El Día de los Enamorados y la voz del Lunfardo

Cada 14 de febrero, se recuerda a San Valentín, el patrono de los corazones que se aman

Los 14 de febrero de cada año, cobra una especial dimensión y trascendencia pública, la figura de un santo, quizá desconocido u olvidado: San Valentín, el singular y entrañable patrono de los enamorados. ¿Quién fue San Valentín, cuyo nombre familiar y venerado, podemos encontrar en el calendario del santoral, el día 14 de febrero? San Valentín, fue un joven y valiente sacerdote y mártir cristiano, quien en los crueles y remotos tiempos del Imperio Romano, desafiando las despiadadas e implacables persecuciones oficiales, celebraba en secreto distintas uniones matrimoniales, no obstante la drástica prohibición de las autoridades, y que a raíz de dicha causa, se lo condenó a prisión, y finalmente resultó ejecutado por orden del emperador. En Chivilcoy, los 14 de febrero, durante la década de 1940, – más precisamente, en los años 1947 y 1948 -, se llevaba a cabo la festividad religiosa de San Valentín, en los ámbitos de la iglesia Nuestra Señora del Carmen, donde se había entronizado la imagen del santo. La citada festividad, consistía en una procesión de fieles, en derredor de la plaza 9 de Julio, próxima al templo de la Virgen del Carmen, y en una solemne misa cantada, con la participación de un suave y melodioso coro de niñas de la congregación de Santa Marta, creado y conformado dentro de la misma parroquia.

Cada 14 de febrero, se exaltan la vida, los milagros y el martirio de San Valentín, remarcándose la importancia del amor, como un sentimiento supremo y sublime, en la esencia y el alma de la humanidad. El apóstol San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, puntualizaba que: “Si hablo la lengua de los hombres y aún de los ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Y si tengo el don de profecía, y entiendo todos los designios secretos de Dios, y sé todas las cosas, y si tengo la fe necesaria para mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada. Y si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y aún si entrego mi propio cuerpo para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser. Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de todos es el amor”. Y el apóstol San Juan, por su parte, en una de sus Cartas, subrayaba que: “El que dice amar a Dios y aborrece a su hermano, es un mentiroso, porque nadie puede amar a Dios que nunca ha visto, si no ama primero a su hermano, a quien ha visto”.

Y nosotros, ofrecemos humildemente a ustedes, este soneto de acento y aire lunfardos, dedicado a Nélida Ester Dabi, mi esposa, amiga y compañera a lo largo del sendero de la vida, las luchas, el trabajo, las esperanzas y los sueños…

Para vos, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Para vos, este cuore enamorado, / por tu entrega debute y tan genuina; / tu presencia, que inunda la matina, / tu chamuyo bien flor, aquí, a mi lado… / Para vos y lo mucho que me has dado, / con tu posta lealtad de buena mina, / y tu magia banana que ilumina, / mi bulín siempre rasca y desolado… / Hoy te ofrendo este cuore sin olvido, / por tu cacho de afecto muy sentido, / tu sonrisa, tu pinta y tu nobleza… / Porque vos, de manera piola y pura, / transformaste mi noche tan obscura, / en un yorno de sol y de belleza.

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