El Cementerio Municipal de Chivilcoy, inaugurado en 1893.

El Cementerio Municipal de Chivilcoy, inaugurado en 1893.

abril 18, 2018 0 Por archivol
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Frente o frontispicio, del Cementerio Municipal, en una estampa fotográfica, del año 1910, para el centenario de la Patria.

La página rememorativa de la fecha, la destinaremos al Cementerio Municipal, de nuestra ciudad, el cual, hubo de reemplazar, a la antigua necrópolis chivilcoyana, creada por la entonces Corporación de la comuna, y habilitada, hacia el año 1865. Ese viejo e inolvidable cementerio, se hallaba ubicado, en la Sección Tercera, sobre las avenidas 22 de Octubre y Avellaneda, y las calles Laprida y Padre Zacarías, en el sector geográfico de la Escuela Nro. 33 “Dr. José León Suárez”, el Jardín de Infantes Municipal “República de Venezuela”, el Complejo Asistencial y Recreativo “Atilio Luis Maradei”, el Centro de Atención Primaria de la Salud “Dr. Daniel Emilio Pastorino”, y las viviendas del Barrio P.Y.M. (Provincia y Municipio), que se inauguró el 22 de octubre de 1969. En dicha necrópolis, podíamos encontrar, sepulturas en tierra, pabellones de nichos, y también, bóvedas familiares. El citado cementerio, se levantó en 1893, pero sus ruinas, hubieron de permanecer allí, hasta comienzos de la década de 1930, cuando, bajo el gobierno del intendente, Don Rafael Falabella, se llevó a cabo su demolición. El actual Cementerio Municipal, fue diseñado por el ingeniero Fernando Ortiz, quien hubo de confeccionar los respectivos planos, de la amplia necrópolis, donde se observan, un conjunto de callejuelas, jardines y canteros, con plantas y flores, de variado y especial colorido y, una entrada principal, que presenta un majestuoso y bello frente o frontispicio, de admirables líneas arquitectónicas, todo un auténtico y glorioso testimonio, del acervo edilicio y cultural, de nuestra ciudad. El Cementerio Municipal, se inauguró y bendijo, el lunes 6 de noviembre de 1893; habilitándose, al día siguiente, martes 7 de noviembre. El primer cadáver inhumado, en esta necrópolis, fue el de la señora María Gattinoni, abuela materna, del distinguido y prestigioso escritor, poeta, diplomático y periodista chivilcoyano, Arturo Lagorio, nacido el 8 de marzo de 1892, y fallecido el 15 de agosto de 1969, ex miembro de número, de la Academia Porteña del Lunfardo, desde 1963, hasta su muerte. El propio Arturo Lagorio, en uno de los capítulos de su libro “Cronicón de un almacén literario”, refiriéndose al mencionado tema, expresa: “En 1893, falleció mi abuela. Inauguró el cementerio y estuvo solita ocho días. Al cumplirse el cincuentenario, en 1943, en su homenaje, la nombraron Abuela de aquella extrema mansión y colocaron una cruz donde está enterrada, y en su torno, tumbas de infantes”. El 2 de abril de 2018, al realizarse la inauguración oficial, del panteón dedicado a los ex combatientes chivilcoyanos de Malvinas, el fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal, procurador Carlos Armando Costanzo, y el secretario técnico del repositorio, el máster en P. C. e Informática, Germán C. Nicolini, entregaron al Administrador General del Cementerio, Héctor Adaro, un cuadro, con la copia o reproducción del decreto, del 31 de octubre de 1893, firmado por el entonces intendente municipal, Dr. Ireneo A. Moras, que establecía, el 6 de noviembre, “a las 4 p. m” (16 horas, las cuatro pasado meridiano), como fecha para la ceremonia de bendición e inauguración del “Cementerio Nuevo”. Sin dudas, se trató de un apreciable y valioso aporte, pues la necrópolis local, no obstante, haber transcurrido, casi 125 años, desde su habilitación, carecía de esta importante documentación histórica.

Al Cementerio Municipal, décima de Carlos Armando Costanzo.

En este lugar sagrado, de paz, gran silencio y muerte, hasta el soberbio y el fuerte, duermen un sueño olvidado… Y lleno de un viento helado, no dice, con claridad: Bienes, lujo y vanidad, dejamos aquí, en el mundo, y el alma, en vuelo profundo, se eleva a la eternidad.

Reflexión del día de difuntos, por Carlos Armando Costanzo.

Cuando llega el final de la jornada, la muerte nos recuerda – fiel memoria -., que la vida es pequeña y transitoria, como el brillo fugaz de una mirada. La muerte nos recuerda – fina espada -, que ella corta, de pronto, nuestra historia, y de tanta ambición y vanagloria, del mundo terrenal, no queda nada… La muerte nos recuerda – voz certera -, que es efímera, frágil, pasajera, la etapa existencial, que transcurrimos… Muchos bienes, acaso, dejaremos, y tan sólo, después nos llevaremos, nuestras obras y todo el bien que hicimos.