Nacimiento del predicador cristiano, Don Pascual Aulisio – Pascualito – (1889)

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El inolvidable predicador cristiano, Don Pascual Aulisio -Pascualito-, todo un aleccionador y hermoso ejemplo, de amor hacia el prójimo, humildad, vocación de servicio y profunda generosidad. Nacido en Italia, el 6 de julio de 1889, falleció en Chivilcoy, el 27 de enero de 1960.

El 6 de julio de 1889, nació en Italia (Provincia de Salerno), bajo el hogar de Don Ángel Aulisio y Doña Rosario Sinaldone, el inolvidable predicador cristiano, y apóstol de la Madre María, Don Pascual Aulisio – Pascualito -; todo un auténtico y singular personaje de nuestra ciudad, quien, por sus distintas virtudes y cualidades humanas, su amplia entrega caritativa, su extraordinaria generosidad, y su profunda y verdadera riqueza espiritual, siempre gozó de la admiración y el sincero afecto, de todo el vecindario chivilcoyano. A la edad de 18 años, resolvió emigrar hacia nuestro país, y llegó a Chivilcoy, el 31 de octubre de 1907. Se radicó en el domicilio, de su tío paterno, llamado Don Alfonso Aulisio, y breve tiempo después, comenzó a desempeñarse, en un campo, propiedad de Don José Giuliano, en cercanías de la localidad rural de Ayarza; desarrollando diversas labores y ocupaciones camperas. Con posterioridad, hubo de establecerse, aquí, en nuestra ciudad, llevando a cabo, tareas de distribución de pan, en un modesto carrito, que solía atravesar las distintas calles urbanas. A raíz de una dolencia crónica, que lo aquejaba desde la época de su infancia – constantes dolores de cabeza, y una pérdida transitoria de la visión -, visitó la casona, de la legendaria Madre María (1854 – 1928), en la calle Rioja Nro. 771, de Buenos Aires, hacia el mes de agosto de 1909, y tras concurrir allí, en varias oportunidades, logró curarse, satisfactoriamente, de dicha afección. Surgió, por otra parte, un vínculo de amistad, cálido y afectuoso, con la propia Madre María, quien lo designó, uno de sus apóstoles, el 16 de agosto de 1919. Meses más tarde, el 19 de mayo de 1920, en su casa familiar, de la calle Dorrego Nro. 291, Don Pascual Aulisio – Pascualito -, inició toda su noble acción, de prédica evangelizadora, a través de la “Misión de la Madre María”, y así, esa antigua finca, se transformó en un genuino santuario y un centro de peregrinación, al que acudía, de un modo diario, muchísima gente, en la búsqueda de aleccionadores y sabios consejos, la fe cristiana, la dulce esperanza, la paz interior, la ayuda espiritual y, el mayor de los consuelos. Pascualito, con una imagen serena y bondadosa, y un entrañable y paternal cariño, recibía a sus fieles y devotos, oriundos de nuestra ciudad, y de diferentes  rincones y puntos geográficos del país. Brindó siempre, en cualquier momento y circunstancia, su auxilio generoso al prójimo; constituyendo un cabal y hermoso ejemplo de amor, entrega, e inmensa solidaridad personal. Pascualito, había contraído matrimonio, con Doña Clara Martorelli, y de esa unión, nacieron dos hijos: Leonardo Pascual, fallecido en plena juventud, en la década de 1940, y Ángel José – Angelito -, el cual, hubo de proseguir, la “Misión de la Madre María”, tras la ausencia de su padre; muriendo de una forma trágica, el 11 de noviembre de 1975. Don Pascual Aulisio, falleció, de un modo súbito o repentino, el 27 de enero de 1960, a los 70 años de edad. El 27 de enero de 1961, al conmemorarse el primer aniversario, de esta luctuosa y tan lamentada fecha, se le tributó a “Pascualito”, un sentido y emocionado homenaje, en el cementerio municipal, donde reposan sus restos. Junto a la bóveda familiar, se procedió a la inauguración, de una magnífica estatua; obra del gran escultor y docente chivilcoyano, profesor Antonio Bardi (1909 – 1988), que hubo de donar el señor, Don Aurelio Lamperti. También, se procedió a la colocación de una placa evocativa, con la elocuente y expresiva leyenda: “Paladín de la Verdad y Poeta del Divino Verbo de Jesús”. En la sala del Salón del Periodismo Chivilcoyano, poseemos un retrato de Don Pascual Aulisio, correspondiente a la década de 1960, que había pertenecido, al inolvidable actor teatral, José «Pepe Ghío», y que fuera donado al Salón, por su propia esposa, tras la muerte de éste, en el año 2001. El recuerdo entonces, para Don Pascual Aulisio – Pascualito -, todo un bello y reconfortante ejemplo de amor hacia sus semejantes, espontánea actitud de servicio, consuelo, apoyo moral y segura guía, por el camino de Dios, el bien, la gracia, la bondad, la fe y la luminosa esperanza. Nunca faltan, flores y oraciones, frente a la tumba de “Pascualito”; claros testimonios, de una devoción duradera, que sigue viva y palpitante, en el corazón popular.

A Don Pascual Aulisio – Pascualito –, por Carlos Armando Costanzo.

A Pascualito, evoco, emocionado, y del ayer rescato su figura. Divina fe, que el alma endulza y cura, bella Misión, virtud y apostolado. De la Madre María, le fue dado, un mandato de mística hermosura: Prédica de Jesús, palabra pura, y apoyo al ser enfermo y agobiado… Nobleza y caridad, de un hombre bueno, con espíritu grande, y siempre lleno, de hondo amor, hacia cada humilde hermano… Patriarca popular, símbolo y mito, eternamente, vive Pascualito, dentro del corazón chivilcoyano. Lo recuerdo, sencillo y bondadoso, con su amor, su hondo ruego y su ternura, su lección de humildad, cálida y pura, su virtud, su consejo y su alborozo. Lo recuerdo, sereno y afectuoso, con su gran devoción y su dulzura; la expresión patriarcal de su figura, y su espíritu siempre fervoroso… Dio su inmenso cariño, a manos llenas, su palabra de fe, curó las penas, hizo el bien, con su prédica admirable… Y al nombrar, otra vez, a Pascualito, del ayer, se levantan, como un hito, su presencia y su imagen imborrable.