Reflexión lunfarda: No hay un mango, en el país del más de lo mismo…

La frecuente y popularizada expresión: “En la calle, no hay un mango”, que suele circular, en los más diversos ámbitos sociales, y a través de la transmisión oral, de la opinión pública y la ciudadanía, también, sin dudas constituye, un tema o motivo de análisis y reflexión, por parte del Lunfardo. La divulgada y repetida expresión: “No hay un mango”, que intenta traducir y reflejar, una objetiva y patética situación, de nuestra realidad cotidiana: La prolongada crisis, el proceso inflacionario, la marcada recesión, la muerte literal, del mercado interno, la parálisis y pérdida de consumo, la abrupta caída de ventas, el creciente desempleo, la notoria carencia de poder adquisitivo y de capacidad de compra y, la falta de dinero circulante… La expresión “No hay un mango”, exteriorizando, el manifiesto enfriamiento y el profundo letargo de la economía, y de los diferentes rubros y actividades, comerciales y productivas (También, en los cementerios y camposantos, reina e impera el sueño y la paz, de los difuntos). La expresión “No hay un mango”, en el contexto muy particular, de un país, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina siendo, de una manera fatal e inexorable, más de lo mismo…; un país, en el que, infortunadamente pierde, sufre múltiples perjuicios, y hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja, víctima de los ajustes y recortes, los incrementos de precios y tarifas, las diversas cargas y presiones, tributarias e impositivas, las injusticias y desigualdades, la impunidad, la corrupción y,  el paulatino e inevitable rumbo, de la marginación y el empobrecimiento progresivo… “La expresión: “No hay un mango”, en el marco de un país, donde unos pocos, a través de la tristemente denominada “Patria financiera”, especulan, lucran y se enriquecen, mediante una serie de negocios, bursátiles y cambiarios, y por el contrario, una mayoría, humilde y silenciosa, se hunde en la ciénaga de la zozobra, la gran incertidumbre, respecto del futuro, la angustia, la desolación y la miseria… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el testimonio de nuestra proba y recta conducta, y el buen ejemplo de vida (En un país, de malos modelos y ejemplos personales), y recuperar los principios éticos y los valores morales, humanos y espirituales; como asimismo, la mentalidad, la conciencia y la sagrada cultura del trabajo. Hoy, más que nunca, debemos retornar a la bella y luminosa Patria del trabajo, el esfuerzo, la lucha, la firme pujanza, las tareas productivas, la generación de bienes y genuina riqueza, el meritorio ascenso social y, el bienestar colectivo. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos. Menos promesas, vanas palabras y cortinas de humo, y más resultados concretos y positivos. Menos frivolidad, y más acción y férrea laboriosidad.  Sólo existe una senda posible: Volver al esperanzado camino, de la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

No hay un mango, por Carlos Armando Costanzo fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Aquí estamos, de crotos, sin un sope, aquí estamos yugando, buen gomía, en la lona rotunda y en la vía, siempre así, rascabuches y al galope. Aquí estamos, solaris, como un rope, que te ladra sus penas, todo el día; aguantando la triste fulería, que en el ispa, sabés, no tiene tope… Aquí estamos, junando la malaria, el bajón, la sanata extraordinaria, el despiole total, el mismo tango… Y un chabón, farabute y canfinflero, hoy, me bate, de un modo muy sincero: En la yeca, querido, no hay un mango… Ojalá, che, melón – lindo futuro -, que dejemos atrás, al poligriyo, y gocemos del morfi y el laburo, con un toco de guita, en el bolsiyo.

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