La pavada y el Lunfardo.

Compartir

vagoEl tema de la pavada, la necedad, la insulsez, la sandez o la tontería, se halla también, presente, en la reflexión, el análisis y las consideraciones críticas del lunfardo; más aún, en el contexto actual de una sociedad argentina, proclive a la frivolidad, la vida fútil, pueril o superflua, la vulgaridad, la trivialidad, las expresiones adocenadas y banales, la farándula y la chabacanería. Una sociedad, inmersa, hundida o sumergida en la chatedad, la pobreza y la mediocridad intelectual, el adormecimiento o letargo y, la total inoperancia. Una sociedad, con un prioridad, absoluta y exclusivamente, económica, dineraria y materialista, al margen de todo principio ético, conciencia moral y valores humanos y espirituales, donde lo único importante e imprescindible, consiste en tener, detentar, poseer y acumular; careciendo de relevancia y significación, el ser un individuo noble, honrado, decente, laborioso y útil; una persona de trayectoria, de auténticos méritos y de bien, para el país y nuestra comunidad, en general. Una sociedad, en cuyo seno, penosa e infortunadamente, la enseñanza, ocupa un espacio secundario, accesorio o subalterno, y así, a raíz de esta mentalidad, concepto o criterio, la educación, nivela o iguala hacia abajo, sin logros, triunfos o resultados, de ningún orden; se incrementa la deserción escolar; crece y se multiplica la ignorancia y el analfabetismo; aumentan las adiciones y, se registra el alarmante y grave fenómeno de miles y miles de adolescentes y jóvenes, que no trabajan, no estudian, ni tienen actividad provechosa alguna. Hoy, de una manera apremiante o perentoria, debemos reivindicar los principios y valores morales, las virtudes cívicas y republicanas, el  sincero y enaltecedor sentimiento de Patria, y el puro y profundo amor hacia el suelo nativo y nuestra argentinidad. Hoy, en aras de un promisorio y auspicioso porvenir, debemos recuperar la cultura del trabajo, el esfuerzo y el estudio; la justicia, la ecuanimidad y el juicio equitativo, con un adecuado y ponderable sistema de premios y castigos; el imperio o la autoridad de la ley y de las normas constitucionales; la honestidad, la rectitud, la integridad, la palabra franca y verdadera y, el corazón bueno, generoso y solidario, sin mezquindad, egoísmos y ruindades. Hoy, debemos recobrar la calidad humana de la gente, de las clases populares, y de los distintos sectores y esferas sociales, – en la actualidad, abundan los tipos mersas, berretas,  tilingos, crostas, raneros y los que hacen mucha guita, con el curro y el afano, sin laburar -,   porque los hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos… Hoy, debemos operar o producir un cambio de actitud, para no reiterar historias, sufrir idénticas frustraciones, y caer y sumirnos, en el “más de lo mismo…

”Y la voz del lunfardo”, ahora nos señala:

Escuchame muy bien, esta parola, que te bato, sin bronca ni agachada: Dejá de apoliyar, de no hacer nada, andando como vago, a la bartola. Chabón, por un segundo, dame bola, y alejate y rajá de la pavada, que engatusa y engrupe a la gilada, y te copa y te manya la sabiola. Escuchá mi chamuyo, en un instante: No jugués de pelandra y atorrante, carburá de una vez, cazá un laburo… Despertá, perejil,  – te lo aconsejo -, y pensá, de verdad,  – lo dice un viejo -, en la vida y los yornos del futuro. Y hoy, entonces, en forma acelerada, cortá, huevón, con toda la pavada.

Carlos Armando Costanzo.