El ejemplo moral del General Manuel Belgrano y el Lunfardo

Se conmemora el relevante y trascendental Bicentenario, de la muerte del virtuoso e ilustre General Manuel Belgrano, quien falleció en Buenos Aires, en medio de una desoladora y penosa miseria, a la edad de 50 años, un martes 20 de junio de 1820. El abnegado y glorioso creador de nuestra enseña nacional, había visto la luz en Buenos Aires, el 3 de junio de 1770.

Sus últimas, agónicas y conmovedoras palabras fueron: “Ay, Patria mía”. Seguramente hoy, frente a la difícil, agobiante y deprimente realidad social y económica de nuestro país actual, habría sentido y expresado la misma y doliente frase…

Se conmemora el Bicentenario (los doscientos años), del fallecimiento del valeroso e ilustre General Manuel Belgrano, quien dejó de existir en Buenos Aires, a los 50 años de edad, un anárquico y conflictivo martes 20 de junio de 1820, registrado en la historia nacional, como el “Día de los tres gobernadores”. Su muerte se produjo en medio de una triste y estremecedora situación de penurias, soledad, desamparo y, extrema y escalofriante miseria, después de toda una vida de coraje, abnegación, sacrificios, renunciamiento y generosidad, al entero servicio de la Libertad, el bien  y el progreso de la Patria. Una vida de principios éticos, altas cualidades y valores, y bellas virtudes humanas y espirituales. Una vida de humildad, justicia, verdad, actitud franca y bondadosa, auténtica nobleza y, fecunda y permanente entrega. Una vida de conducta recta e inquebrantable, y de honestidad inmaculada. Una vida que, todo lo dio y ofrendó por la causa criolla de la independencia, la gesta de la emancipación y la epopeya argentina. Una vida  que, supo, soportó y padeció innumerables enfermedades y afecciones orgánicas, pobreza, necesidades, calumnias e infames juicios y procesos. Una vida que, después de tantas bregas, adversidades, privaciones y sufrimientos, nos dejó un aleccionador y extraordinario ejemplo moral; un ejemplo que, surge y aflora desde el fondo de la historia y se proyecta hacia el presente y el porvenir del país. Hoy, más que nunca, de un modo urgente e imprescindible, requerimos de ese ejemplo, modelo o paradigma, y de la brillante y luminosa guía del glorioso creador de nuestra enseña nacional, para poder encontrar un futuro camino de paz, concordia, unión, promisorio desarrollo y, efectivo engrandecimiento. Y hoy, más que nunca, frente a la corrupción, la impunidad, las injusticias, el mezquino egoísmo y las ambiciones dinerarias, debemos levantar su Bandera azul celeste y blanca, de trabajo, educación, generosidad y honradez.

El ejemplo del General Belgrano, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

El país tan cachuzo, necesita su cuore de genuino patriotismo, sus luchas más pulentas, su heroísmo, y su posta virtud, casi infinita. Al país tan cachuzo – flor marchita -, le hacen falta su jeta de idealismo, y su bocho bien puro – siempre el mismo -, que no pensó en afanos ni en la guita… Le hacen falta su luz – debute cielo -, su entrega generosa, sin camelo, su humildad, sin parada ni altivez… Y lejos del chantún que va de piola, en el mástil del tiempo se enarbola su ejemplo de grandeza y honradez. Padre guapo y fetén de la Bandera, soñó la Libertad, en la sesera, y al final espichó – malaria dura -, sin un sope, curtiendo mishiadura…Y hoy, al junar así, directamente, el país y el balurdo del presente, otra vez, como entonces, batiría con fulero dolor: ¡Ay, Patria mía!

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