Oración lunfarda de Navidad

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La tradicional y jubilosa celebración de una nueva festividad navideña, en honor del nacimiento de Jesús, el Mesías Salvador y Redentor del mundo, nos está invitando hoy, a una reflexión, seria y profunda, acerca de la auténtica y divina esencia, y el hondo y elevado espíritu de la Navidad, más allá de las reuniones, de índole familiar, el ornamentado y luminoso arbolito, las guirnaldas, los regalos y, los manjares y deleites gastronómicos. Una reflexión, que analiza el genuino sentido de la celebración navideña, como un tiempo, muy particular, en nuestras vidas, para llevar a cabo, en el interior de nosotros, un necesario y saludable cambio. Un cambio real y concreto, que modifique nuestro pensamiento, nuestra mentalidad y nuestra propia conducta, con gestos y actitudes diferentes. Un cambio que, nos impulse, a obrar de una manera distinta, tendiéndole una mano fraternal y generosa, al prójimo y a cada uno de los semejantes. Un cambio que, haga de nosotros, personas más nobles, más buenas y solidarias, consideradas útiles y provechosas, dentro de los más diversos ámbitos y espacios sociales. Un cambio veraz y convincente, acompañado por el claro testimonio de nuestros procederes habituales; no el cambio ficticio, de “El Gatopardo”: “Hay que cambiarlo todo, para que nada cambie”, o de tantos resonantes anuncios, puramente verbales, de presuntas y milagrosas transformaciones futuras, las cuales, concluyen, en el inexorable cuadro de situación, de siempre: “No cambia nada, no pasa nunca nada, todo queda en la nada, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina siendo, más de lo mismo” (El fatal y deprimente círculo vicioso del “más de lo mismo”, al que el país, infortunadamente, ha sido condenado). Ahora más que nunca, debemos aspirar a un verdadero cambio, recuperando, reivindicando y resaltando, los principios éticos y los valores morales y humanos; la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza; el amor, la humildad, la honradez, la noble lucha, el respeto, la justicia, la rectitud y la mejor transparencia. Un verdadero cambio, en favor del país, y para el venturoso futuro de la Patria, con una nueva sociedad, donde triunfen las personas buenas, honestas y laboriosas, y la abnegada, sacrificada y sufrida clase trabajadora, deje de padecer, las penosas consecuencias, de las pesadas cargas tributarias, los aumentos, las crisis financieras, los recortes económicos, el empobrecimiento, la marginación y la miseria. Un cambio que, nos aleje de la corrupción y de la impunidad, instaurando un sistema de premios y castigos, y el imperio de la sagrada justicia.  Un verdadero cambio, eligiendo el camino del trabajo digno y la educación enriquecedora, instrumentos fundamentales, para el desarrollo y el progreso de los pueblos. Debemos predicar y sembrar, cada día, con el buen ejemplo de vida, porque los hombres, como los árboles, se conocen por sus frutos.

Oración navideña, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal, y del Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y de la Academia Porteña del Lunfardo.

Yo te pido, Jesús, mi buen gomía, con pulenta emoción y un flor de anhelo, una azul Navidad, de posta cielo, lunga paz y un chamuyo de alegría. Yo te pido, un gran ispa de armonía, la amistad, tu presencia de consuelo, y una vida sin chantas ni camelo, chorros, garcas, afano y fulería… Yo te pido, – parola simple y pura -, una azul Navidad, sin mishiadura, donde nadie, se sienta un triste otario… Navidad del amor – linda enseñanza -, la justicia debute y la esperanza, con un cuore feliz y solidario. Y que al final, Jesús, en esta cheno, de un modo bien sincero y remanyado, cada uno de nosotros, sea más bueno, más frate y generoso, y más honrado.