Nacimiento del sacerdote, presbítero Pedro Giamichelli, ex párroco de Moquehuá.

Presbítero Pedro Giamichelli (1913-1999).
Presbítero Pedro Giamichelli (1913-1999).

El 11 de mayo de 1913, nació en Chivilcoy, el auténtico y noble sacerdote, presbítero Pedro Giamichelli; un hombre de prolongada y fecunda trayectoria eclesiástica y religiosa, quien a lo largo de su vida, se caracterizó por su genuino sentimiento cristiano, su humildad y sencillez, su hondo espíritu, místico y evangélico, y su entrega abnegada y generosa, hacia el prójimo y cada semejante. Alentado por una vocación, firme y sincera, hubo de ingresar al seminario de Villa Devoto, y tras varios años, de estudio y formación, intelectual y filosófica, recibió su ordenación sacerdotal, el 29 de diciembre de 1935; oficiando su primera misa, en el templo de Nuestra Señora del Rosario, de la parroquia San Pedro, de Chivilcoy, el 1 de enero de 1936. Durante varias décadas, de una sostenida y bienhechora labor pastoral, de prédica, amor, bondad y ternura, ejerció como titular de la parroquia San José, de la localidad de Moquehuá, creada el 1 de agosto de 1954; habiendo asumido dichas funciones, el 8 de agosto, de ese año. En todo momento, cumplió su ministerio, de un modo verdaderamente ejemplar; ganándose, por sus virtudes y cualidades humanas, el mayor respeto y el profundo cariño de la feligresía, el vecindario y la comunidad. Falleció el 14 de agosto de 1999, a los 86 años de edad, y sus restos, desde el 26 de diciembre de ese año, descansan en la iglesia parroquial de Moquehuá; honroso y bien merecido homenaje, a un aleccionador y bello modelo de existencia cristiana.

Al padre Pedro Giamichelli, soneto de Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y del Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo.

Vocación de servir y fe genuina, humildad, devoción, vida piadosa, y una fiel trayectoria religiosa, que nació de la gracia más divina. Evangélico verbo que ilumina, gesto dulce, plegaria silenciosa, y una imagen serena y bondadosa, claro espejo de un alma cristalina. Largos años de prédica incesante, lucha, empeño, fervor, nervio pujante, misas, súplicas, gozo y amor pleno… Sacerdote cabal – cruz y entereza -, que asumió con virtud y fortaleza, el designio de Cristo Nazareno.

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