Reflexión lunfarda: La virtud de la humildad, en el país de las vanidades…

La sublime y bella virtud de la humildad, constituye también, un tema de reflexión y análisis, de la cálida y expresiva voz lunfardesca, remarcando y subrayando, la alta dimensión y la magnitud, de esta preciada cualidad humana, que refleja y evidencia, por sobre todo, la profundidad interior y la grandeza espiritual, de cada individuo. La entrañable virtud de la humildad – la más cristiana y genuina, de las virtudes evangélicas -, que nos recuerda, precisamente, las palabras de Jesús, el Divino Maestro, cuando puntualizaba: “Bienaventurados los mansos y humildes, porque ellos poseerán la tierra”, “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales, es el Reino de los Cielos. Os aseguro que, si nos os convertís, en niños humildes, no heredaréis el Reino de Dios”, y “El mayor, es aquel que se humilla y sirve a sus semejantes”. Ese Jesús, Redentor del mundo, que en la histórica y memorables noche de la “Última Cena”, de rodillas, con una vasija de agua y una toalla, hubo de lavar los pies, de cada uno de sus apóstoles, como prueba y cabal testimonio de una extraordinaria y suprema humildad. La virtud de la humildad, en medio del contexto, ciertamente, triste y deplorable, de un país y una sociedad, donde suelen imperar y prevalecer, la soberbia, los gestos y actitudes de engreimiento y arrogancia, la cruel indiferencia, los odios y rencores, las antinomias, el infame desdén o desprecio, por el otro, la abyecta mezquindad y, el indigno y vil individualismo egoísta. La virtud de la humildad, dentro de los ámbitos y la esfera, de un país y una sociedad, en los que se imponen, las más variadas formas del orgullo, la superflua frivolidad, la absoluta pavada, la apariencia farandulera y una larga y casi inagotable multiplicidad, de frágiles y fugaces vanidades; olvidando, seguramente, las sabias palabras de Tomás de Kempis, en su maravilloso libro “Imitación de Cristo”: “Sic transit gloria mundi”, así, rápidamente pasa, la gloria del mundo… Hoy, más que nunca, debemos recobrar o recuperar los principios éticos y los valores morales y humanos, como asimismo, la sagrada cultura y la conciencia del trabajo, el esfuerzo, el estudio y la enseñanza, y las hermosas virtudes de la humildad, el amor hacia el prójimo, la nobleza, la rectitud, la honradez, la solidaridad, la entrega generosa, la justicia, la verdad y la transparencia… Los hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos; sólo importan las obras, reales y concretas, con resultados tangibles y positivos, por encima de las meras y fútiles expresiones verbales, carentes de cualquier significación y contenido… La única senda posible, para el porvenir venturoso y el engrandecimiento de la Patria, es el camino de la Educación, la Honradez y el Trabajo…

La humildad, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

 Che, Señor, yo de pido, de movida, de este modo mistongo y muy ufano, la humildad, frente a cada posta hermano, y a través del laburo de mi vida. Humildad, macanuda y florecida, que de un modo fetén, tienda la mano, siempre lejos, del curro y el afano, la careta y la acción tan engrupida… Che, Señor, yo te pido en mi parola, la humildad, solidaria y bien chipola, con un cacho de amor y mucha paz… Y que pueda sentirme, el pibe bueno, del servicio y el cuore, puro y pleno, que se brinda, pulenta, a los demás.

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