El fallecimiento de Eva Duarte de Perón, y los homenajes tributados en Chivilcoy (1952).

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Sepelio simbólico de Eva Duarte de Perón, por las calles de nuestra ciudad. Puede observarse, una carroza fúnebre, arrastrada por cuatro negros caballos. Fotografía del mes de julio de 1952.

El sábado 26 de julio de 1952, se produjo la prematura desaparición física, de la señora Eva Duarte de Perón, quien dejó de existir, a la temprana edad de treinta y tres años, tras las difíciles alternativas, de una grave e implacable dolencia. Un comunicado oficial, propalado por la cadena nacional de radiodifusión, señalaba que: “Cumple la Subsecretaría de Informaciones, de la Presidencia de la Nación, el penosísimo deber de informar al pueblo de la República, que a las 20.25, ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación”. Nacida el 7 de mayo de 1919, en la ciudad bonaerense de Los Toldos (General Viamonte), la esposa y gran colaboradora del presidente, general Juan Domingo Perón, había desarrollado, de una manera ardua e infatigable, una vasta y extraordinaria labor, de asistencia social, y de solidaria y muy positiva ayuda, en favor de los humildes y los necesitados, y de todos aquellos sectores, más indigentes, postergados y desposeídos, víctimas de la injusticia, la desigualdad, la miseria y, la total y absoluta marginación. En Chivilcoy, conocida la infausta noticia de su deceso, las autoridades de la comuna (Era intendente municipal, Don Pascual Falabella), hubieron de adoptar, distintas medidas de homenaje, para reverenciar la memoria, de la primera dama del país. Se evocó, en nuestra ciudad, la figura de Eva Duarte de Perón, a través de una sesión especial, celebrada en el recinto y los ámbitos del Honorable Concejo Deliberante local; se oficiaron sendos funerales, en las parroquias San Pedro y Nuestra Señora del Carmen, y se emitieron diferentes decretos, de adhesión a dicho duelo, por parte del gobierno y el personal, de la comuna chivilcoyana. Asimismo, se llevó a cabo, un velatorio simbólico, de los restos de Eva Perón, erigiéndose, en la plaza 25 de Mayo, frente al Palacio Municipal, un altar con la efigie de la “Abanderada de los humildes, y la Jefa Espiritual de la Nación”. Ante la capilla ardiente, se estableció una guardia de honor constante, en la que participaron, miembros de la Confederación General del Trabajo (C. G. T.), y de diversas instituciones, de nuestro medio; docentes, empleados de la administración pública y vecinos. También, hubo un sepelio, de carácter emblemático, y el cortejo fúnebre, recorrió las calles de Chivilcoy. El mismo, estuvo escoltado por alumnos de establecimientos educacionales, que lucían sus blancos guardapolvos, maestros, dirigentes políticos y gremiales, y público, en general. Todos, acompañaron el paso de las carrozas, las cuales, eran arrastradas por cuatro caballos. Breve tiempo después, a la avenida Federico Soarez, se le impuso el nombre de Eva Perón.

Sonetos a Eva Duarte de Perón, por Carlos Armando Costanzo.

Aunque el tiempo transcurra, imperturbable, aunque pasen los años, raudamente, en la esencia del pueblo y de la gente, vivirá, de una forma inolvidable. Vivirá, con su imagen memorable, que despierta del cuadro más sonriente; su pasión, su trabajo permanente, sus desvelos, su lucha infatigable… Vivirá con su voz y su bandera, el genuino sentir de su alma obrera, y su fuerza, que nunca se marchita… Porque siempre, el humilde desvalido, alzará, como emblema muy querido, la gran obra y el nombre leal de EVITA.

El recuerdo del pueblo agradecido, hoy, levanta la voz de una plegaria, por su vida y su entrega humanitaria, en favor del humilde desvalido. Y rescata, su fuerza y su latido, su hondo empeño, su mano solidaria; su sentir y su acción extraordinaria, más allá de los años y el olvido… Desde lejos, palpitan, todavía, su pasión, su fervor, su valentía, su vehemencia y la luz de su memoria… Y por siempre, han quedado su bandera, su palabra y su fibra verdadera, en el alma social de nuestra historia.

En la historia, han quedado, una bandera de justicia y de entrega generosa; una voz muy vibrante y valerosa, una acción y una huella duradera. Han quedado, una imagen, fiel y entera, una eterna palabra fervorosa, y un sentir, que perdura en cada cosa, de una forma profunda y verdadera. Han quedado, la luz de una enseñanza, un tesoro de amor y de esperanza, flor tan bella, que el tiempo no marchita… Y en el pueblo – presencia inolvidable -, vive y late, con fuerza inquebrantable, un nombre de mujer, llamada EVITA.

Escribió Eva Duarte de Perón, en el capítulo diecisiete, del recordado libro “La Razón de mi Vida”, publicado por la editorial Peuser, en el mes de septiembre de 1951: “Confieso que tengo una ambición, una sola y gran ambición personal: Quisiera que el nombre de Evita, figurase alguna vez, en la historia de mi Patria. Quisiera que de ella se diga, algo que fuese más o menos esto: Hubo, al lado de Perón, una mujer que se dedicó a llevarle al Presidente, las esperanzas del pueblo, que luego Perón, convertiría en realidades. De aquella mujer, sólo sabemos, que el pueblo la llamaba, cariñosamente, EVITA”.