Reflexión lunfarda: Siempre pierde el que labura.

Dibujos e ilustraciones, de diferentes libros de lectura, de escuela primaria publicados a fines de la década de 1940.

La tan repetida y populariza expresión: “Siempre pierde el que labura”, constituye sin dudas, todo un auténtico y verdadero “Leitmotiv”, que se reitera, de una forma sostenida y constante, queriendo significar, la dramática y penosa situación, de aquella persona buena, honesta y trabajadora, que lucha, se esfuerza, persevera y, va construyendo, anónima y silenciosamente, el país cotidiano y la patria nuestra, de cada día; y sin embargo, por extraña, incalificable e infame contradicción y paradoja, termina siendo, la más castigada, agredida y perjudicada, víctima de las crisis y desequilibrios financieros, los ajustes y recortes económicos, los incrementos de precios y tarifas, las enormes presiones fiscales y las abrumadoras cargas, tributarias e impositivas. El ciudadano común, honrado y laborioso, en medio del contexto, de un país y una sociedad, donde infortunadamente, pierden aquellos que trabajan, y ganan, por otra parte, –  viéndose, totalmente beneficiados y favorecidos -,  los elementos improductivos, ociosos y parasitarios; los que viven de “arriba”, los que infringen y violan las normas y disposiciones legales, y los que, a través de tantos hechos, de dolosa defraudación y corruptela, suelen enriquecerse, de un modo sideral y exorbitante, ante el asombro y el estupor de la opinión pública argentina. El ciudadano común, que padece, jornada tras jornada, el país trucho y berreta, atado con alambre; el país del más de lo mismo; un negro y fatal círculo vicioso, y un obscuro y mortal laberinto sin salida, donde, por desgracia, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo, y todo, al final, concluye, inevitablemente siendo, más de lo mismo… Sin dudas, debemos recuperar, los principios éticos, y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, como asimismo, la conciencia, la mentalidad, el hábito y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la enseñanza y, los genuinos y reales méritos personales. Sin dudas, debemos predicar y sembrar, con un ejemplo aleccionador y edificante, pues los hombres como los árboles, se conocen y aprecian,  por sus propios frutos, y sin buenos ejemplos, modelos o paradigmas, todo se pierde y diluye, en vanas y meras palabras, y nada se consigue y logra… Sin dudas, debemos comprometernos, con una actitud de cambio genuino y verdadero, vislumbrado un porvenir luminoso y esperanzado; pues, para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo… Sin dudas, hay, únicamente, un sendero: El camino de la educación, la honradez y el trabajo.

Siempre pierde el que labura, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Escuchame, che, Dios, de posta gloria, lo que dentro del coco, me carbura: Siempre pierde, el salame que labura, como un triste y mistongo zanagoria. El que yuga – lo bate, la memoria -, sufre al mango, la yeca lunga y dura, con la cruz, de la fiera mishiadura, que resulta al final, la misma historia… Siempre pierde el chorlito, fiel y honrado, que la cincha, forfai y amasijado, por un morfi escasani, diariamente… Yo te pido, che, Dios, muy suplicante, que algún yorno, la gane el laburante, y lo manden en cana, al delincuente. Te lo pido, sin grupo ni rencores, en mi simple oración, de humilde otario, mientras sueño un futuro, con valores, más fratelo, más justo y solidario.

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