La primera Biblioteca Pública de Chivilcoy

Inauguró su edificio propio, el 25 de Mayo de 1872

El 10 de noviembre de 1866, por una afortunada y ponderable iniciativa de la polifacética y notable educadora, escritora, historiadora y dramaturga argentina, Doña Juana Paula Manso (1819 – 1875), hubo de fundarse la primera Biblioteca Pública de nuestra ciudad – considerada una institución pionera, en los ámbitos geográficos de la provincia de Buenos Aires -; a la cual se le impuso, a propuesta de la misma Juana Manso, el ilustre nombre de Don Domingo Faustino Sarmiento. La gran fundadora, de dicha Biblioteca, efectuó asimismo, la desinteresada y muy generosa donación de ciento cuarenta y cuatro volúmenes de su propiedad, para la conformación del acervo bibliográfico de la nueva entidad cultural.

Seis años más tarde, un día patrio 25 de Mayo de 1872, se efectuó la jubilosa inauguración del edificio propio de la Biblioteca, escuchándose en aquella memorable oportunidad, conceptuosos y floridos discursos, que celebraron aquel importante acontecimiento. El destacado y prestigioso historiador lugareño, ingeniero agrónomo Mauricio Birabent (1905 – 1982), en el capítulo X “Edad de oro Chivilcoyana”, de su tan ilustrativo y bello libro “El Pueblo de Sarmiento”, editado por vez primera, en el mes de octubre de 1938, refiriéndose a este suceso, señalaba: “La primera biblioteca popular de Chivilcoy funcionaba para el público lector en un pequeño local provisorio y con escasísima dotación de libros, donados la mayoría por vecinos pudientes de esta y otras localidades, y el resto enviados por el gobierno gratuitamente. En el año 1871, a instancias de Sarmiento y sobre las bases preconizadas por Horacio Mann, se sancionaba la llamada “Ley de Fomento y Subvención de las Bibliotecas Populares”, y el grupo de vecinos chivilcoyanos dirigentes encabezado por Don Augusto Krause, Don Carlos A. Fajardo, presbítero Don Carlos Boeri y otros, organizaron entonces la sociedad cultural citada, dándole características orgánicas. Los doce artículos de sus estatutos prevén la constitución de la sociedad por acciones nominales de 250$, pagaderos en varios plazos, hasta integrar el capital social de 75.000$, del que se destinarían 60.000 para la adquisición del local (en el solar contiguo al Colegio Municipal, que era de Espinosa) y el resto para la adquisición de muebles y libros. La vida interna de la sociedad quedaba regida por otro reglamento tan acertadamente estructurado, que fue más tarde el modelo de muchas instituciones similares del país. El 25 de Mayo de 1872 se inauguraba con un gran acto la Biblioteca Popular de Chivilcoy, cumpliéndose el siguiente programa de festejos: a las dos de la tarde, reunión previa de los socios accionistas e invitados en el local de la Sociedad; a las siete de la noche, discursos y recitados; a las ocho, primera lectura pública administrativa, de acuerdo con los artículos 8 y 11 del Reglamento; a las nueve, primera sesión de Orden Parlamentario por todos los concurrentes (artículos 12 y 13). El acto resultó lucido y solemne, a pesar de los pobres medios puestos en juego; el secretario Don Carlos A. Fajardo, comentando el grato suceso decía: “leíase en los rostros la conciencia de la importancia del gesto”. La banda de música de la Escuela Central, bajo la dirección del hábil y meritorio maestro Don Martín B. Pons, ejecutó varias piezas, e inmediatamente Don Augusto Krause pronunció su discurso inaugural, que le había encomendado la comisión directiva. Luego hacen uso de la palabra Don Roque Núñez, en breves y elocuentes palabras, y el presbítero Carlos Boeri. El discurso de Don Augusto Krause, a que se refiere el párrafo publicado en el primer número del “Boletín de la Biblioteca Popular” (2 de Julio de 1872), sería digno, por sus méritos, de figurar íntegramente estampado en las páginas de esta crónica de Chivilcoy. El orador expresa allí conceptos que podrían satisfacer al más culto y exigente de los estadistas modernos. Sus reflexiones sobre la influencia social, moralizadora y pacificadora de la propiedad territorial, experimentada en la propia sociedad local y en las instituciones del pueblo; sus conceptos claros y precisos en materia tan poco conocida  en esa época como la derivada de la dolorosa competencia entre el capital y el trabajo; sus convincentes y reconfortantes profecías respecto a la alta significación de los centros de cultura, escuelas, bibliotecas, asociaciones artísticas, hojas de publicidad, como elementos de perfeccionamiento popular, revelan la vasta ilustración de Krause, su singular talento, y una intuición acertadísima de la función social y patriótica que estaba llamada a desempeñar la escuela y la letra en este gran país de rudos pastores y sencillos labradores”.

En el edificio propio, de esa Biblioteca Popular, se organizaron poco después, distintos actos culturales, consistentes en conferencias o disertaciones, lecturas públicas de diversos textos, debates e intercambios de opiniones, entre damas y caballeros, etc.

Desgraciadamente, apenas dos años más tarde, en 1874, la primera Biblioteca Popular de Chivilcoy, cesó en su labor, desapareciendo de una manera penosa e inexorable. El ingeniero Mauricio Birabent, en el capítulo XII “Desde el 75 al 80”, de su libro “El Pueblo de Sarmiento”, respecto de este triste episodio, remarcaba: “Una de las primeras víctimas del nuevo clima, y la más lamentada, fue la Biblioteca Pública, fundada por Juana Manso y Manuel Villarino y oficializada unos años antes solemnemente por Don Augusto Krause en la forma que conocen los lectores. Empeñada la institución en una enojosa cuestión con la Municipalidad, sobre la pertenencia de un solar concedido para sede social, obligada a cumplir los compromisos contraídos con algunos vecinos, dio sus últimos pasos y cayó para no levantarse”.

Procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.

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