Dos ingeniosos y singulares inventores lugareños: Don Santiago Belorgey y Don Francisco Grande.

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Carátula, del número extraordinario, de la revista «Chivilcoy», editada por el Centro de Residentes Chivilcoyanos, en Buenos Aires, en el mes de octubre de 1954, con motivo del centenario de nuestra ciudad.

La crónica evocativa de la fecha, se complace en recordar las figuras, de dos ingeniosos y notables inventores, de nuestro medio, que sin dudas, se destacaron por sus felices iniciativas y su profunda capacidad creadora, llevando a cabo, apreciables realizaciones, dignas de la especial rememoración y el mejor homenaje. Nos estamos refiriendo, a Don Santiago Belorgey, y Don Francisco Grande, a quienes, hoy rescatamos, del obscuro desconocimiento o el penoso olvido, para presentar, sus historias y experiencias de vida, como auténticas y verdaderas curiosidades, en las páginas de nuestros anales chivilcoyanos.

Don Santiago Belorgey, y un carro de guerra, para defenderse de los malones aborígenes.

El primero de los nombrados, Don Santiago Belorgey, fue un carpintero y herrero, que en la década de 1870, ante la posibilidad de un súbito ataque, de un malón indígena, hubo de construir, un firme y sólido carro, de cuatro ruedas, que se hallaba blindado, en el techo, el piso y las respectivas paredes, con aspilleras, orificios para la respiración, un puente levadizo, desarmable, a fin  de cruzar las zanjas y, un pequeño cañón de metralla. Dicho carromato, que era impulsado por bueyes, sin dudas constituyó, un lejano precedente, del memorable tanque de guerra y combate, utilizado en la primera contienda mundial, de 1914.

El genial inventor, Don Francisco Grande, y el “tanque”, a control remoto…

El segundo, de los personajes citados, Don Francisco Grande, fue un talentoso inventor, de origen italiano, quien arribó al país, en plena infancia, y desde la etapa de su inquieta y soñadora adolescencia, hubo de sentir y palpitar, una sincera y profunda vocación, hacia el apasionante mundo de la electricidad, y así, de ese modo, como un inteligente y esforzado autodidacta, aprendió, cabalmente, el oficio de electricista, y comenzó a realizar, entonces, diferentes instalaciones, en domicilios, y la reparación, de diversos artefactos del hogar. Luego, inició una serie de interesantes experimentos, que determinaron el nacimiento, de una sorprendente y admirable “teletipo”. Una nota periodística local, del 9 de junio de 1944, puntualizaba que: “Un modesto obrero, Francisco Grande, en su taller de la calle Las Heras, ha dado forma rústica y logrado crear un aparato transmisor, con pruebas satisfactorias, en los primeros ensayos realizados. Explicado someramente, es un cilindro de madera, que posee todas las letras del abecedario, y gira con lentitud, movido, eléctricamente. La persona encargada, puede transmitir, por medio de una lámina de acero, las letras que desee, y estas letras, logran reproducirse, en una máquina de escribir, colocada a cierta distancia, del aparato transmisor”.

El destacado y prestigioso periodista, escritor, dramaturgo y hombre público lugareño, Don Pedro Panzardi (1895 – 1979), en un artículo, publicado en las páginas de la revista “Crónicas de Chivilcoy”, del mes de octubre de 1977, refiriéndose a Don Francisco Grande, subrayaba: “Visto el logro de la transmisión a distancia, para hacer andar la máquina de escribir, Grande, asombró a Chivilcoy, con la puesta en marcha de un automóvil Ford, detenido a dos cuadras del taller, por intermedio del manejo de un sistema de su invención (electro – magnético).

Con el mismo motor del auto, fabricó un pequeño tanque de guerra, siguiendo el proceso técnico automático, de su creación, aplicado a dispositivos especiales, que hacían las siguientes funciones, sin piloto: Se ponía en marcha, hacia un objetivo fijado, recorría la distancia, al cabo de la cual, disparaba un cañón, que llevaba en la torre; inmediatamente, regresaba al punto de partida, mientras que el cañón, girando automáticamente, hacia el supuesto enemigo, seguía disparando proyectiles, e izaba la bandera nacional. La primera exhibición pública, del tanque robot, realizando las evoluciones, exitosamente, se efectuó en la cancha de fútbol, de la Federación Chivilcoyana de Deportes, con la presencia de numeroso público, que aplaudió el milagro técnico, del inventor local”.

Tiempo más tarde, hubo de crear un “timbre de alarma”, que anunciaba el paso de los trenes y las formaciones ferroviarias; como también, un sistema para unir las juntas de los tanques de hojalata, sin necesidad de soldaduras, valiéndose de un cierre hermético, a presión. Don Francisco Grande, con la clara y notoria humildad, y la proverbial modestia, que lo caracterizaron, se consideraba, simplemente: “Un operador de la energía eléctrica, y un obrero de la mecánica industrial”. Pero fue, sin dudas, un extraordinario y genial inventor, que con sus insólitas experimentaciones, de control remoto, conmovió al vecindario y a la comunidad de Chivilcoy, en la década de 1940.