Reflexión lunfarda: La mano solidaria, en la Argentina del siempre lo mismo…

La voz honda y reflexiva del Lunfardo, nos invita a meditar hoy, sobre el singular valor y la especial significación, de la mano solidaria, que sabe tenderse, de una manera cálida y fraterna, como un preciado auxilio y,  una clara actitud, de hermandad, socorro y asistencia, frente a las dolientes y angustiosas necesidades del prójimo y cada uno de los semejantes. La mano solidaria, franca y abierta, que se brinda a los demás, en difíciles y obscuros momentos de tristeza, desaliento, pesar, congoja y consternación. La mano solidaria, que se hace presente, cuando las circunstancias la reclaman y requieren, de un modo espontáneo, desinteresado y generoso. La mano solidaria, que en un gesto de amistad, noble y verdadera, se aproxima siempre, a quien la necesita, y le ofrece después, toda su cooperación, importante ayuda y magnánimo apoyo. La mano solidaria, que está cerca de la comunidad y de la gente, dispuesta a colaborar, en cualquier situación que surja, de una forma súbita e imprevista.  La mano solidaria, que se caracteriza y distingue, por su entrega sin límites, horarios y reposo, ante la indiferencia, la frialdad y la apatía, de los insensibles, mezquinos, avaros y egoístas, que jamás se comprometen ni involucran, en ningún hecho o suceso, ajeno a sus propias vidas, y que nunca mueven un mínimo dedo, en favor de los otros. La mano solidaria, en medio del contexto actual, tan penoso y desmoralizador, por cierto, de la Argentina del siempre lo mismo, donde las cosas siguen como están, no cambia nada, no pasa nada, todo queda en la nada (la impunidad total, completa y absoluta), siempre se habla mucho, de lo mismo, todo resulta igual, todo da lo mismo y, todo termina, inexorablemente siendo, siempre lo mismo… La Argentina sin justicia,  berreta, corrupta y trucha, atada con piolín o alambre, en la cual, hay gente que, se ha hecho y se hace muy rica, ilícitamente, viviendo de arriba, sin trabajar, y por otra parte, en un sentido contrario, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, en el plano económico, la persona buena, honrada y laboriosa, que tanto lucha y trabaja… Hoy, más que nunca, la Patria y el país necesitan, muchas manos solidarias, y un amplio abrazo de unión,  confraternidad,  concordia y, auténtico y sincero reencuentro, de todos los buenos argentinos. Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el ejemplo y el testimonio de una conducta coherente, fiel y solidaria, recuperando los principios éticos y los valores morales, humanos y espirituales, como asimismo, la mentalidad, el hábito, la conciencia y, la bella y sagrada cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio y,  los reales y genuinos méritos individuales. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre  lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos… Existe un único y esperanzado rumbo posible: Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo; volver a la mano solidaria, que salve a la sociedad, en su conjunto, el país de cada nuevo día y, toda nuestra soñada y querida Patria…

La mano solidaria, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

En un país, de triste mishiadura, chantas, grieta, rencor, chorros y afano, qué importante, chabón, dar una mano, de fetén amistad, canchera y pura. En un país, que mata a quien labura, – mucha biaba feroz, de cayetano -,  qué bueno, junar bien, a cada hermano, copándolo de afecto y de ternura. En un país, de bronca y fulería, qué lindo, el gesto piola de un gomía, con su franca parola necesaria… Y qué hermoso, ese cuore tan fratelo, que nos puede tender – lungo consuelo -, una mano pulenta y solidaria. Porque lejos del curro y de la guita, sólo vale el amor, posta y profundo. Lo demás, che, salame, es verdurita, que dejamos, al irnos de este mundo.

 

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