El kiosco de Don Domingo Ghío, en la plaza Mitre de Chivilcoy

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El popular y querido vecino, de la amplia barriada de la plaza Mitre, Don Domingo Ghío, nacido el 28 de octubre de 1927, y fallecido el 9 de mayo de 2017. Durante muchos años de firme y honrad labor, tuvo a su cargo, la atención del memorable kiosco de la plaza Mitre, que él mismo, había fundado y encaminado, a principios de la década de 1960.

El popular y querido vecino, de la amplia barriada de la plaza Mitre, Don Domingo Ghío, nacido el 28 de octubre de 1927, y fallecido el 9 de mayo de 2017. Durante muchos años de firme y honrad labor, tuvo a su cargo, la atención del memorable kiosco de la plaza Mitre, que él mismo, había fundado y encaminado, a principios de la década de 1960.

 

El 9 de mayo de 2017, dejó de existir, a los 89 años de edad, Don Domingo Ghío, y se fue con él, por los senderos del tiempo y la luminosa eternidad, un caracterizado y muy querido vecino, de la típica y pintoresca barriada, de la plaza Mitre. Nacido el 28 de octubre de 1927, Don Domingo Ghío, a comienzos de la década de 1960, abrió las puertas de un simpático y surtido kiosco, que se levantó en una de las esquinas, de la propia plaza Mitre, allí, en la intersección de las calles, Alem y Deán Funes. Y de ese modo, durante muchos años, de una fiel e ininterrumpida labor, supo desarrollar una clara y hermosa trayectoria; caracterizándose, en todo momento y circunstancia, por su espíritu humilde y bondadoso, su notoria vocación de servicio, su especial contracción hacia el trabajo y, su ejemplar honradez y rectitud. Virtudes y cualidades humanas, que le permitieron conquistar, el inocente corazón de los niños, – alumnos en su mayor parte, de la Escuela primaria Nro. 7 “Juana Manso” -, y además, el respecto, la consideración y el inefable afecto, del vecindario de la plaza Mitre y, de nuestra comunidad chivilcoyana.

El Kiosco de Don Domingo Ghío, por Carlos Armando Costanzo.

Viejo kiosco, baluarte y fiel gomía, de un rioba familiar – querido cielo -, que allí estás, bien pulenta – y no es camelo -, con tu lungo historial y tu hidalguía. Viejo kiosco, la yeca y la alegría, el chamuyo gentil – dulce consuelo -; matutino, revista, caramelo, y el atado de fasos, cada día. Viejo kiosco, la plaza y su fragancia, el purrete y la escuela de la infancia, el paisaje debute, el vecindario… Hoy, te embroco en tu esquina inolvidable, y te siento otra vez, piola y amable, con tu cuore feliz y solidario. Si una mano fulera, en el futuro, sin piedad, te haga bolsa y tire abajo, quedará para siempre – te aseguro -, tu recuerdo de sueños y trabajo.