Reflexión lunfarda: La frase: “Siempre pierde el que labura”, en el país del más de lo mismo…

La tan divulgada y muy repetida frase: “Siempre pierde el que labura”, desde hace un prolongado y apreciable tiempo, se ha extendido y generalizado, en el lenguaje cotidiano y coloquial, y en el más profundo y franco sentir, de la opinión pública y, de nuestra ciudadanía; queriendo significar con ello, la desalentadora y penosa situación, de todos aquellos que, luchan y trabajan, con pujanza, ahínco y un particular empeño, o de quienes, han trabajado, honrada y arduamente, a lo largo de su existencia, y finalmente, suelen verse perjudicados, vulnerados o lesionados, por disposiciones y medidas gubernativas, o ajustes, achicamientos y recortes presupuestarios, argumentando graves crisis económicas, notorios deficits, y manifiestos desequilibrios financieros. Sin duda alguna, la sabia y elocuente frase: “Siempre pierde el que labura”, se ha transformado, en un factor constante, dentro del contexto, de un país y una sociedad, donde infortunadamente, se agobia, oprime, aplasta, castiga y aniquila, a las personas buenas, honestas y trabajadoras, que con gran esfuerzo y múltiples sacrificios, bregan en favor, de la Patria nuestra, de cada día; y por otra parte, se premia, beneficia y favorece, a los holgazanes, ociosos, inescrupulosos, corruptos e inoperantes; los que “viven de arriba”; los que se enriquecen e incrementan sus patrimonios, de una manera ilícita; los que nada aportan y suman, en pro del bienestar de la comunidad, y los que carecen de calidad humana, trayectoria, obras, realizaciones  y, auténticos y verdaderos méritos individuales. El país, trucho y berreta, atado con alambre, y la sociedad, de consumo, indiferente y frívola,  desgraciadamente inmersos, en el tremendo y casi irreversible círculo vicioso, y en el “karma”,  del más de lo mismo, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho, de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inevitablemente siendo, “más de lo mismo…”. El país y la sociedad, de la verborrea, la abundancia de las meras y vanas palabras, las clásicas cortinas de humo, y la multiplicidad, de expresiones verbales, de orden televisivo; donde se hace, cada vez menos, nada, en definitiva, se resuelve y, a la postre, y en el final, de la rueda y el camino, se tiene y advierte, la amarga y muy penosa sensación, impresión o percepción, de que siempre “se termina perjudicando, y pierde, el hombre honrado y bueno, que labura…” Hoy, más que nunca, debemos recuperar o recobrar, los principios éticos, y los valores morales, patrióticos y espirituales, juntamente, con la cultura, la mentalidad y la conciencia del trabajo, el esfuerzo, el estudio y la enseñanza. Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el edificante y aleccionador testimonio, de nuestra conducta, y el buen ejemplo de vida; pues las personas, al igual que los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos… Únicamente, hay un sendero, para el futuro de la Argentina, el mejor porvenir, los sueños y la luminosa esperanza: Sólo, el camino de la Educación, la Honradez y el Trabajo, fomentando, promoviendo y estimulando, a los nobles y empeñosos trabajadores, para que así, pueda ganar, y nunca más pierda, el que labura…

Oración del laburante, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Yo te pido, che, Dios, sinceramente, con parola canyengue y siempre pura, que en un posta futuro, más sonriente, de verdad, ya no pierda el que labura… Yo te pido, por toda aquella gente fiel y honrada, que está en la mishiadura; y por tanto gilún – pobre inocente -, que la cincha, en la yeca, triste y dura… Yo te pido, che, Dios, y buen gomía, por quien yuga – bancando cada día -, como un burro incansable y un otario… Y que al fin – lungo anhelo palpitante -, pierda el chorro, y la gane el laburante, en un ispa fraterno y solidario.

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