La ardua y tan difícil lucha diaria y la voz del Lunfardo

 

Recordamos al anónimo y casi olvidado ciudadano común, que a pesar de todo, sigue bregando con fe, trabajo,  tenacidad y múltiples sacrificios, en medio del contexto social de una Argentina, donde siempre pierde, se empobrece, perjudica y, hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja…

Quiera Dios, que en un porvenir no muy lejano, recuperándose la actividad productiva y la sagrada cultura del Trabajo, se valore y aprecie a los que luchan, se esfuerzan y construyen cada día nuestra Patria; triunfando así, los auténticos y verdaderos laburantes…

Si ello no sucediere, la Argentina jamás tendrá horizonte ni perspectivas de crecimiento, progreso, bienestar y futuro…

No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo… El único rumbo posible, es el camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

Los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos.

Hoy, más que nunca, reivindicamos y exaltamos la figura, de todos los invisibles y silenciosos ciudadanos comunes, que de un modo esforzado, tesonero y heroico, en medio de la actual situación de la Pandemia por el flagelo del Coronavirus y la Cuarentena social o aislamiento obligatorio, continúan luchando con profunda fe, renovados bríos, coraje, fuerza y voluntad realizadora… Los ciudadanos comunes, víctimas de un país, donde siempre pierde, se perjudica, empobrece y hasta se funde, en el plano económico, familiar y comercial, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja… Los ciudadanos comunes, agobiados y abrumados por las frecuentes crisis financieras, las reiteradas devaluaciones, los tremendos ajustes, los implacables impuestos y, las enormes cargas y presiones tributarias e impositivas, que los asfixian, estrangulan y matan…

Quiera Dios, que en un porvenir no muy distante, dejemos de ser la Argentina del siempre lo mismo, con tres constantes invariables, inevitables y fatales, a lo largo del tiempo y del curso de los años: la Primera: La nivelación hacia abajo, especialmente en materia educativa; la Segunda: La impunidad absoluta (nunca hay culpables ni responsables de nada), en particular, frente a la corrupción, el peculado y el enriquecimiento ilícito, y la Tercera: Inexorablemente pierde, la persona buena, honrada y laboriosa, que lucha y trabaja…

Quiera Dios, que sepamos predicar y sembrar con el testimonio de nuestra conducta y buen ejemplo de vida (Un ejemplo, modelo o paradigma, representa mucho más, que miles de necias, inútiles y vanas palabras), y recuperemos los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, juntamente con la mentalidad, el hábito, la conciencia y la sagrada cultura del Trabajo. Sólo salvará a la Argentina, después de la Pandemia del Coronavirus y la Cuarentena social obligatoria, la cultura del Trabajo, porque sólo existen un rumbo y una salida posible: Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. Sin Trabajo genuino, concreto y verdadero, únicamente hay incertidumbre, zozobras, asistencialismo fugaz e ilusorio (Pan para hoy, y hambre para mañana…), apariencia, cortinas de humo, cartón pintado y miseria… La marginación social y la pobreza, serán derrotadas con el milagro sublime del Trabajo, la lucha y las fervientes ganas de una Argentina rica, próspera, luminosa, optimista y esperanzada…

Oración de la lucha cotidiana, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Yo te pido, che, Dios – lunga plegaria -, con chamuyo canyengue y argentino, un espíritu piola y tranquilino, fe, polenta y la guita necesaria. A pesar del bajón y la malaria, yo te pido, bancarme este destino, y seguir macanudo, el buen camino de la posta y constante lucha diaria… Yo te pido un bulín, rasca y senciyo, algún mango rasposo en el bolsiyo, un rebusque y un cacho de futuro… Y que pueda yugar – forte pujanza -, con la jeta feliz de la esperanza, en la lucha y la senda del laburo. Oí, che, Dios, mi parola de gomía, que te quiero de frente, así batir, porque estoy sin el morfi y en la vía, puchereando y luchando, por vivir.

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