Fallecimiento de un emblemático personaje de Chivilcoy: Bartolo (2003).

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Bartolo, un inolvidable y muy querido personaje ciudadano, que fue sin dudas, todo un símbolo de la vida callejera de Chivilcoy. Había nacido en 1917, y falleció, a los 86 años de edad, el 28 de mayo de 2003.

El 28 de mayo de 2003, dejó de existir, en nuestra ciudad, a los 86 años de edad, un emblemático y ciertamente, muy entrañable personaje, de la vida y el historial de Chivilcoy: Bartolomé Navaridas, Bartolo; un auténtico y verdadero símbolo, del paisaje urbano, el ámbito vecinal y el mundo callejero. Había nacido en 1917, y su propia madre, a quien, de una manera espontánea y humorística, habían bautizado con el nombre de “La mil colores”, por sus vestidos chillones y llamativos, fue también, un genuino personaje lugareño. Durante muchas décadas, de un largo e incesante recorrido, Bartolo, supo transitar las calles, las plazas, los barrios, los comercios y los más diversos espacios, lugares y rincones chivilcoyanos; ganándose, por su especial simpatía, su gracia y su tan inocente ternura, el más profundo y sincero afecto de toda nuestra comunidad. El conocido y destacado fotógrafo, periodista e investigador local, Osvaldo Benítez, hubo de recopilar, una serie de curiosas e interesantes estampas fotográficas, que retratan y eternizan la figura de este querido personaje de Chivilcoy. Todo un personaje emblemático, de la ciudad…

Soneto a Bartolo, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Pintoresco y curioso personaje, de profunda raíz chivilcoyana, que fue parte del pueblo y el paisaje, y un retazo de vida ciudadana. Lo recuerdo, muy cerca, con su traje, su amplia bolsa, su risa fresca y sana, su bastón y su gorra – fiel bagaje -, su ilusión y su dicha cotidiana. Peculiar hombrecillo de historieta, lo recuerdo feliz, con su corneta, su alma niña y su andar infatigable… Y detrás de la muerte, triste y dura, quedará por las calles, la ternura, de su típica imagen imborrable.