La histórica y verdadera pala fundadora, del domingo 22 de octubre de 1854, cuando nació Chivilcoy…

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Ilustración a pluma, del dibujante francés, Jean Paul Laverdet, sobre la fundación de Chivilcoy. Apareció publicada, en la página 75, del libro «El Pueblo de Sarmiento», del ingeniero Mauricio Birabent (1905-1982).

Recordamos hoy, a la histórica y emblemática pala fundadora, de nuestra ciudad, aquel memorable domingo 22 de octubre de 1854; la cual, lejos de constituir un mito o una leyenda, ha sido y es, en la actualidad, todo un glorioso símbolo, de la vida ciudadana, que verdaderamente, hubo de existir, como un instrumento de labranza, convertido en un  factor determinante fundamental, del feliz y promisorio nacimiento, de esta nueva población, dentro de la verde y fértil geografía, del oeste de la provincia de Buenos Aires.

El caracterizado y prestigioso investigador, de nuestro pasado lugareño, archivista, coleccionista, poeta, periodista y hombre público, Don Sebastián Fabián Barrancos (1867 – 1933), nos ofrece, una interesante e ilustrativa narración, de la gesta fundacional chivilcoyana, digna de la rememoración y de una buena lectura. Dicho relato, titulado “Chivilcoy, recuerdos del pasado”, lo publicó por vez primera, Don Sebastián Fabián Barrancos, en las páginas del diario “La Democracia”, hacia el año 1896; apareciendo, otra vez, dieciséis años más tarde, el 5 de julio de 1912, en las columnas, del mismo órgano de prensa. Al cabo de mucho tiempo, el citado artículo evocativo, salió a la luz, en la primera plana, del matutino “La Razón” (Edición 10.168), del martes 22 de octubre de 1940, con motivo de la celebración del 86 aniversario, de la fundación, de nuestra ciudad.

La nota, de Don Sebastián Barrancos, puntualiza que: “El 21 de octubre de 1854, se hallaban reunidos en la chacra de Don Federico Soarez, los señores Manuel Villarino, Manuel López, Antonio Bermejo, Mariano Benítez, Gabriel Ramírez, Anastasio Cháves, Calixto Calderón y Valentín Fernández Coria, faltando únicamente Cayetano Castro, de la comisión de diez vecinos, encargada de elegir el terreno para el nuevo pueblo, cuya concesión había sido hecha por el gobierno. Después de una buena comida, con que fueron obsequiados por Soarez, se discutió el punto con animación. La cuestión era delicada y difícil de resolver; había que elegir el campo, de una superficie de más de ochenta leguas cuadradas, y las opiniones se dividieron, movidas por el interés particular. Al día siguiente, a las seis de la mañana, la comisión se pudo en marcha, escoltando una galera de Soarez, en la que se colocaron, dos cuadernillos de papel, tinta, plumas y una PALA NUEVA DE CAVAR, la que, en cualquier parte donde se clavara, señalaría la plaza principal del pueblo. Una provisión de fiambres y otros comestibles, completaban el equipo del carruaje. En el trayecto, grupos de vecinos iban agregándose a la caravana, atraídos por la novedad, y muy pronto, su número llegó a cerca de doscientos jinetes. Así, marcharon recorriendo los lotes de Gowland, López, Cronwell y otros, con largas pausas, discutiendo las ventajas e inconvenientes de los diversos lugares. La comisión, se había dividido, en dos fracciones, que discutieron, acaloradamente, en favor de sus ambiciones. A las cuatro de la tarde, llegaron al monte de Sánchez, hoy de la familia Pechieu, y allí ardió Troya. Unos querían que el pueblo se fundara al otro lado de la cañada, y Soarez, López, Cháves y Coria, en oposición, hicieron avanzar al galope la galera, siendo detenida ésta, por Don Mariano Benítez. Valentín Fernández Coria, tomó la pala y corrió con ella, hasta el ángulo frente a la escribanía del señor Coronado; allí, fue alcanzado y volteado por varios que intentaban quitarle la herramienta; pero ésta, había sido enterrada en tierra, marcando así, la gran plaza 25 de Mayo. ¡Chivilcoy estaba fundado! A las cinco de la tarde, del 22 de octubre de 1854, se extendió el Acta”. En este relato, de Don Sebastián Fabían Barrancos, escrito y publicado en 1896, se inspiró el notable y destacado historiador, escritor, periodista, docente y hombre público, ingeniero agrónomo, Mauricio Birabent (1905 – 1982), cuando redactó el capítulo III “La fundación y vida inicial”, de su valioso e inolvidable libro “El Pueblo de Sarmiento”, editado, por vez primera, en el mes de octubre de 1938. Según el propio testimonio, de Don Valentín Fernández Coria (1821 – 1897), manifestado, personalmente, a Don Francisco Castagnino, padre de Don Francisco Anselmo Castagnino (1884 – 1955), fundador y primer director del Museo Histórico Municipal, la citada pala fundadora, la clavó en el lugar, donde se encuentra, exactamente ubicada, la estatua de Clío, la Musa de la Historia, en la plaza principal 25 de Mayo, frente al Palacio Municipal.

A la pala fundadora, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Vos fuiste, mistonga pala, esa joya fundadora, y mi sentido homenaje, te quiero batir, ahora. Gran pala – debute emblema -, del laburo cotidiano, que no sabés de matufias, de curros y negro afano. Pala simbólica y posta, – minga de facha y camelo -, que te mostraste cual sos, junto a nuestro lungo suelo. Pala guapa y luchadora, que hiciste más de la cuenta, con un kilo de coraje, y un cuore noble y polenta. Pala fiel, de onda canchera, y de fuerza tan genuina, que yugaste, cada yorno, bajo el sol de la matina. Pala eterna y memorable, de nuestra canyengue historia, que en una tarde maleva, te clavó Valentín Coria. Hoy, estás, desde hace tiempo, en mi humilde aguantadero, como una flor de reliquia, bien guardada en el ropero. Porque yo – pelandrún viejo -, aunque siempre en la mala, me viene la pataleta, cuando hay que agarrar la pala.