Tres gloriosas figuras fundacionales, en la historia de Chivilcoy: Don Federico Soarez, Don Manuel Villarino y Don Valentín Fernández Coria.

Compartir

Recordamos hoy, a tres significativas y relevantes figuras, de los claros y heroicos tiempos fundacionales, de nuestra ciudad, las cuales, de un modo elocuente y manifiesto, contribuyeron al desarrollo, el crecimiento y el progreso de Chivilcoy, en sus arduos y esforzados comienzos, de tenaz y pujante pueblo agrícola, de la región geográfica oeste, del territorio de la provincia de Buenos Aires.

Retrato de Don Federico Soarez, ex Juez de Paz, de nuestro partido de Chivilcoy, y presidente de la comisión de vecinos, que fundara nuestra ciudad, aquel histórico y memorable, domingo 22 de octubre de 1854. De origen uruguayo, había nacido, en 1811, y falleció el 24 de marzo de 1890. Sus restos, descansan, en el cementerio porteño de La Recoleta.

Don Federico Soarez (1811 – 1890).

Don Federico Soarez, nació en la hermana República Oriental del Uruguay, hacia el año 1811, y en el mes de noviembre de 1842, cuando esta zona dependía de la antigua Guardia de Luján, hubo de establecerse, en la costa de Las Saladas, abriendo las puertas de una “Pulpería y casa de trato”, en terrenos pertenecientes a Doña Bernarda Gorostiaga. Tiempo más tarde, se lo designó, teniente alcalde, con posterioridad, alcalde, y finalmente, Juez de Paz, de nuestro partido de Chivilcoy; caracterizándose por su espíritu ecuánime, su rectitud moral, su nobleza y, su ejemplar honradez. Hubo de presidir, la comisión de vecinos, que determinó la auspiciosa y promisoria fundación, de nuestra ciudad, aquel histórico y memorable domingo 22 de octubre de 1854. Falleció en Buenos Aires, el 24 de marzo de 1890, y sus restos, descansan en la bóveda, del general Miguel Estanislao Soler, en el cementerio porteño de La Recoleta. En el mes de noviembre de 1895, el Honorable Concejo Deliberante, le impuso su ilustre nombre, a unas de las principales avenidas de Chivilcoy.

Soneto a Don Federico Soarez, por Carlos Armando Costanzo.

Imagino su erguida y recia estampa, de uruguayo viril y de pionero. Se afincó en la Salada, fue pulpero, y después, un bastión sobre la pampa. Imagino su erguida y recia estampa, fortaleza, valor, temple de acero. Sangre criolla y espíritu sincero. Alma y nervio de pingo, toro y guampa… Poblador de un histórico pasado. Juez de Paz, bien ecuánime y honrado, en un tiempo de chacras y de potros… Corazón paternal, fe luchadora, su entrañable presencia fundadora, se quedó para siempre, entre nosotros.

Retrato de Don Manuel Antonio del Carmen Villarino, autor del trazado de Chivilcoy, que se aprobó, el 20 de julio de 1855. De origen porteño, había nacido, el 17 de junio de 1815, y falleció, en Buenos Aires, víctima de una cruel e implacable epidemia de cólera, el 25 de enero de 1868. Sus restos, infortunadamente, se perdieron…

Don Manuel Villarino (1815 – 1868).

Don Manuel Antonio del Carmen Villarino, nació en Buenos Aires, en el hogar de Don Francisco Villarino y Doña Teresa Fernández, el 17 de junio de 1815, y hubo de transcurrir, la etapa de su infancia y adolescencia  en la estancia de sus padres, ubicada en las costas de Samborombón, dentro del partido bonaerense de Magdalena. Luego, en los románticos y soñadores años de su juventud, adquirió una apreciable superficie de tierra, en el distrito de Azul, y hacia el año 1839, participó en el movimiento revolucionario de “Los Libres del Sud”, contra el gobierno de Don Juan Manuel de Rosas, junto a Castelli, Rico y Cramer, siendo secretario y ayudante, de este último. Fracasada dicha revolución, fue inmediatamente detenido, y poco después, recuperó la ansiada libertad, exiliándose, en la vecina República Oriental del Uruguay. Allí, en Montevideo, hubo de arrendar un saladero, instalando una próspera industria jabonera, y además, contrajo matrimonio, con la señorita Mariana Sapido, perteneciente a la respetable familia, del coronel Sapido, notable prócer, de la independencia uruguaya. Fallecida, de una manera prematura, su querida esposa; en 1844, resolvió retornar a la Argentina y a Buenos Aires, y a principios de la década de 1850, se estableció en nuestra región geográfica de Chivilcoy, gracias a la generosa ayuda y la colaboración, del hacendado lugareño, Don Diego White, quien hubo de habilitarlo, con un capital de unos 60.000 pesos. Hombre de inteligencia y talento, múltiples iniciativas e inquietudes, sólida formación intelectual y cultural y, auténticas y profundas inclinaciones artísticas, hacia la música y la poesía, Don Manuel Villarino, participó en la histórica jornada fundacional, del domingo 22 de octubre de 1854, como miembro de la comisión de vecinos, y redactó, de puño y letra, la tan valiosa y preciada acta de nacimiento, de Chivilcoy. Asimismo, merced a sus muy estimables conocimientos de agrimensura, llevó a cabo, la simétrica y perfecta traza, de nuestra ciudad, en forma de damero, aprobada por el Superior Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, el 20 de julio de 1855. Fue elegido diputado, en la Legislatura bonaerense, pero rechazó la citada banca, con un espontáneo gesto y una franca actitud, de sinceridad y honestidad, argumentando que, dicho cargo, significaba para él, “un sacrificio de esfuerzos, de estudio y de dinero”. Don Manuel Antonio del Carmen Villarino, falleció en Buenos Aires, a los 52 años de edad, víctima de una cruel e implacable epidemia de cólera, el 25 de enero de 1868, y sus restos, inhumados en el cementerio de La Recoleta, no pudieron ser identificados, e infortunadamente, se perdieron, no obstante, las intensas pesquisas e investigaciones realizadas. En el mes de noviembre de 1895, a través de una ordenanza del Honorable Concejo Deliberante local, se le impuso su importante nombre, a una de las principales avenidas, de Chivilcoy. Además, la Escuela primaria Nro. 4, fundada en 1868, y desaparecida, en el año 2007, llevaba la honrosa denominación de «Manuel Villarino».

Soneto a Don Manuel Villarino, por Carlos Armando Costanzo.

Llegó un día, a las tierras del Salado, con afán de horizonte y aventura. Se hizo amigo del agua y la llanura, el trigal, las cañadas y el sembrado. Hombre culto, valiente y abnegado, voluntad, decisión, fibra y dulzura; amó tanto, el placer de la lectura, como el surco, la pala y el arado… Fundador de mi pueblo, gran pionero. Visionario tenaz, Mojón primero, que del noble progreso, abrió el camino… El paisaje conserva su memoria, mientras se alza, a la luz de nuestra historia, el ejemplo cabal de Villarino.

Retrato de Don Valentin Fernández Coria, quien clavó, la simbólica pala fundadora, aquel histórico domingo 22 de octubre de 1854. Ex Juez de Paz, y presidente de la Corporación Municipal, había nacido, en la vecina ciudad de Luján, el 16 de diciembre de 1821, y falleció en Chivilcoy, el 23 de septiembre de 1897.

Don Valentín Fernández Coria (1821 – 1897).

Don Valentín Fernández Coria, nació en la vecina ciudad de Luján, el 16 de diciembre de 1821, en el hogar de Don José Fernández Coria y de Doña Isidora González. Destacado y singular protagonista, de aquella histórica gesta fundacional, del domingo 22 de octubre de 1854, cuando nació, en medio de la verde y fértil llanura bonaerense, el tenaz y progresista pueblo de Chivilcoy, convertido en “Ciudad”, el 27 de agosto de 1892; Don Valentín Fernández Coria, hubo de clavar en tierra firme, la simbólica y memorable pala, en el mismo lugar, donde hoy, se encuentra, la estatua de Clío, la Musa de la Historia, en la plaza principal, 25 de Mayo, frente al Palacio Municipal. Hombre honesto y laborioso, de bien arraigados valores y principios morales, fue Juez de Paz, del distrito, y miembro integrante y presidente, de la Corporación, de la comuna, durante los años, 1858, 1859 y 1860. Además, desde 1888, hasta su fallecimiento, cumplió funciones, de agente municipal. Contrajo, el 6 de noviembre de 1845, un primer matrimonio, con Doña Celedonia Córdoba, fallecida en 1872, y segundas nupcias, con Doña Norberta Garay, el 8 de febrero de 1875. De la primera unión, nacieron siete hijos: cuatro varones y tres mujeres, y de la segunda, dos hijos: una mujer y un varón. Don Valentín Fernández Coria, dejó de existir, a los 75 años de edad, el 23 de septiembre de 1897. Residía, en un inmueble, de la calle Moreno Nro. 278, en cuyo frente, hubo de colocarse una placa recordativa, en el mes de septiembre de 2013. En 1997, con motivo de conmemorarse el centenario de su muerte, el conocido y destacado investigador del pasado lugareño, escritor, poeta, artista plástico y docente, procurador Dr. Juan Antonio Larrea, editó el volumen “Apuntes biográficos sobre Valentín Fernández Coria”, una minuciosa e ilustrativa semblanza, de esta ilustre figura fundacional, de nuestra ciudad. Asimismo, el 23 de septiembre, de ese año 1997, se inauguró, en el cementerio municipal, un monolito evocativo, donde descansan sus restos. En la parte superior, del citado monolito, puede observarse un busto, de Don Valentín Fernández Coria; magnífica pieza escultórica, que llevó a cabo, Juan Antonio Larrea. Una calle de nuestra ciudad la Nro. 70; el Centro de Formación Profesional Nro. 901, y la Escuela Agraria, de Chivilcoy, llevan su popularizado e inolvidable nombre.

Soneto a Don Valentín Fernández Coria, por Carlos Armando Costanzo.

Criollo fuerte, cabal y vigoroso, yo levanto del tiempo, su memoria, e imagino su dura trayectoria, de pionero tenaz y laborioso. Fundador de trigales, ahora esbozo, su figura, que emerge de la historia, con los surcos, la espiga promisoria, las aguadas y el monte rumoroso… Temple, bríos, acción, poncho y pañuelo, una pala, clavó en el hondo suelo, y aquel gesto de audacia, fue su gloria… Noble gaucho, de agrícolas faenas, estos versos, que corren por mis venas, nombran a Valentín Fernández Coria.