Reflexión lunfarda: “Nadie va en cana”.

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La palabra canyengue y arrabalera, del idioma lunfardo, reflexiona hoy, de una manera seria y profunda, acerca de una reiterada y constante frase, que suele escucharse, en los más diversos ámbitos sociales, espacios callejeros y, en el seno de la e222ce3c4bff173b2092179a729427a0opinión pública y de la comunidad: “Nadie va en cana”, significando con esa expresión, el clima de total y absoluta impunidad, que envuelve a nuestro país, junto con la notoria carencia de un adecuado sistema de premios y castigos, capaz de recompensar y distinguir, al hombre bueno, honrado y laborioso, quien cumple con sus deberes y obligaciones, y por otra parte, sancionar al que delinque, infringiendo las leyes, las normas y las disposiciones legales; habiéndose, en muchos casos, enriquecido, de un modo colosal y manifiesto… La permanente frase “Nadie va en cana”, en boca de muchos anónimos, humildes y abnegados ciudadanos comunes, que trabajan honestamente, y luchan, cada día, construyendo, en silencio, con tenacidad, ahínco y múltiples esfuerzos, la entrañable Patria, del presente y del futuro. Esos ciudadanos comunes, víctimas de la inseguridad, las agresiones, los hechos de violencia y los episodios delictuosos, que soportan, sufren y padecen, como penosas víctimas inocentes, la ausencia de justicia, la extrema lentitud de los procesos judiciales, y el triste final de largas causas e infinidad de expedientes, que prescriben, mueren y se esfuman, en tantos húmedos y obscuros archivos de tribunales, abarrotados de juicios, escritos y papeles, sin resolución alguna… Esos ciudadanos comunes, en medio de un país y una sociedad, donde jamás hay culpables ni responsables, de las crisis financieras, las debacles económicas, las maniobras fraudulentas, el vaciamiento, la corrupción, el enriquecimiento y el peculado… Esos ciudadanos comunes, que pagan y amortizan, con altos intereses, las dramáticas y trágicas consecuencias, de las malas y deplorables administraciones del Estado, traducidas después, en elevados índices inflacionarios, recesión, desempleo, desocupación y severos costos laborales… Esos ciudadanos comunes, en el contexto de un país y una sociedad, con demasiadas consideraciones, peroratas y opiniones, meramente verbales, que después, no se vuelvan y reflejan, en resultados tangibles y concretos, logros reales y, una situación de beneficio, satisfacción y bienestar, para las clases obreras y la gente trabajadora. Esos ciudadanos comunes, en el país y la sociedad del “Más de lo Mismo”, donde no cambia nada; nunca pasa nada; todo queda en la nada; siempre se habla mucho, de lo mismo; todos son iguales; todo da lo mismo y, todo termina siendo, más de lo mismo… Debemos recuperar, frente a la ambición materialista, la impunidad y la corruptela, los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; el amor hacia el prójimo, el bien, la honradez, la verdad, la rectitud y la transparencia, y en particular, los hábitos, la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza. Sin justicia, trabajo, educación y enseñanza, no habrá, porvenir ni tampoco, el menor destino. Para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a los efectos de impedirlo, y los hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos…

Nadie va en cana, por Carlos Armando Costanzo fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano y miembro académico correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y de la Academia Porteña del Lunfardo.

 Vos siempre me batís: Nadie va en cana, aquí está la cuestión, esa es la historia; avivate, chabón y zanagoria, te lo canta un pesado, piola y rana. Vos siempre me batís: Aquel que afana, se raja por la puerta giratoria; después, de sus matufias, no hay memoria, y anda muy pancho, el día de mañana… Me batís: Aquí, pierde el laburante, ganan los turros, sube el atorrante, y los chantas y chorros, son noticia… Yo te escucho, y al fin, pienso y carburo: Quiera Dios, que en el ispa del futuro, algún yorno feliz, SE HAGA JUSTICIA.