmemorarse el 118 aniversario, de la feliz y promisoria fundación, de la localidad rural de La Rica, situada en el Cuartel IX de nuestro distrito bonaerense de Chivilcoy, a unos 20 kilómetros de la ciudad cabecera. Zona geográfica, apta y propicia, para la agricultura y la lechería, con fértiles campos cultivados, y la presencia de tambos y de cabañas, el acceso a dicha población, se obtiene a través de la ruta provincial Nro. 30, muy cercana a la localidad. Su estructura de pueblo de campaña, se compone de unas veinte manzanas, y las diferentes calles de la localidad, han sido bautizadas con los nombres de distintas especies arbóreas. La estación  del Ferrocarril del Oeste, se inauguró hacia el mes de octubre de 1906, y por otra parte, la segunda estación, de la compañía Midland, el 15 de mayo de 1911. En los ámbitos de la mencionada localidad, podemos encontrar el Club Social y Deportivo “La Rica”; la Escuela primaria Nro. 57 “Dr. Joaquín V. González” y el Jardín de Infantes Nro. 910; el Centro de Atención Primaria de la Salud “Ana D. Abadie de Gutiérrez”; la capilla “Inmaculada Concepción”, en la faz religiosa, y en el plano de la seguridad, el respectivo destacamento policial. La denominación de la localidad, se halla estrecha y directamente ligada, a la muy antigua y tan tradicional estancia “La Rica” – todo un firme y glorioso baluarte histórico, arquitectónico y cultural, de nuestro pasado lugareño -, cuyos orígenes se remontan hacia principios de la década de 1850. Perteneció al inmigrante español Don Manuel López, un respetable y acaudalado estanciero y comerciante, que había arribado al país, hacia el año 1823, desempeñándose como Alcalde, en el Cuartel I, y posteriormente, fue heredada por su hijo, Don Manuel Eustaquio López (1831 – 1910), estanciero, dirigente político,  afamado caudillo de la época y,segundo intendente municipal, de nuestra ciudad, en 1887, quien sucedió en el cargo, al primer jefe comunal, Don Saturnino López, designado el 30 de junio de 1886. Gobernó a Chivilcoy, hasta 1888, y lo reemplazó el memorable y prestigioso dirigente político, líder partidario y hombre público, Don Carlos Ceballos. Recordemos también  que, en 1867, Don Manuel Eustaquio López, hubo de enviar una porción de tierra,  de la región de La Rica, a un concurso internacional de suelos, llevado a cabo en los Estados Unidos de América, y esa tierra, se clasificó en un relevante y significativo “Tercer puesto”, dentro de las mejores tierras del mundo, por su extraordinaria y admirable fecundidad, bien demostrada en aquel importante certamen.

La localidad rural de La Rica, fue fundada el 2 de marzo de 1902, por una acertada y plausible iniciativa del inmigrante francés Don Emilio Reynes, el cual, efectuó asimismo, la generosa donación de diversos terrenos o solares, destinados a la plaza del naciente y futuro pueblo, la escuela y, varias reparticiones o dependencias oficiales. Don Emilio Reynes, había visto la luz, en el Valle de Elnergue, en el noble y honrado hogar de una familia de pequeños agricultores, hacia el año 1852. Hombre tesonero y altamente laborioso, que se caracterizó y destacó por su espíritu soñador y aventurero, su gran voluntad emprendedora, su pujanza y audacia valerosa, y sus íntimos y profundos afanes y anhelos de aventura, llegó a la Argentina, en el mes de agosto de 1889; radicándose tiempo después, en esta zona de La Rica. Establecido allí, en dicho lugar de nuestro Partido chivilcoyano, decidió  entonces, dedicarse, a la industria de la madera de álamo; construyendo un aserradero portátil, que funcionó a lo largo de casi tres décadas, y logró producir unos quince millones de pies de tablas. Don Emilio Reynes, con singular capacidad, ingenio y destreza, innata creatividad, natural talento y hábil pericia, inventó una curiosa y llamativa cosechadora de maíz, que bautizó con el emblemático y expresivo nombre de “La Chivilcoyana”. El registro de la primera “Patente” Nro. 32.348, se efectuó en 1903, venciendo, finalmente, en el año 1936. Don Emilio Reynes, falleció en 1935, ya octogenario, y años más tarde, el 28 de junio de 1987, durante la gestión del entonces intendente municipal Dr. Carlos Francisco Dellepiane, se le impuso, justa y bien merecidamente, a la plaza de La Rica, su ilustre y glorioso nombre.

En la entrega número 9 , del mes de noviembre de 1975,  de la siempre recordada serie de fascículos “Crónicas del ayer chivilcoyano”, que se editó bajo la dirección del notable periodista, poeta y escritor José María Grange (1930 – 1992) y el destacado investigador y escritor local, Enzo Alfredo Balducci (1920 – 1986), encontramos un interesante e ilustrativo artículo – firmado por José María Grange -, que se titula: “¿Oyó hablar de la cosechadora de Reynes?, donde se reproducen distintos y atrayentes fragmentos de un folleto de índole autobiográfica, publicado por el propio Emilio Reynes, en 1933, el sin par inventor de la “cosechadora de maíz”. En uno de los párrafos, de la citada nota, José María Grange, puntualizaba: “¿Y quién fue este Reynes del invento inquietante? Seguramente muchos viejos chivilcoyanos lo han conocido o lo han tratado. Nosotros lo evocaremos, a través de la interpretación de un relato autobiográfico que publicó en 1933, al cumplir 80 años, y que a pesar de algunas incoherencias propias de la edad o de la vida de lucha y sinsabores que había sobrellevado, documenta en gran parte ese duro proceso que desembocó finalmente en la recolección mecánica del maíz. Había nacido en Francia y se autodefinía como librepensador, francmasón y liberal a ultranza”. En una de las páginas de aquel folleto, de dulces y nostálgicas  memorias, Don Emilio Reynes, subrayaba: “Por puro amor al progreso, he echado las bases de un lindo pueblito en La Rica, y todo con el solo pensamiento de ser útil a mi patria adoptiva. Con mi hija Clementina fuimos a vivir al campo de La Rica para preparar nuestra casa, el jardín, montes frutales, quinta, etc. Nos gustaba mucho aquella actividad sin trastornos; tenía alquilado el campo y los días y los meses transcurrían en la quietud. Se gastaba poco para vivir y se trabajaba gustoso”. Conmueven y emocionan, las sinceras palabras de Don Emilio Reynes, quien a los 80 años de edad, en la década de 1930, nos hablaba, con pasión y fervor del trabajo, la lucha, el esfuerzo, el desarrollo y el pujante progreso. Hoy, 90 años más tarde, en nuestra Argentina actual, de amplios y extendidos asistencialismos sociales, no puede decirse lo mismo… Don Emilio Reynes en ese folleto, remarcó también, que había construido una tercera cosechadora de maíz, hacia el año 1912. “De resultados satisfactorios, era una máquina muy buena, que fue premiada en el concurso de Casilda, provincia de Santa Fe”. La magnífica nota de José María Grange, culminaba con la reflexión siguiente: “Quién sabe dónde habrá ido a parar la vieja estructura de La Chivilcoyana. Quizá de aquellos afanes y desvelos de Don Emilio Reynes, el pionero francés de La Rica, haya quedado en algún remoto archivo el legajo correspondiente a la Patente de Invención Nro. 32.348, que venció en el año 1936. O quizá los desordenados apuntes que hemos transcripto sean todo lo que se pueda rescatar de aquel intento transformador del trabajo chivilcoyano”.

Décima a Don Emilio Reynes, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.

Auténtico y gran pionero, de la fuerza emprendedora; voluntad realizadora, espíritu verdadero. Con mi voz sentida, quiero recordar su fiel memoria, y al trazar su trayectoria, como un hombre laborioso, sé que su ejemplo glorioso, enalteció a nuestra historia.

 

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