Los carnavales chivilcoyanos, de 1921 y 1926.

Potada de la revista porteña infantil Colibrí, en su Nº2, del mes de febrero de 1922.

Las tradicionales y clásicas carnestolendas o la jubilosa celebración de los carnavales, en honor del antiguo y venerado Dios Momo, representaron, sin lugar a dudas, todo un auténtico y verdadero emblema o símbolo, en la historia vecinal y popular y, en nuestros anales chivilcoyanos; engalanando y colmando, las calles, de la planta urbana, de la ciudad, con su gran bagaje de encanto, fantasía, ritmo, colorido, fascinación y claros y hermosos sueños… Hacia el año 1921, se llevaron a cabo, animados y muy concurridos corsos, en Chivilcoy, estableciéndose su correspondiente recorrido, a lo largo de las calles Pellegrini y Gobernador Arias (En la actualidad, Hipólito Yrigoyen), partiendo desde la plaza España, y culminando en la esquina, de la calle Gobernador Arias y Lamadrid. En el mes de enero, se hubo de realizar, en el despacho del entonces intendente municipal, Dr. Alejandro Osvaldo Suárez, una reunión de distintas figuras locales, a los efectos de constituir, la respectiva “Comisión de Corso”, de las fiestas de carnaval. Dicha comisión, estuvo presidida, por Don Carlos Zapiola Salvadores, e integrada, por el Dr. Eduardo Guerrero, José Feijóo, Felipe Lanfranco, Alejandro Suárez, Carlos Cánepa, Domingo Prévide, Olegario Santamaría y Pedro Mujica. Se procedió a la contratación, del servicio de alumbrado eléctrico, a la Usina, de nuestra ciudad, como así también, de la banda de música, del maestro Giacobe; estableciéndose que, las ganancias y beneficios obtenidos, habrían de distribuirse, en favor del Hospital Municipal de Chivilcoy, el Patronato de la Infancia y el Asilo San Pascual, el cual, había sido fundado y organizado, por Sor Clarisa Villaamil, a fines de la década de 1890. Los festejos, hubieron de comenzar, el sábado 5 de febrero de 1921, cuando se desarrolló, una magnífico “Baile de Oro” – tenía esa denominación, por los trajes y vestidos, de color amarillo, de las jóvenes concurrentes -, para recaudar fondos dinerarios, destinados al Patronato de la Infancia. Durante el desarrollo de los corsos, se presentaron, la comparsa “Los blancos arlequines”, una murga, y una significativa cantidad de automóviles, vehículos y carruajes, ornamentados con guirnaldas y otros atractivos adornos. Se utilizaron, para los juegos carnavalescos, ramitos de flores y serpentinas, y en el final de los corsos, la comisión oficial, hubo de otorgar diferentes premios, en el rubro de “Carruajes”, “Automóviles”, “Máscaras” y “Comparsas”.

Cinco años más tarde, en 1926, durante la gestión municipal, de Don José Schiaffino, se realizaron los singulares carnavales lugareños, determinándose, de una manera expresa, el recorrido de los corsos: por la avenida Soarez, hasta la calle Bouchardo, y en derredor de la plaza principal, 25 de Mayo, con una entrada o acceso, a través de la esquina, de la calle 9 de Julio y la avenida Villarino. Hubieron de instalarse, unos noventa y cuatro palcos, ocupados, por distinguidas familias, de nuestro medio, y en el desarrollo de los corsos, participaron algunas comparsas, como “Los momentáneos”, “Todos o ninguno” y “La perla brillante”; un buen número de máscaras y distintas personas, luciendo sus disfraces de “cocoliches” y de “gauchos”. En ese año, los corsos chivilcoyanos, tuvieron, lamentablemente, un cariz sangriento y trágico, a raíz de varios incidentes callejeros, con un triste saldo de dos muertos: Gregorio Honorio Báez y Juan Martínez, y varios heridos, de diversa consideración.

Los carnavales de antaño, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.

Carnavales de antaño, algarabía, del sentir popular, más bullanguero, y expresión del espíritu murguero, que en el alma perdura, todavía… Carnavales de antaño, fantasía, con su ritmo y su acento verdadero; el disfraz, el adorno callejero, la comparsa, el encanto y la alegría… Carnavales del bello colorido, todo el corso y un largo recorrido, magia, flores, papel y serpentina… Vieja estampa de ayer, que se ha quedado, en el álbum romántico y soñado, de la auténtica historia pueblerina.

 

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