El Maestro verdadero y el Lunfardo

vinilo-infantil-maestro-sabio-3894Hoy, con especial prontitud y urgencia, todos los argentinos, nuestra sociedad, el país y la Patria, necesitamos, un auténtico y verdadero maestro, que predique y que siembre, con el buen ejemplo, la conducta y el testimonio de vida, y sepa inculcar, infundir y transmitirnos, los claros principios éticos, y los genuinos y edificantes valores morales, humanos y espirituales. Un maestro que, nos muestre, indique y señale el luminoso y bello camino del bien, el amor, la humildad, el trabajo, la honradez, la justicia, el respeto, la nobleza y la límpida transparencia. Un maestro que, subraye la imperiosa necesidad de recuperar o recobrar, hoy, más que nunca, la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio y los genuinos méritos, y que remarque la importancia de la instrucción pública y la enseñanza; desechando una paupérrima educación, que sólo nivela o iguala hacia abajo, sin logros o resultados, de ninguna naturaleza. Una maestro que, nos hable, sincera y efectivamente, de la fundamental significación de la enseñanza, para el presente y el futuro de una nación civilizada, aunque existan algunos que, a fin de no perder sus pingües negocios y sus colosales ganancias y beneficios dinerarios, prefieran la ignorancia y el analfabetismo del pueblo; la trivialidad, vulgaridad o banalidad; la distracción – “que engrupe a la gilada” -; el pasatiempo; las cortinas de humo; la idiotez colectiva de la masa, la obscura indiferencia, y la superflua tontería o pavada, y que en realidad, estén más preocupados, por ciertos programas televisivos, de farándula y frivolidades, antes de pensar, en el destino del país, y la suerte de millones de argentinos, víctimas de las cargas impositivas y tributarias, el incremento de los precios, las facturas y tarifas, el desempleo, el frío, la zozobra, la marginación social y la miseria. Una maestro que, nos haga sentir útiles, a la Patria y a nuestra comunidad, y que nos enseñe a procurarnos el sustento diario, de una manera honesta y decente, lejos de aquellos que, sin trabajar, “viven de arriba, como bacanes”; consiguiendo los recursos económicos, a través de maniobras ilícitas o dolosas, operaciones y actos fraudulentos y, episodios delictivos. Una maestro que, nos ayude a discernir el bien del mal, en medio de una sociedad, con impunidad y corrupción, sin proyectos, sin justicia y sin un adecuado sistema de premios o castigos, donde suelen perder, las personas buenas, honradas y laboriosas, que trabajan y luchan, tenaz y silenciosamente, cada día; y por otra parte, ganan y son exitosos, aquellos individuos, que carecen de trayectoria, violan las disposiciones legales, evaden sus deberes y obligaciones fiscales, delinquen, de un modo manifiesto, y acrecientan sus bienes y sus acervos patrimoniales. Un auténtico maestro, que nos diga siempre la verdad y que combata la soberbia, el egoísmo, la ambición, la mentira, el fraude y el engaño. Un maestro que, nos hable del cambio positivo, la superación edificante, el crecimiento material e intelectual, y el auspicioso progreso, frente a los que no les conviene “cambiar nada”, y promueven y fomentan la mansa resignación y la triste actitud conformista del “más de lo mismo…” El “más de lo mismo”, en una gloriosa República del ayer, transformada hoy, en el “ispa de los chantas, los chorros y el afano”.  Una maestro que, nos recuerde, en todo momento, que los hombres, como los árboles, se conocen por sus frutos.

Y la voz del lunfardo, le bate al Maestro:

Por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal, y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo.

Hace falta un troesma bien genuino, que nos chante el saber, que no se alcanza; un troesma de espiche y enseñanza, para así, remanyar nuestro destino. Un troesma, muy piola y tranquilino, que carbure el embale y la pujanza,  y nos tire sus ondas de esperanza, a través de las biabas del camino… Un troesma, que parle de laburo, el buen morifi, los sueños, el futuro, los debutes valores, la nobleza… Y que nos dé – jamás miente o afana -, ejemplo de honradez, posta y banana, con un cuore de amor y de grandeza.

 

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