Creación del Partido bonaerense de Chivilcoy, por Juan Manuel de Rosas (1845).

img_2129El 28 de diciembre de 1845, mediante el decreto Nro. 1844, del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, brigadier general Don Juan Manuel de Rosas, se procedió a la feliz y auspiciosa creación del Partido bonaerense de Chivilcoy; conformándose así, un nuevo distrito, y otorgándole, una merecida autonomía territorial, a esta inmensa superficie, de verde y fértil llanura, que hasta ese momento, dependía de la antigua y tradicional Guardia de Luján. Otro decreto, fechado el 29 de diciembre de 1845, hubo de designar a Don Lázaro José Molina, como primer Juez de Paz, del Partido. Tiempo más tarde, la extensión original del distrito, se redujo, para posibilitar la constitución de otros partidos: el de Bragado, en 1852, el de Chacabuco, en 1865, y el de Alberti, en el año 1910. El Partido de Chivilcoy, comprende un amplio territorio, de unos 2.076 kilómetros cuadrados; hallándose integrado por la ciudad cabecera, y diez localidades rurales o de campaña: Moquehuá, La Rica, Ayarza, San Sebastián, Ramón Biaus, Benítez, Palemón Huergo, Gorostiaga, Henry Bell e Indacochea. Nuestro distrito, tiene sus límites respectivos, con los partidos de Suipacha, Navarro, Chacabuco, 25 de Mayo y Alberti. Dentro del concierto geográfico y político, de la vida provincial, con una sostenida y fecunda existencia, se levanta, entonces, el distrito de Chivilcoy, que en la región del oeste bonaerense, es todo un relevante y glorioso hito de trabajo, pujanza, desarrollo y, venturoso y admirable progreso; un distrito que, sueña la esperanza, y construye, día tras día, un mejor y más grande futuro.

Décimas al Partido de Chivilcoy, por Carlos Armando Costanzo.

Con un afán encendido, y una raíz, noble y pura, en medio de la llanura, surgió así, nuestro Partido, y cumpliendo un recorrido de trabajo tesonero, supo trazar un sendero, pleno de dicha y grandeza, impulso, fibra, entereza, y progreso verdadero. Por un decreto de Rosas, que marcó su nacimiento, brotó, de pronto, su aliento, y sus manos laboriosas, levantaron, vigorosas, una región palpitante, que marchando hacia delante, – todo un logro, claro y cierto -, hizo de aquel gris desierto, un pueblo firme y pujante. En diciembre, y ya al final, del año cuarenta y cinco, con fe, decisión y ahínco, de una manera cabal, un documento oficial, determinó, expresamente, que ese distrito naciente, se llamara “Chivilcoy”, fértil terruño, que es hoy, una ciudad floreciente. Los primeros pobladores, la pampa y los rancheríos, coraje, fervor y bríos, de recios agricultores. Hombres siempre luchadores, llenos de enorme confianza, que soñando la bonanza, con surcos, palas y arados, forjaron, ilusionados, un porvenir de esperanza. Despertemos la memoria, de esta fecha trascendente, y de un modo permanente, rindamos culto a la historia; sigamos la trayectoria, del tiempo, que ha transcurrido, y venciendo al triste olvido, evoquemos la creación, la esencia y la tradición, de nuestro hermoso Partido. Zona próspera y activa, de espíritu hospitalario, los campos y el vecindario, una fuerza intensa y viva; con el alma sensitiva, por sus caminos, yo voy, y dulcemente, aquí estoy, cantándole a su belleza: Suelo de paz y riqueza, Partido de Chivilcoy.

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