Las Hermanas y el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia (1882).

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Mural de la Virgen, en la intersección de las calles, Necochea y General Paz, inaugurado en 1982, cuando se conmemoró el glorioso centenario del Colegio Nuestra Señora de la Misericordia.

Mural de la Virgen, en la intersección de las calles, Necochea y General Paz, inaugurado en 1982, cuando se conmemoró el glorioso centenario del Colegio Nuestra Señora de la Misericordia.

 

El 10 de agosto de 1837, en la ciudad de Savona (Italia), la Santa María Josefa Rosello, determinó las sólidas y firmes bases fundacionales, de la importante congregación “Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia”, la cual, a lo largo del tiempo y de los años, alcanzó una vasta y singular expansión, en países europeos y americanos, como la República Argentina. Santa María Josefa Rosello, había nacido, el 27 de mayo de 1811, y falleció, a los 79 años de edad, el 7 de diciembre de 1880.

La Santa italiana, María Josefa Rosello "1811-1880", fundadora de la congregación "Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia", el 10 de agosto de 1837.

La Santa italiana, María Josefa Rosello «1811-1880», fundadora de la congregación «Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia», el 10 de agosto de 1837.

El 14 de diciembre de 1875, llegaron a nuestro país, las hermanas, pioneras o precursoras; y en los primeros días del mes de febrero de 1882, hubieron de arribar a Chivilcoy, cuatro religiosas, de la congregación “Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia”, respondiendo a una solicitud, efectuada por la señorita Margarita Kavanagh, a través del sacerdote lazarista, presbítero Emilio Savino, con el noble propósito, de crear, en nuestra ciudad, un nuevo centro de enseñanza. Se trataba de las hermanas, Gustava Landó, Agustina Scotto, Victoria Faustone y Lorenzina (Se desconoció, como era su apellido), quienes, de una manera ardua y empeñosa, animadas por una profunda fe cristiana, un alto espíritu piadoso y, una sostenida y apasionada tarea, el día 12 de marzo de 1882, comenzaron su paciente y muy benemérita labor, en el campo de la instrucción pública lugareña. En sus inicios, las mencionadas religiosas, hubieron de alojarse en una finca, perteneciente a la familia Susviela, sita en la avenida Ceballos, y en el medio de octubre de 1882, se trasladaron a su actual edificio, ubicado en la intersección de las calles General Paz y 9 de Julio, que se construyó sobre un terreno, donado por la señora Margarita Kavanagh, con la respectiva dirección de los trabajos, a cargo del presbítero Don Manuel Badano, ex titular de la parroquia San Pedro, desde el 18 de enero de 1866, hasta el 2 de abril de 1893. Hacia 1884, en un nuevo gesto, de extraordinaria y admirable magnanimidad personal, la señorita Kavanagh, hubo de donar, otro terreno, contiguo o colindante, y un año después, en 1885, la propia congregación, adquirió un solar, sobre la calle Necochea, propiedad del Dr. Doroteo Acuña. Un programa de estudios, del establecimiento de las mencionadas religiosas, fechado el 5 de marzo de 1882, subrayaba que: “La educación que se da a las alumnas, es cristiana, científica y social: hay dos cursos: Obligatorio y Libre; en el curso Obligatorio, se dictan las siguientes asignaturas: Lectura, caligrafía, gramática, castellano, aritmética, teoría y práctica, historia sagrada y de la República Argentina, doctrina cristiana, cosmografía, higiene, geometría y distintos ejercicios de composición; en el curso Libre, se enseñan: Gramática francesa, idioma italiano, piano y música de índole vocal; las diferentes labores, comprenden: Costura, bordado y tejidos diversos, y las correspondientes horas, del ciclo lectivo, son: Por la mañana, de 9 a 11 y ¾, y por la tarde, de 14 a 16”. El reglamento de la institución, especificaba que: “Se admitían pupilas, medio pupilas y externas, debiendo ser vacunadas convenientemente”. Hacia el año 1910, se procedió a realizar el  empedrado, de las calles, que corren frente al Colegio, y en 1911, se construyó la acera de piedra; efectuándose la instalación de la energía eléctrica. Delante del Colegio, en la calle General Paz, durante varios años, atravesaron las vías del ferrocarril, cuando el tren, que desde Buenos Aires se dirigía a Bragado, recorrían un sector geográfico, de la ciudad. Dichas líneas férreas, hubieron de levantarse, entre los años 1908  1909. El 25 de noviembre de 1933, se inauguró y bendijo, la capilla del Colegio, que fuera diseñada, por el reconocido y prestigioso arquitecto, Abel Basso Dastugue; hallándose a cargo, del constructor Don Pedro Randazzo, los respectivos trabajos de edificación. La citada capilla, se restauró y reinauguró, el 7 de noviembre de 2007. El 14 de mayo de 1956, en tanto, se creó el Jardín de Infantes, y en 1957, la rama secundaria; abriéndose, por otra parte, un curso de magisterio, en el año 1960. En el mes de noviembre de 2008, la Hermana Victoria María Prando (Nacida en junio de 1921), editó el interesante e ilustrativo libro “Un sueño…que se hizo realidad”, trazando una completa reseña histórica, sobre la fecunda y significativa presencia de las “Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia”, aquí, en Chivilcoy; religiosas, de inquebrantable trayectoria docente, cuyo lema expresa: “El corazón a Dios y las manos al trabajo”. En mayo de 1982, durante la gestión municipal de Don Héctor Vaccari, se le impuso a una calle de nuestra ciudad, el nombre: “De la Misericordia”, al cumplirse el glorioso centenario, de la instalación del Colegio “Nuestra Señora de la Misericordia”.

 Obreras del amor y la enseñanza, soneto de Carlos Armando Costanzo, escrito en 1982, con motivo del trascendente y jubiloso centenario del Colegio.

 Llegaron hace un siglo… Su fe de educadoras, las trajo hasta mi pueblo de oeste, en la llanura.  Y desde entonces fueron, pacientes sembradoras de Dios, el alfabeto y el libro… Qué cruz dura, la del comienzo, y cuánto desvelo, en esas horas humildes y piadosas, de beatitud, ternura, abnegación y esfuerzos… Oh, hermanas bienhechoras, con un caudal de afanes y una plegaria pura. Llegaron hace un siglo… Presiento, en lejanía, la santidad, los ruegos, la unción y la alegría, de aquellos laboriosos espíritus cristianos. Un siglo de enseñanza, tan fieles, tan austeras…, edificando sueños, virtud de amor… ¡Obreras, bendito el dulce fruto, nacido de sus manos!