Perder el tren y el Lunfardo (No perdamos el tren de la Argentina)

 

El tren de las grandes oportunidades, suele pasar una sola vez…Ojalá, que la Argentina no pierda el tren de la historia…

Después de esta larga cuarentena social, preventiva y obligatoria, por el amenazante flagelo del Coronavirus, quiera Dios que la Argentina, en un futuro próximo, no pierda el tren de los valores, la conciencia y la sagrada cultura del trabajo, la producción económica y la generación de riqueza.

El tren, de un claro y auténtico proyecto de país, trabajador, pujante y progresista.

Sólo salvará al país y a la sociedad, la recuperación de la cultura del trabajo, la verdad, la honradez, la nobleza, el patriotismo y la transparencia… De lo  contrario, perderemos el tren de la Argentina…

El tren de las grandes oportunidades históricas, pasa una sola vez… una sola y única vez… Quiera Dios que, después de cumplida la etapa obligatoria de esta Cuarentena social y preventiva, la Argentina no pierda el tren de los principios éticos y los valores morales, humanos y espirituales; el tren de la mentalidad, la conciencia y la sagrada cultura del Trabajo; el tren de las actividades productivas, la generación de riqueza, el desarrollo económico y el progreso; el tren que conduzca al país, hacia un destino venturoso y esperanzado…

Si perdemos ese tren, infortunadamente, nos quedaremos con el corazón triste y vencido, el alma desamparada, los brazos cruzados y las manos vacías, enclavados y hundidos, en el obscuro y eterno círculo vicioso de la Argentina del siempre lo mismo… La Argentina donde las cosas siguen como están, no cambia nunca nada, no pasa nada, todo queda en la nada – la impunidad total y absoluta -, siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo, siempre lo mismo… La Argentina, en la que siempre pierde, se empobrece, se perjudica, y hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja…

No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo y, los Hombres como los árboles, se conocen por sus propios frutos…

No perdamos el tren del auténtico y verdadero cambio; el tren, de un claro y definido proyecto de país, tenaz, pujante y progresista; el tren, de la Educación, la Honestidad y el Trabajo…

Perder el tren, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

No perdamos el tren de la Argentina, ese tren tan debute del laburo, el embale mayor – fato seguro -, y una fuerza pulenta y bien genuina. No perdamos el tren de la matina luminosa y fachera del futuro, con un kilo de sueños, posta y puro, y una linda sonrisa, en cada esquina… No perdamos el tren de los valores, sin más verso ni afanos tentadores, sin tramoyas, balurdo y desconfianza… Ese tren de la paz – flor de bandera -, la honradez, la ilusión en la piojera, un gran cuore de amor y la esperanza. No dejemos que pase inadvertido, frente al cacho solari del andén, y después chamuyemos al oído: ¡Qué tristeza, chabón, perder el tren!

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