Reflexión lunfarda: Predicar con el buen ejemplo, en el país del más de lo mismo…

Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal, a la edad de 11 años, recitando un poema, en el acto de imposición del nombre de “Patagonia Argentina”, a la Escuela primaria Nro. 65, el 21 de noviembre de 1970. A lo largo y a través de su vida, Carlos Armando Costanzo, siempre ha intentado, como primordial objetivo, predicar, sencilla y humildemente, con su modesto ejemplo de vocación poética, histórica y creativa, actitud de servicio, trabajo, perseverancia y honradez. Un ejemplo, vale mucho más, que miles y millones de estériles y vanas palabras… Sólo importan, las obras y los resultados concretos y positivos… Los hombres, al igual que los árboles, se conocen por sus propios frutos.

Debemos, ante todo, predicar y sembrar, con el buen ejemplo, las obras y el testimonio de nuestra conducta. Sin ejemplo, lo que digamos o expresemos, verbalmente, no representa nada, ni sirve para nada…

La página reflexiva de la fecha, la destinaremos a remarcar y subrayar, la fundamental y tan estimable importancia, del buen ejemplo, aleccionador y edificante, y el muy elocuente y claro testimonio, de la recta y proba conducta. Debemos predicar y sembrar, ante todo y frente a todo, con el ejemplo, que sin dudas, representa y significa mucho más, que miles y miles de meras e inútiles palabras, o expresiones verbales, fatuas y superfluas, carentes de entidad, asidero, trascendencia y real contenido. Debemos predicar y sembrar, con el ejemplo, exhibiendo, ante los demás, nuestras obras, tangibles y concretas, y un conjunto de hechos valederos y resultados positivos. Debemos predicar y sembrar, con el ejemplo, pues, solamente, de esa forma, gozaremos de autoridad moral y de ascendiente ético. Debemos predicar y sembrar, con el ejemplo, porque los hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos, como bien lo puntualizaba Jesús, en la maravillosa y admirable doctrina, de su fraterno y bello Evangelio; ese Jesús, Divino Maestro y Salvador, quien, para dar el mejor ejemplo, lavó los pies de los apóstoles, aquella simbólica y memorable noche, de la Última Cena… Debemos predicar y sembrar, con el ejemplo, a pesar de los escollos, contratiempos, sinsabores, angustias, penurias y dificultades, inherentes a un tiempo, en el que, abundan y se multiplican, precisamente, como antítesis o antinomia, los malos y deleznables ejemplos, de la corrupción, las ambiciones desmedidas, el lujo y la ostentación, las injusticias y mentiras, las desigualdades sociales, la ausencia de equidad, los odios y rencores, las envidias y egoísmos, los arribistas, oportunistas y advenedizos, los pillos y deshonestos y,  las vilezas y mezquinas y miserables ruindades humanas… Debemos predicar y sembrar, con el ejemplo, en el obscuro y triste contexto, del país y la sociedad, del más de lo mismo, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho, de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo, y, todo termina siendo, inevitable e inexorablemente, más de lo mismo… Si las autoridades gubernativas, no predican con el ejemplo; si los funcionarios y legisladores, no predican con el ejemplo; si los jueces y magistrados, no predican con el ejemplo; si los policías, no predican con el ejemplo:  si los maestros y profesores, no predican con el ejemplo; si los sacerdotes, no predican con el ejemplo; si los empresarios y comerciantes, no predican con el ejemplo; si los profesionales, en las más diversas áreas y ramas, no predican con el ejemplo; si los periodistas, no predican con el ejemplo; si los ciudadanos anónimos y la gente, no predican con el ejemplo; sin lugar a dudas, seguiremos inmersos o sumergidos, en el negro y profundo círculo vicioso del “más de lo mismo”, y nunca habrá de cambiar o modificarse nada… No podemos esperar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo… Debemos recuperar los principios y valores, la virtud de la verdad, y la esencial y sagrada cultura del trabajo, predicando y sembrando con el buen ejemplo. Un ejemplo, aleccionador y edificante, vale más que miles y millones de palabras… Solamente, con el buen ejemplo, y no con las palabras, una persona puede ganarse el respeto y la consideración, de sus semejantes. Sin buenos ejemplos, una sociedad y un país, no tienen futuro, esperanza ni destino, y lo que realicemos, no sirve absolutamente, de nada ni para nada…

Predicar con el ejemplo, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Predicá con el ejemplo, desde el mate hasta los pies; un ejemplo macanudo, de laburo y honradez. Predicá con el ejemplo, – hoy, te lo quiero batir -, y grabate en la piojera, el buen camino, a seguir. Predicá con la parola, siempre debute y cordial, el chamuyo de consuelo, y tu gesto fraternal. Predicá con tu hondo embale, y tu entusiasmo mejor; una sonrisa chipola, y un cacho posta de amor. Predicá con todo un cuore, de cariño y de bondad; la entrega, lunga y sincera, la más mistonga humildad… Predicá con la alegría, – sin bajonearte, chabón -, y bociná el optimismo, junto a un kilo de ilusión. Predicá con el trabajo, – cinchando, sin arrugar -, lejos de tantas matufias, y las ganas de afanar… Predicá, sin agachadas, tramoyas, grupo y maldad; para que triunfen, che, ñato, la justicia y la verdad. Predicá, yorno tras yorno, en la yeca y el bulín, con una voz guapa y piola, que no tenga nunca fin… Y predicá con tu vida, – flor de lucha y sencillez -, un ejemplo bien polenta, de laburo y honradez.

 

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