El Día del Amigo y la llegada del Hombre a la Luna. Adolfo Santamaría, corresponsal de Chivilcoy, en los Estados Unidos (1969).

El 20 de julio, se celebra el “Día del Amigo”, una fecha que se instituyó, por una acertada y feliz iniciativa del destacado y prestigioso odontólogo, músico y profesor de psicología, historia y filosofía, Dr. Enrique Ernesto Febbraro, polifacética y notable personalidad argentina, quien nació en el barrio porteño de San Cristóbal, en 1924; residió durante varias décadas, en la ciudad bonaerense de Lomas de Zamora – declarada, mediante sus plausibles inquietudes, “Capital provincial de la Amistad” -; fundó la Asociación Mundial para el Entendimiento, y fue miembro activo del Rotary Club, visitando Chivilcoy, hace ya, muchos años. Dicha iniciativa, del Dr. Febbraro, surgió en virtud de la histórica y trascendental llegada del Hombre a la Luna, aquel crucial y memorable domingo 20 de julio de 1969; un acontecimiento de gigantesca dimensión, y una colosal hazaña, en los anales de la humanidad. Al fundamentar esta simpática idea, el mismo Dr. Febbraro, manifestó que: “El suceso causó una conmoción en todo el mundo, y todos acompañamos esa proeza del Hombre, a través de las pantallas de televisión. Desde la Tierra, se experimentó una profunda sensación de solidaridad, todos nos sentimos amigos de los que estaban distantes. Aunque fue un hecho científico alucinante, nadie puede quitarle su mérito poético. Ese día, 20 de julio, todo el mundo estuvo unido, pendiente de la suerte de los tres astronautas estadounidenses, Neil Armstrong, Edwin Buzz Aldrin y Michael Collins. Fuimos sus amigos, y ellos, amigos del Universo”. El Dr. Febbraro, hubo de enviar, desde su consultorio, en Lomas de Zamora, unas 1000 correspondencias o cartas, a unos 100 países, conteniendo, la interesante y ponderable propuesta, y en breve tiempo, recibió unas 700 respuestas afirmativas, de franca adhesión y apoyo, a la iniciativa. El eco favorable, y la amplia y particular resonancia, en diferentes naciones, posibilitó de esa manera, la instauración del “Día Internacional del Amigo”. En lo que respecta a nuestra ciudad, como dato curioso y anecdótico, subrayemos que, el chivilcoyano Adolfo Antonio Santamaría, estuvo presente, en los Estados Unidos, dentro del área del Cabo Cañaveral, cuando se efectuó el lanzamiento del cohete, de la nave Apolo – 11. Lo hizo, en calidad de corresponsal del matutino “La Voz de Chivilcoy”, órgano gráfico e informativo, local, que se había fundado el 2 de diciembre de 1968, y se encontraba bajo la dirección del caracterizado y prestigioso escritor, periodista y docente, Diego Bernabé Rositto. Después de su regreso, a la Argentina, y a nuestra ciudad, Adolfo Santamaría, realizó un pormenorizado e interesante relato de sus atentas observaciones, su impresión y su extraordinaria experiencia, allí, en los Estados Unidos, como testigo de tan monumental acontecimiento. Los citados comentarios, hubieron de publicarse en la edición Nro. 185, del diario “La Voz de Chivilcoy”, del lunes 28 de julio de 1969. Alguien escribió, en una oportunidad, que, ”a los amigos, se los debe contar dos veces: En las buenas, para saber cuántos son, y en las malas, para saber cuántos quedan”. Reivindiquemos, de una forma digna y justiciera, el valor, el sentido y la importancia de la amistad, esa amistad, auténtica, leal y generosa, que ennoblece y enaltece, la vida, la esencia espiritual y el corazón de todos los seres humanos.

El amigo inolvidable, soneto lunfardesco, de Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo.

Vos sí, que fuiste, gordo, un gran gomía, un gomía pulenta y verdadero, con tu afecto debute y más sincero, tu parola y tu posta compañía. Vos sí, que me bancaste, cada día, de un modo macanudo y duradero, con tu lungo consejo, bien canchero, y tu entrega, sin bronca o fulería… Vos sí, que desafiando hasta las balas, estuviste en las buenas y en las malas, forte y fiel, como acero inoxidable… Y hoy, chabón, que ando en busca de tus pasos, quiero darte el mejor de los abrazos, por gomía cabal e inolvidable.

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