El sentido de la Vida y el Lunfardo

En el libro “El juguete rabioso”, del singular escritor, periodista y dramaturgo argentino Roberto Arlt (1900 – 1942), le preguntaron al protagonista de la novela, Silvio Aster, si creía en Dios, y él entonces respondió: “Para mí Dios es la alegría de vivir”.

La prolongación inagotable e indefinida de una extensa e ilimitada Cuarentena social, preventiva y obligatoria, que sin dudas habrá de ocasionar consecuencias catastróficas y devastadoras en la faz económica, con una multiplicidad de situaciones ruinosas y quebrantos comerciales, industriales y profesionales, y efectos altamente negativos en el campo de la educación y la enseñanza, el arte, la cultura, el turismo y el deporte; hoy nos motiva a reflexionar sobre el significado de la existencia y el auténtico y verdadero sentido de nuestra propia Vida.

El sentido de la Vida, que en este infinito y abismal período de Cuarentena, muchos, quizás, lo han perdido, víctimas inocentes de la angustia, la desazón, la desmoralización y el desaliento, los cuadros anímicos y emocionales depresivos, las penosas frustraciones, las congojas y la tristeza, la ausencia de expectativas, la carencia de un claro horizonte, el fantasma del desamparo y la implacable y pavorosa miseria y, la falta de un porvenir halagüeño, venturoso y esperanzado.

La pérdida del sentido de la Vida, que destruye y derrumba nuestros mejores sueños e ilusiones, y nos sumerge en un largo y negro túnel de obscuridad, incertidumbres, zozobra y abatimiento…

Hoy, más que nunca, debemos recobrar, de una manera urgente e imprescindible, el bello y luminoso sentido de la Vida, junto con la fuerza espiritual y la energía, la luz del alma, la fe de los corazones, la férrea fortaleza y el hondo vigor de nuestra firme voluntad realizadora.

Hoy, más que nunca, no debemos perder el sentido de la Vida y las fervorosas y palpitantes ganas de vivir, trabajar, estudiar, luchar, prosperar, avanzar y progresar… Para seguir adelante, lejos de la dramática situación diaria y la patética realidad de las adversidades cotidianas, la recesión, la pobreza, la injusticia, la impunidad, las frecuentes cortinas de humo, la depreciación del concepto del mérito, las convicciones y los genuinos ideales, la gran decadencia intelectual, las falsedades y mentiras, las ambiciones, los egoísmos y las bajezas y ruindades humanas…

No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada a fin de impedirlo y, los Hombres como los árboles se conocen por sus propios frutos.

Seguir adelante, recuperando los principios éticos y los valores, la conciencia moral y, la mentalidad, el hábito y la sagrada y fundamental Cultura del Trabajo. Porque únicamente salvará a nuestro país – erradicando y derrotando para siempre a esta Argentina del siempre, siempre, siempre lo mismo -, volver al camino de la Educación, la Honestidad y la Cultura del Trabajo…

El sentido de la Vida, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Che, Señor capo y piola, de movida, chamuyando este espiche, yo te pido no perder la pulenta y el sentido, el sentido debute de la Vida. Flor de aguante y la lucha sostenida, cuore bueno, hasta el último latido; la amistad, que no borra el fiero olvido, la parola, que sana toda herida… El laburo y el gesto más fratelo, un buen cacho de amor y de consuelo, la honradez, los valores, la nobleza… Es por eso, que bato cada día, no perder el embale y la alegría, la chipola esperanza y la belleza. Porque todos queremos – te la canto, con mi jeta y mi parla dolorida -, encontrar, sin bajón, pálida o llanto, el sentido fetén de nuestra Vida.

 

 

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