Reflexión lunfarda: El ejemplo moral del Padre, en el país del más de lo mismo…

Hoy, más que nunca, en medio del contexto, de la Argentina del más de lo mismo, y de una sociedad actual, carente de modelos, arquetipos o paradigmas, válidos y creíbles,  necesitamos en forma urgente y perentoria, el aleccionador y bello ejemplo moral del Padre: un ejemplo de amor y entrega generosa; un ejemplo de coherencia y fidelidad, de pensamiento y conducta; un ejemplo de verdad, rectitud, nobleza y honradez… El ejemplo convincente del Padre, que nos persuada, con su palabra, su ascendiente y su predicamento, porque es leal a sus principios éticos, sus valores y sus actitudes personales, lejos de las apariencias engañosas, las fingidas imágenes exteriores, los gestos contradictorios y el mentido cartón pintado… EN LA VIDA, HAY QUE SER VERAZ Y COHERENTE… LOS HOMBRES COMO LOS ÁRBOLES, SE CONOCEN POR SUS PROPIOS FRUTOS.

La emotiva y entrañable celebración del Día del Padre, a través de la palabra, tan piola y arrabalera del Lunfardo, nos invita hoy, a rescatar y exaltar la figura paterna, siempre viva y presente, en el rincón más cálido y profundo, de nuestros francos y verdaderos afectos espirituales. La figura paterna, que con firme tenacidad, múltiples sacrificios diarios y, hondos bríos realizadores, va luchando en forma cotidiana, y sostiene al hogar y a la familia, digna y decorosamente. La figura paterna, que se esfuerza y desvela por sus hijos, soñando para ellos, un porvenir risueño y venturoso, libre de zozobras e incertidumbres, carencia de posibilidades y expectativas, escollos, tristezas, pesadumbres y, duras adversidades económicas. La figura paterna, que piensa en un futuro de trabajo, desarrollo, crecimiento y progreso, donde el ciudadano común, logre realizarse, de una manera plena y satisfactoria, lejos de los falsos anuncios y promesas, las constantes sanatas, las densas cortinas televisivas de humo y, el largo y eterno camelo, que distrae, confunde y engrupe a la gilada.  La figura paterna, que va bregando, de modo sostenido e infatigable, y enfrenta, diariamente, el desafío del agobio, la congoja y el desaliento. La figura paterna, que sigue apostando al país, a pesar de una realidad, cruda, descarnada y desfavorable; la realidad del círculo vicioso del más de lo mismo, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo  y, todo termina, inevitablemente siendo, más de lo mismo. Esta bendita Argentina, en la que encontramos gente que, se ha hecho y se hace rica, sin trabajar, al margen de las normas y disposiciones legales, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, sin remedio alguno, la persona buena, decente, honrada y laboriosa, que trabaja… La figura paterna, que con sus acciones y procederes, nos muestra el bien, aleccionador y edificante, frente al mal y sus nefastas consecuencias: Las desmesuradas y enfermizas ambiciones, la corrupción y el enriquecimiento de unos pocos, el egoísmo, la mezquindad, la engañosa apariencia y las falsedades, los rencores y odios, el drama y la patética tragedia… La figura paterna, con sus principios éticos y su conducta, noble y proba, que sabe inculcar y transmitir a sus hijos, un conjunto de preciados valores morales: El amor hacia el trabajo, el respeto, la educación, la transparencia, la verdad, la justicia,  la actitud fraternal y solidaria, el gesto servicial y generoso y, la mayor honestidad. Hoy, más que nunca, debemos consolidar y fortalecer, la venerable figura paterna, y predicar y sembrar, con el buen ejemplo y testimonio de vida, porque en definitiva, más allá de las vanas e inútiles palabras y las expresiones puramente declamatorias y verbales, los Hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos.

El ejemplo de mi viejo, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Su recuerdo fetén y emocionado, hoy, me copa el marote, en un instante, y lo juno otra vez, posta y pujante, después de tanto andar y haber yugado… Hoy, lo juno, pulenta y esforzado, con su embale tenaz, de laburante; su forte voluntad, que fue adelante, y su onda de gomía y tipo honrado. Me dejó su parola y su enseñanza, todo un kilo de amor y de esperanza, su sentir macanudo y su consejo… Y a pesar de la ausencia, tan sufrida, hoy, me queda, en el cuore y en la vida, el ejemplo debute de mi viejo.

En el final, la memorable canción, del intérprete musical, Piero, dedicada al Padre: «Mi viejo», de la década de 1970.

 

 

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