La plaza “Florencio Varela” de Chivilcoy. Historia y características, de esa pintoresca barriada.

Dibujo, del polifacético y distinguido investigador del pasado lugareño, artista plástico, poeta y docente, procurador Juan Antonio Larrea, que nos ofrece la estampa, del humilde rancho de Don Alejandro Amaya, ubicado en la intersección de las calles, Suipacha y Lamadrid, donde hoy se encuentran, las instalaciones del Club Argentino, inauguradas el 12 de octubre de 1940. A pocos metros de la plaza Varela, en el epicentro de un barrio, que solía inundarse, con bastante frecuencia, a raíz de la presencia del arroyo o la cañada de Montenegro, que atravesaba dicha zona geográfica, de la sección segunda, de Chivilcoy. A comienzos, de la década de 1950, se llevó a cabo, el entubamiento de la cañada, solucionándose así, una larga y grave problemática, de hacía muchas décadas…

El viernes 26 de julio de 2019, durante el transcurso de una sencilla ceremonia de inauguración, bajo la actual administración, del intendente municipal, Dr. Guillermo Alejandro Britos, fue puesta en valor, la plaza “Florencio Varela”, de nuestra ciudad, a través de una serie de apreciables trabajos, de refacción y mejoramiento, que van concretando y materializando el proyecto, del gobierno de la comuna, tendiente a restaurar y embellecer, de un modo óptimo y saludable, los distintos paseos públicos locales, con el propósito de ofrecer espacios, en las más adecuadas condiciones ambientales,  para la utilización, disfrute y esparcimiento, de toda la comunidad.

El 6 de noviembre de 1866, cuando la entonces Corporación Municipal, por la feliz y plausible iniciativa, del glorioso fundador y pionero lugareño, Don Manuel Villarino, procedió a bautizar las diferentes plazas, del promisorio y pujante pueblo de Chivilcoy, a uno de esos paseos públicos, se le asignó el nombre, del notable y prestigioso jurisconsulto, escritor y periodista, Dr. Florencio Varela, quien había nacido en Buenos Aires, el 23 de febrero de 1807, y murió asesinado en Montevideo (Uruguay), el 20 de marzo de 1848, a la prematura edad de 41 años. Perteneciente a las filas del denominado “Partido Unitario”, fundó y ejerció la dirección, del periódico “El Comercio del Plata”; participó, activa y valerosamente, en las luchas políticas de la época; emigró a la Banda Oriental, como firme y tenaz opositor del régimen rosista, y fue autor de una “Autobiografía”, y de diversas obras, de carácter jurídico y literario.

Hacia el año 1935, siendo intendente municipal, Don Ángel San Romé, surgió la inquietud de erigir un monumento, en homenaje a la figura del Dr. Florencio Varela, y para ello, hubo de conformarse una comisión – a los efectos de recaudar fondos dinerarios – , que presidió Don Rómulo Solveyra Varela, bisnieto del mencionado prócer. Se realizó una colecta, de índole popular, y con posterioridad, se colocó la “piedra fundamental”, del futuro busto recordativo, cuya bendición estuvo a cargo, del titular de la parroquia San Pedro, presbítero Dr. Luis Ramón Conti.

El 22 de octubre de 1936, como parte de los actos conmemorativos, del 82 aniversario, de la fundación de Chivilcoy, durante el gobierno comunal, de Don Rafael Juan Falabella, se llevó a cabo la significativa inauguración del busto de bronce, del Dr. Florencio Varela, con la presencia, de varios de sus descendientes, que desde Buenos Aires, hubieron de arribar, a nuestra ciudad. La citada obra, pertenece al talentoso y destacado escultor, docente y hombre público chivilcoyano, profesor Antonio Bardi (1909 – 1988), y la correspondiente fundición, de dicho busto, se efectuó en los talleres, de la antigua Escuela de Artes y Oficios, de la Nación, luego Escuela Industrial, y actualmente, Escuela de Educación Técnica Nro. 1 “Dr. Mariano Moreno”.

Frente a la plaza, de referencia,  situada en el corazón de una típica y pintoresca barriada, de gente noble, honrada y trabajadora, podemos encontrar el Club Social y Deportivo “Florencio Varela”, fundado el 5 de abril de 1935, merced a la iniciativa, la voluntad y el férreo impulso, de Don Pedro Buzzo – artífice y primer presidente, de esta institución, de profunda garra futbolística -, y un grupo de vecinos, de este sector geográfico, de la “Sección segunda”, de nuestra ciudad; y el Centro Educativo “Florencio Varela”, el cual, nació en octubre de 1971, como una “Guardería Municipal”, y luego se convirtió, en una entidad de enseñanza, inaugurándose su actual edificio, en el mes de julio de 1976.

El barrio de la plaza Varela, que supo evocar, el joven y destacado poeta y escritor local, Francisco Ernesto Palmentieri (1907 – 1933), en una chispeante y sabrosa crónica periodística, publicada en las páginas de la revista “Notas”, hacia 1931, se componía, por el año 1900, a comienzos del siglo XX, de un modesto conjunto, de humildes ranchos, de paja y barro, que habitaban hombres, de pura cepa y estirpe gauchescas, malevos y paisanos de ley, y  genuinos criollos, de la época. En aquellos lejanos tiempos, bajo un clima alegre y festivo, de sentidas melodías y notas musicales,  se organizaban romerías y bailes populares,  con la apasionada y activa participación, de todo el vecindario… Palmentieri, en esa crónica de 1931, puntualizaba que: “Murió el viejo barrio de la Varela, con sus cantores nocturnos y sus serenatas lloronas; ya no queda del viejo barrio, más que el recuerdo melancólico de su pasado, en una que otra narración, que a los antiguos criollos, aún hace chispear los ojos, de entusiasmo y de júbilo. Se fueron para siempre, desterrados por la civilización, sus bailes populares, sus estilos quejumbrosos, en las noches de luna, sus jugadas de lotería y la alegría de sus velorios de angelitos. Han muerto, asesinadas por el progreso, sus reuniones domingueras, sus clásicas tortas fritas y el mate amargo, como aperitivo del churrasco, opíparo y oloroso. Es que el barrio de la Varela, sede del culto del coraje, va siendo lentamente devorado, por la ciudad pretensiosa y dominadora”.

El sector del barrio, de la plaza Varela, se caracterizó, fundamentalmente, por sus terrenos bajos, susceptibles de frecuentes anegamientos o inundaciones, a raíz de la presencia, del siempre recordado arroyo o cañada de Montenegro, que corría y extendía su cauce, por aquella zona geográfica, de la ciudad. En esos terrenos o solares, de acuerdo con la atenta observación, y la avezada opinión de los pobladores, jamás se producía el “aterrizaje de la lechuza”, pues ésta, únicamente se posaba sobre superficies altas, y jamás se la veía, en los predios, del barrio de la Varela… El polifacético y destacado investigador, de nuestro ayer lugareño, poeta, escritor, artista plástico y docente, procurador Juan Antonio Larrea, en su libro “Chivilcoy de antaño”, editado en mayo de 2015, refiriéndose al arroyo de Montenegro y a las inundaciones, señalaba: “Bajando por la calle Riobamba (Hoy, Juan Bautista Alberdi), hacia la plaza Florencio Varela, los barrios se empobrecían entre baldíos con ombúes y sauces, casas precarias y ranchos de adobe cercados de lilas, hasta el encuentro con el arroyo al llegar a Boquerón, donde el piberío pescaba mojarritas y bagres. Zanjón éste, casi seco, según la estación, que crecía con desmesura en la época de las lluvias, atropellando el rancherío e inundando los callejones de polvo, las quintas, la plaza Varela, subiendo por Lamadrid hasta el almacén de Paglia (Después Palmentieri, donde había un buzón), y los ranchos de Rufina Cejas y Alejandro Amaya al llegar a Suipacha (Hoy, Club Argentino) a una cuadra de las vías del Ferrocarril Oeste. Bajando por la hoy calle Balcarce en su intercesión con Soler, poco antes del puente sobre el arroyo, estaba la llamada “Cortada de Molina”, por ser este el nombre del primitivo dueño del rancho y terreno lindante, lugar que la imaginación popular hizo famoso a fines del siglo XIX y entrado el XX, por los aparecidos y luces malas que vecinos y ocasionales transeúntes decían ver por las noches. Del arroyo o cañada de Montenegro sólo nos queda el recuerdo, sublimado por el tiempo y asociado para siempre al puentecito que lo cruzabaen la avenida Tres de Febrero, a corta distancia de la plaza Rivadavia (Hoy, Parque Infantil), a la que se le habían asignado cuatro manzanas, bautizado por la gente, como el puente de las rosas, emulando al lago homónimo, ubicado en la sección primera”. Remarquemos que, a principios de la década de 1950, durante la gestión provincial, del gobernador bonaerense, coronel Domingo A. Mercante, se hubo de llevar a cabo, el tan ansiado y esperado entubamiento de la cañada de Montenegro, y a ese recorrido, el 3 de julio de 1986, se le impuso el nombre de “Diagonal Evita”.

A la plaza Varela, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.

Pintoresco y legendario rincón de nuestra ciudad, con su cielo de amistad, y un noble y fiel vecindario. Impulso constante y diario, que nunca se ha de apagar, y una historia singular, que dejó profunda estela… Querida plaza Varela, gran corazón popular.

 

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