Reflexión lunfarda del Año Nuevo

 

El inminente arribo, del nuevo año 2018, nos invita hoy, a reflexionar, de un modo serio y profundo, acerca de todo este tiempo, de doce meses últimos, ya transcurridos, y la imperiosa y primordial necesidad, de efectuar una suerte de evaluación o balance, respecto del año anterior, 2017. Reflexionar, sobre la importancia, de una nueva sociedad y un nuevo país, donde se recuperen, los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; como asimismo, la conciencia, la mentalidad y la  sagrada y fundamental cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza; promoviendo y fomentando, las virtudes del fraterno amor hacia el prójimo y cada uno de los semejantes, las humildad, la honradez, la nobleza, la justicia, la verdad, la rectitud, la generosa solidaridad y, la límpida transparencia. Reflexionar, de una manera honda y comprometida, para dejar de ser, en algún futuro, no muy lejano, la sociedad frívola, superficial e indiferente, y el país, trucho y berreta, atado con alambre, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inevitable e inexorablemente siendo, más de lo mismo… Reflexionar, de una forma auténtica y sentida, sobre la sociedad y el país, donde abundan las meras y vanas palabras, y están ausentes, las realizaciones concretas y valederas; donde los sucesos, por más trágicos que fueren, con ligereza y facilidad, pronto se olvidan (La desaparición del submarino Ara San Juan, y sus cuarenta y cuatro tripulantes, a bordo), y donde, infortunadamente, siempre suelen perder, las personas buenas, honestas y trabajadoras (Los modestos y anónimos laburantes), que forjan y construyen, la Patria nuestra, de cada día, y por el contrario, ganan, triunfan, y son beneficiados y favorecidos, quienes violan e infringen las leyes; los inoperantes, inescrupulosos y corruptos; los que “viven de arriba”; los que incrementan, por izquierda, sus patrimonios, y se enriquecen ilícitamente; los que carecen de reales y genuinos méritos, obras y trayectoria y, los que, en definitiva, nada le aportan o le suman al país y al contexto social y comunitario… Debemos predicar y sembrar, con el testimonio de nuestra conducta cotidiana, y el buen ejemplo, de la propia existencia, que representan y significan, mucho más, que miles y miles de fatuas e inútiles expresiones verbales, cortinas de humo, promesas incumplidas y vacías declaraciones televisivas… Debemos soñar un porvenir, esperanzado y luminoso, pero a partir de un único sendero posible: el camino de la educación, la honradez y el trabajo. Los hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus frutos, y en este mundo terreno, siempre terminamos cosechando, aquello que hemos sembrado…

Oración lunfarda del Año Nuevo, por Carlos Armando Costanzo fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Para el año que asoma, yo quisiera, con un cacho de embale y dinamismo, todo un ispa, de amor y de optimismo, onda piola y la pinta bien canchera. Quiero un ispa feliz, que haga bandera, sin más bronca, matufia ni egoísmo, donde aflore, el debute patriotismo, y haya unión fraternal, posta y sincera… Quiero un ispa, banana y siempre ufano, sin más chanta, malandra y negro afano, que la empuje, polenta, hacia delante… Y que lleno, de un kilo de pujanza, sea rincón, de justicia y esperanza, en favor del humilde laburante.

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