Los buzones, de la ciudad de Chivilcoy

En la década de 1940, la respectiva oficina o repartición pública, de Correos y Telégrafo, procedió a la instalación, de distintos buzones y estafetas postales, en diversos espacios o sectores callejeros, de la planta urbana de Chivilcoy. Desde el ángulo etimológico, la palabra “Buzón”, proviene del italiano “Buco”, un vocablo, que significa agujero. El término “Buzón”, se utiliza para designar una abertura, donde se echan cartas, o un receptáculo, en el cual, se deposita la correspondencia. Estos antiguos y entrañables buzones, fueron propios de una época, en la que la gente, a través de la vía postal, remitía o enviaba, con bastante asiduidad o frecuencia, una nutrida cantidad de cartas o de misivas. Pintados de color rojo, en la mayoría de los casos, se habían fabricado, en los talleres metalúrgicos, del Fénix y San Martín, ambos, de Buenos Aires; perteneciendo los primeros, a la firma Bash Hnos. y Cía. Dichos buzones, representan una pintoresca e inconfundible imagen, de nuestro ayer local, y sin dudas constituyen, auténticas y verdaderas reliquias históricas, y típicos y genuinos símbolos chivilcoyanos, que bien merecen, una digna conservación, salvaguarda y valoración, de la comunidad, como elementos integrantes, del querido patrimonio vecinal y, de las ricas páginas de la historia, las mejores tradiciones, y la clara  y elocuente identidad cultural, de la ciudad. Hoy, dentro de la estructura, del paisaje urbano, perduran, sólo cinco buzones… Los mismos, se encuentran ubicados en: La intersección de la avenida Sarmiento y la calle Castelli, frente al edificio de la Escuela primaria Nro. 3 “Dr. Nicolás Avellaneda”; sobre la avenida Dr. José León Suárez, delante de la Escuela Normal “Domingo Faustino Sarmiento”; en la esquina, de la avenida Villarino y la calle Pascual Grisolía, frente a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen; en la intersección de la avenida Ceballos y la calle Yapeyú, y en la plaza Mitre, sobre la calle Dr. Leandro Alem. También, por otra parte, hubieron de existir, diferentes Estafetas de Correo, en diversos sectores de Chivilcoy, como la Nro. 1, sobre la avenida Mitre, al 999; la Nro. 2, en la avenida Calixto Calderón, al 575; la Nro. 3, situada en la calle 19, a la altura 46; la Nro. 4, sobre la avenida De Tomaso, al 332, y la Nro. 5, ubicada en la calle General Pinto, al 500. El. 9 de junio de 2016, el Honorable Concejo Deliberante local, a través de una feliz y plausible iniciativa, del inquieto y destacado fotógrafo e investigador, Luis Ángel Desía, mediante la ordenanza Nro. 8320, declaró de “Interés Histórico Municipal”, a los cinco buzones, de nuestra ciudad. El mencionado texto normativo, fue promulgado al día siguiente, 10 de junio de 2016, por el intendente municipal de Chivilcoy, Dr. Guillermo Alejandro Britos. Los buzones, entonces, que merecen una condigna preservación, por parte de las autoridades de la comuna y la comunidad, son gloriosos emblemas lugareños, y una parte significativa, del acervo común o colectivo, la historia, la cultura y las tradiciones, de toda nuestra ciudad.

Sonetos lunfardos al Buzón, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Junto al rioba, la ochava y la glicina, allí estás, como un cana, puntualmente, con tu facha redonda y atrayente, esperando cafiolo, alguna mina. No te agobian la fiaca o la rutina, y entrador y cordial, ante la gente, un buen toco de sobres, diariamente, tu amplia boca, se morfa en una esquina. Cuántos sueños, de humildes corazones, y qué larga chorrera de ilusiones, duermen bajo tu fiel cilindro rojo… Guapo y firme, en la yeca, si es que cruza, a tu lado, coqueta, una papusa, vos, entonces, gentil, guiñás el ojo. Ando seco, y te pido una gauchada, escuchame, buzón… dame boliya: Esta carta de amor, tan perfumada, hoy, hacela correr, sin estampiya.

Con nostalgia, te juno, todavía, en la esquina del rioba, bien plantado, como emblema debute del pasado, que nos brinda su facha de alegría. Yo te siento, sabés, todo un gomía, que solari, cachuzo y despintado, te quedaste al final, casi olvidado, sin un mísero mango y en la vía… Con nostalgia, te juno, che ¡Salute!, viejo y rojo cilindro, que debute, los años campaneás, y el tiempo avanza… Y hoy pensé – te lo bato, segurola -, en meter por tu boca, grande y piola, una carta de amor y de esperanza.

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