Mi credo lunfardo, en la Argentina del siempre lo mismo…

Mi humilde credo lunfardo, para poder seguir transitando  la geografía callejera y urbana, con la frente alta, de valores, honradez y decencia, mi antigua bicicleta Mini Roda y, mi bagaje de ideales, inquietudes y versos…

Hoy, de una manera espontánea y sencilla, sin doblez, simulación ni afirmaciones mentidas y engañosas, quisiera presentar y exponer, mi humilde y sincero credo lunfardo, el cual, en forma totalmente  fiel e ininterrumpida, me viene acompañando, a lo largo y en el curso de la existencia, y constituye para mí, un conjunto de preceptos, normas y reglas de vida, una guía espiritual, brillante y luminosa, un instrumento de acción y noble conducta y, toda una clara bandera de virtudes,  lucha, compromiso,  sueños, ilusiones y esperanzas. Mi credo lunfardo, que ante todo,  reivindica los sagrados valores morales, humanos, patrióticos y espirituales – en la actualidad, infortunadamente, casi olvidados y perdidos -; como asimismo, los buenos, edificantes  y aleccionadores ejemplos, modelos o paradigmas y, la mentalidad, la conciencia y la tan importante cultura del trabajo. Mi credo lunfardo, que me muestra o enseña el correcto sendero del bien;  me impulsa y alienta, en cada uno de mis gestos y procederes, y me transmite, infunde e inculca, el amor hacia el prójimo y los semejantes, la voluntad solidaria y la entrega generosa, la fe y el optimismo, la coherencia en el pensamiento y en los actos cotidianos, el cumplimiento de la palabra y de los deberes, la honradez, la probidad, la rectitud y la transparencia. Mi credo lunfardo, en medio del contexto y la diaria y agobiante realidad, de esta  Argentina del siempre lo mismo, donde todo sigue como está, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada – la impunidad completa y absoluta -, siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina, inexorablemente siendo, siempre lo mismo… Esta Argentina, del chanterío, la corrupción, la permanente improvisación, las antinomias y grietas, el malestar, el descontento, los ajustes y procesos inflacionarios, la recesión, el desempleo,  las injusticias y las desigualdades sociales, en la cual, existe gente que, se ha hecho y se hace rica,  por izquierda, de un modo espurio e ilícito, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, desde el ángulo económico, la persona buena, honesta y laboriosa, que trabaja, y construye, como un ciudadano anónimo, silencioso e inadvertido, esta bendita Patria nuestra, de cada santo día… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre, siempre lo mismo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que, los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo, y los Hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos. Mi credo lunfardo, para tener y conservar, un corazón limpio y puro, y la suficiente capacidad de discernimiento, que me permita diferenciar, lo bueno de lo malo y, la verdad de las mentiras… Menos palabras, y más hechos tangibles y concretos. Mi credo lunfardo, precisamente, para creer, en la acción laboriosa, la obra genuina y evidente, el esfuerzo, el sacrificio,  los auténticos y demostrados méritos y, las realizaciones positivas y valederas. Mi credo lunfardo, consciente  de que, hay un único rumbo posible: Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. Mi credo lunfardo, para poder seguir transitando la geografía callejera y urbana, con la frente alta, de honradez y decencia, mi antigua bicicleta Mini Roda, y mi bagaje de ideales, inquietudes y versos…

Mi credo lunfa, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Creo en  la paz y el buen tipo que labura, con onda posta y fe, sin un afano; y se banca el balurdo cotidiano, las broncas, el bajón, la yeca dura… Creo en la noble honradez, debute y pura, y en ese fiel chabón, que da una mano;  sin los chorros ni el chanta, que cercano, te engrupe con su verso y su figura… Yo creo en la parola del gomía, la verdad, sin traición ni fulería, la mistonga humildad y la enseñanza… Y creo, en la justicia y los valores, el chamuyo rector, de los mayores, el amor más pulenta y la esperanza.

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