La fundación de Chivilcoy y el Lunfardo

La reciente conmemoración, del centésimo sexagésimo cuarto aniversario, de la singular y relevante fundación, de nuestra ciudad de Chivilcoy, invita ahora, a nuestra franca y espontánea expresión lunfardesca, al sentido y nostálgico momento del recuerdo, de la vieja y entrañable historia lugareña; trayendo así, la especial evocación, de aquel ya memorable, domingo 22 de octubre de 1854, cuando un grupo de vecinos, de esta región geográfica, encabezados por el entonces Juez de Paz, Don Federico Soarez (1811 – 1890), sentaron las férreas y sólidas bases fundacionales, de un nuevo pueblo, pujante y progresista, en medio de la agreste y verde pampa bonaerense. En ese día 22 de octubre, un conjunto de labriegos, de la zona, decidieron, de una manera tenaz y empeñosa, dar fecunda vida, a una futura ciudad, plena de riquezas naturales, crecimiento, desarrollo y, un luminoso y esperanzado progreso. En ese día 22 de octubre, Don Valentín Fernández Coria (1821 – 1897), clavó en la tierra virgen, la vigorosa y simbólica pala, y Don Manuel Villarino (1815 – 1868), redactó, de puño y letra, el Acta de nacimiento, de Chivilcoy. Esos nobles y abnegados labriegos, eran hombres de trabajo, claros principios y valores morales, y una insobornable conducta, de rectitud y honestidad, y se consagraron a su ardua labor, conscientes de la dimensión e importancia, del proyecto que habían iniciado y emprendido. Hombres, de pocas palabras, pero de innumerables hechos y realizaciones. Hombres que, hablaban poco, pero hacían mucho, en aras del desenvolvimiento cotidiano, la profunda dicha y el merecido bienestar de la comunidad. Porque en definitiva, como lo señalaba Jesucristo, en las maravillosas y bellas páginas del Evangelio: “Los Hombres, al igual que los árboles, se conocen por sus frutos”. Y aquí, podemos observar y apreciar, los frutos y las obras, de nuestros padres ilustres fundadores; los auténticos y gloriosos pioneros chivilcoyanos, cuyos  nombres, evocamos y honramos, de una forma digna y emocionada.

Soneto a la pala fundadora, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Che, pala, bien pulenta, del laburo, – muñeca, gran aguante y fiel labranza -, que te puedo vichar, en lontananza, bancándote un jotraba, guapo y duro. Che, pala, que cinchándola, seguro, comenzaste un camino de esperanza, y nos diste, un buen cacho de enseñanza, para nuestro presente y el futuro. Che, pala macanuda, de la historia, que cazó, de verdad, Valentín Coria, fundando un pueblo posta, en la llanura… Y hoy estás, lo más pancha y tan genuina, adentro de un museo, en la vitrina, como un fiero instrumento de tortura. Y yo, que siempre fui, desde purrete, un crónico fiacún reconocido, si te juno muy cerca ¡La gran siete!, sólo acierto a rajar, despavorido.

Construyamos Chivilcoy, por el procurador Carlos Armando Costanzo.

Te lo bato, che, gomía, mientras yugando, aquí estoy: Construyamos, entre todos, la ciudad de Chivilcoy. Construyamos, todos juntos, con polenta voluntad, laburando, cada yorno, laburando, de verdad… Construyamos, con un kilo de hondo embale y fiel sentir, y soñemos, bien cancheros, un debute porvenir. Construyamos, desde abajo, con un marote hacedor; un espíritu chipola, y un cuore lleno de amor. Construyamos, siempre unidos, sin ser pelandra o chambón; con onda más positiva, en la lona y a pulmón… Construyamos, muy fratelos , – gesto piola y hermandad -, por los riobas y vecinos, por la gente y la ciudad. Construyamos, el futuro, sin camelo ni doblez; con un flor de compromiso, fuerza posta y honradez. Construyamos la esperanza, y la fachera ilusión, lejos de tantas discordias, la bronca y la desunión… Te lo bato, che, gomía, mientras garifo, yo voy: Construyamos el progreso, de esta hermosa Chivilcoy.

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