Desaparición de la Escuela Nro. 4 “Manuel Villarino”, de Chivilcoy (2007).

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Escuela primaria Nº 4 «Manuel Villarino», fundada el 1 de julio de 1868, y desaparecida, a comienzos del año 2007.

A comienzos del año 2007, se registró la clausura y la inexorable desaparición, de la siempre recordada Escuela primaria Nro. 4 “Manuel Villarino”, la cual, supo cumplir y desarrollar, una sostenida y fecunda trayectoria pedagógica, de muchas décadas, al entero servicio de la enseñanza y la niñez, de nuestra ciudad; remontándose, sus lejanos e históricos orígenes, a los gloriosos tiempos fundacionales, poco antes del nacimiento de Chivilcoy, como centro de población, aquel memorable 22 de octubre de 1854. En efecto, la profunda y genuina raíz educativa, de la Escuela Nro. 4, surgió con la presencia de la abnegada y laboriosa maestra, Doña Eustaquia Sánchez de Aramburu, quien poseía, en medio de la verde y tan desolada llanura, de esta región geográfica del oeste bonaerense, un humilde establecimiento, de instrucción pública, que era de carácter particular; impartiendo, diariamente, sus clases y lecciones, en un humilde y modesto rancho, al que acudían, en búsqueda de formación intelectual y conocimientos, distintos habitantes, de esa zona rural.

Hacia el año 1857, cuando Domingo Faustino Sarmiento, visitó a Chivilcoy, en oportunidad de la solemne inauguración, de la primitiva capilla del pueblo, hubo de informarse, acerca de la valiosa obra, de Doña Eustaquia Sánchez de Aramburu, e interesándose, auténtica y sinceramente, por su esforzada labor, gratuita o “Ad Honorem”, logró que se le adjudicase, a esta mujer, una justa y bien merecida remuneración pecuniaria. Al llevarse a cabo, la organización del sistema educacional, bajo la órbita de las municipalidades, el 1 de julio de 1868, la escuelita privada, de Doña Eustaquia Sánchez de Aramburu – una de las más ilustres pioneras o precursoras, de la docencia chivilcoyana -, ingresó a la esfera de la comuna, con el nombre de Escuela Infantil. Posteriormente, al transferirse el citado sistema educativo, desde los municipios, a la jurisdicción de la provincia de Buenos Aires, se le asignó el número 4. El destacado y prestigioso historiador chivilcoyano, ingeniero Mauricio Birabent (1905 – 1982), en el capítulo III “La fundación y vida inicial”, de su recordado libro “El Pueblo de Sarmiento”, nos puntualiza: “Antes de organizarse oficialmente, la educación primaria en el partido, ya existía quien, más humildemente aún, pero no con menos eficacia, enseñaba a los niños y a los grandes, los misterios de las primeras letras. Desde muy lejos, llegaban los educandos, al rancho de Eustaquia Sánchez (1853), y allí, en un saloncito habilitado para escuela, los inocentes niños y los paisanos de rudos dedos, aprendían a trazar, unos tras otros, los signos del abecedario o los rasgos de los números. Casóse Doña Eustaquia Sánchez, con un vecino Aramburu, hijo de un colono, constituyendo el núcleo troncal, de una tradicional familia chivilcoyana. La escuelita, prosiguió funcionando, hasta que pasó a depender de la municipalidad, siempre bajo la dirección de la fundadora”.

En un comienzo, la Escuela funcionó, en un precario inmueble, hasta que, a principios del siglo XX, durante la gestión del dirigente político y ex intendente municipal, Don Vicente Domingo Loveira (1853 – 1933), se construyó su actual inmueble, sito en la intersección de la avenida Villarino y la calle Saavedra. El estilo arquitectónico, es muy similar a otras escuelas: la Nro. 3 “Dr. Nicolás Avellaneda”, la Nro. 8 “General Manuel Belgrano” y la Nro. 8 “Dr. Mariano Moreno”, levantadas, en esa misma época. En la parte superior, del frente o la fachada, puede observarse una estatua, que simboliza la educación; magnífica realización escultórica, de una digna y apreciable belleza artística. A la Escuela, se le impuso el ilustre nombre, de Don Manuel Villarino, en honor a la relevante figura, del insigne fundador y propulsor, de nuestra ciudad, autor del trazado o el diseño urbano, en 1855. Don Manuel Antonio del Carmen Villarino, había nacido, el 17 de junio de 1815, y falleció, el 25 de enero de 1868; el mismo año, en que, la tierna y candorosa escuelita particular, de Doña Eustaquia Sánchez, hubo de convertirse en pública, pasando al ámbito, del municipio de Chivilcoy. En 1907, de acuerdo con la información suministrada, por la Guía Aramburú – amplio panorama, de la ciudad y del distrito, que editó el agente judicial y comercial, Justo Aramburú -, ejercía la dirección, de la Escuela primaria Nro. 4, la docente, Indalecia Ramírez; desempeñándose, como maestras, de primer y segundo grado, respectivamente, las educacionistas, Elena Caprile e Isabel F. de Ocampo. A través, de un prolongado y rico itinerario, de una fiel y perseverante actividad pedagógica, por las aulas de la Escuela Nro. 4, desfiló, una estimable cantidad de docentes y de alumnos; quienes enarbolaron, jornada tras jornada, la bandera del saber, el sentimiento patriótico, los mejores sueños e ilusiones, y la mayor esperanza, de un futuro promisorio, y una Patria justa, feliz y progresista.

El fundador y director-organizador, del Archivo Literario Municipal, Carlos Armando Costanzo, cuando cursaba, el primer grado inferior, en dicho establecimiento educativo, junto a su maestra, la querida e inolvidable docente, Elsa Fragapane de Cabral, fallecida en 2004. (Año 1965).

Carlos Armando Costanzo, cuando cursaba, el primer grado inferior, en la Escuela primaria Nº 4 «Manuel Villarino» (Año 1965).


A la Escuela Nro. 4 “Manuel Villarino (1868 – 2007), por Carlos Armando Costanzo, ex alumno de dicho establecimiento, en primer grado inferior (1965) y primer grado superior (1966), a cargo de la imborrable educacionista, Elsa Fragapane de Cabral.

Hoy, te recuerdo, casi en lejanía, con toda tu humildad y tu dulzura; tu barrio, tu ilusión, tu mano pura, tu gesto maternal y tu alegría. Hoy, te recuerdo, llena de poesía, con tu bondad, tus voces, tu ternura; tu cielo de maestras y blancura, tu amor, que mi alma niña, presentía… Recuerdo sí, el salón, el banco diario, el patio, el mástil fiel y el escenario, los sueños, la inocencia y la fragancia… y sé, que aunque no dejes ni una estela, por siempre seguirás, siendo la escuela, la escuela inolvidable, de mi infancia.