La Logia Masónica “Luz del Oeste” (1877).

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Fachada del templo, de la logia masónica «Luz del Oeste, del Valle de Chivilcoy», sobre la calle 25 de Mayo Nº 84. Dicho inmueble, fue demolido, hace ya muchos años…

Recordamos hoy, a la antigua y memorable Logia Masónica “Luz del Oeste, del Valle de Chivilcoy”, la cual, a lo largo y a través de muchos años, de una fiel y sostenida existencia institucional, hubo de cumplir y desarrollar, una prolongada trayectoria; dejándonos su firme huella, en las páginas y la evocación, de nuestra historia ciudadana. Esta logia, siguiendo los principios y postulados, de la Masonería Internacional y Argentina, se hallaba animada, por un claro propósito, de ayuda mutua y solidaria, con un espíritu amplio y fraternal, entre sus miembros, y frente a la comunidad.  La citada Logia, estableció sus bases fundacionales, hacia el año 1877, por la iniciativa, del destacado vecino lugareño, Don José Moras, un español, de la región geográfica de Galicia, quien se consagró a las faenas, de índole agropecuaria, siendo propietario, de la estancia “Las Claras”. Esposo de Doña Clara Lovia, de esa unión matrimonial, nacieron sus tres hijos: Prudencio, Ireneo y Emilio. Tiempo más tarde, en 1899, la Logia, comenzó una etapa de reorganización, por medio de una labor emprendida, por el señor V. Cotignola. La mencionada entidad, hubo de adoptar el “Rito Escocés”, siguiendo así, la línea rectora y directriz, de la “Masonería Argentina”, bajo el lema o consigna, que se resumía en los conceptos y palabras: “Ciencia, Justicia y Trabajo”. Dicha Logia, contaba con un templo propio, de artística y atrayente estructura arquitectónica, ubicado sobre la calle 25 de Mayo Nro. 84. En el año 1907, la institución, se hallaba integrada, por unos ochenta miembros, y presidida por el caracterizado y prestigioso hombre público lugareño, Don Prudencio Segundo Moras, uno de los tres hijos, de Don José Moras. Don Prudencio Segundo Moras, había nacido el 21 de junio de 1854, en la estancia “Las Claras”, y falleció en Chivilcoy, a los 84 años de edad, el 20 de junio de 1939. Fue, entre otros cargos, intendente municipal, de nuestra ciudad, presidente del Honorable Concejo Deliberante, presidente del Consejo Escolar, Comandante Militar, Juez de Menores y Juez de Paz, del distrito; como asimismo, vicepresidente de la Masonería Argentina, y miembro del Superior Gobierno de la Masonería Argentina, habiendo alcanzado, por su acción, su personalidad y sus genuinos méritos, el grado máximo de 33. También, componían la Logia masónica chivilcoyana, el polifacético y notable, investigador de nuestro pasado local, poeta, periodista, archivista y, hombre público, Don Sebastián Fabián Barrancos (1857 – 1933); el probo y distinguido ex intendente y comisionado municipal, presidente del Honorable Concejo Deliberante y del Consejo Escolar, senador provincial, y hombre público, Don Manuel Esteban del Castillo (1846 – 1924), y Don Antonio V. Rodríguez, en calidad de secretario, de la institución. La logia masónica «Luz del Oeste, del Valle de Chivilcoy», desapareció, finalmente, en la década de 1930, pero aún, en viejas crónicas históricas, de los anales lugareños, perdura el recuerdo y la presencia de los Masones, en la vida social, de nuestra ciudad.

Mi abuelo masón, Don Carlos Armando (1867 – 1943).

Mi abuelo paterno, Don Carlos Armando, perteneció a las filas, de la Masonería Argentina, integrando, durante varios años, de leal compromiso y sostenida tarea, la Logia “Luz del Oeste, del Valle de Chivilcoy”. Llegó a ostentar, el grado 24. De origen italiano, había nacido en 1867, y arribó a la Argentina, y a nuestra ciudad, durante la década de 1890. Desarrolló, durante su vida, el noble oficio de zapatero, y al taller de composturas, ubicado primero, en la calle 9 de Julio Nro. 151, y posteriormente, en la finca de Balcarce Nro. 39, lo bautizó con el nombre: “La luz de la esperanza”. De su segundo matrimonio, con Doña Cristina Laurito, nació mi padre, el maestro normal, Carlos Armando (1905- 1987). Falleció, a los 76 años de edad, el 18 de noviembre de 1943, y constituyó, sin dudas, todo un digno y enaltecedor ejemplo de trabajo, honradez y rectitud; virtudes y atributos morales, que supo transmitir e inculcarles a sus hijos.

Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.