El delicioso e inolvidable Prado Español de Chivilcoy, inaugurado el 25 de enero de 1920.  Las fiestas populares, del mes de enero de 1923.

El capítulo recordativo de la fecha, lo dedicaremos a la sentida y nostálgica evocación, del delicioso e inolvidable Prado Español, de nuestra ciudad, un lugar cautivante y maravilloso, de sana alegría, mágico ensueño, particular fascinación y, romántico embeleso, que a lo largo de muchos años, constituyó un muy concurrido espacio, de diversión, colorido, recreación, belleza y esparcimiento, para toda nuestra comunidad chivilcoyana; siendo el magnífico y singular escenario, de clásicas y pintorescas romerías, kermeses y estupendas y muy celebradas fiestas populares, con innumerables espectáculos  artísticos, bailes típicos, de jotas y pasodobles,  al compás de los gaiteros, intérpretes musicales y orquestas, calesitas, hamacas, diferentes juegos, un curioso “trencito”, consistente en una locomotora y seis vagones, donde podían viajar, alrededor de setenta pasajeros, y todo tipo de llamativas atracciones, como la ruleta, el sapo y el tiro al blanco.

La feliz  y ponderable iniciativa, de la creación y construcción de dicho Prado, hubo de surgir en el seno de la Asociación Española de Socorros Mutuos, de Chivilcoy (Antigua y prestigiosa institución, fundada el 9 de Julio de 1870), a través del propio presidente de la entidad, el señor Santamaría, quien solicitó a la asamblea de asociados, en el nombre de la Junta Directiva, “la debida autorización, a fin de adquirir un terreno que será destinado a Prado Español, con el objeto de celebrar en él, una vez, en condiciones, fiestas populares y demás atracciones que se consideren convenientes, para los intereses de la Sociedad Española”. La citada asamblea, de un modo unánime, otorgó la respectiva autorización, y poco después, se llevó a cabo, la correspondiente operación inmobiliaria, por la cual, Don Juan Manuel Muñogorri e Iparraguirre, vendió en la suma de seiscientos pesos, a la Asociación Española de Socorros Mutuos, un predio, con una amplia superficie, de 27.225 metros cuadrados, situado sobre la avenida Güemes, entre las calles Maipú y Pringles. Así nos informamos, mediante la fiel constancia, del Acta de la entidad, fechada el 2 de julio de 1919. Posteriormente, se hubo de conformar una comisión, que tendría a su cargo, la organización y administración del Prado Español, a los efectos de su funcionamiento y el desarrollo de las diversas actividades recreativas. Integraban la mencionada comisión, los señores Santamaría, Dorrego, Álvarez, Fernández, Abalos, Suárez, Varias y Mugica, según lo indicado por el Acta, del 12 de diciembre de 1919. La resonante y trascendental inauguración, bajo un clima y una atmósfera, de espontáneo y profundo alborozo, se realizó el 25 de enero de 1920, con jubilosas romerías y fiestas populares, donde participaron, de una manera abierta y franca, numerosas familias chivilcoyanas. Estas romerías, que se efectuaban, desde diciembre hasta el mes de marzo, los días jueves, sábados, domingos y feriados, congregaban a muchísimo público lugareño;  interviniendo, sincera y entusiastamente, distintos grupos y sectores, de nuestra comunidad.

En 1921, como una inquietud, del entonces presidente de la Asociación Española, Don Manuel Brocos, se hubo de instalar, un popularizado “trencito”, que contaba con una locomotora y seis vagones, para el transporte de unos setenta pasajeros. Dicho “trencito”, comenzaba su travesía, en una estación próxima, a la entrada principal del Prado, y después, atravesaba un tenebroso túnel de misterio,  que atemorizaba a los niños; presentando imágenes y figuras terroríficas, de monstruos y fantasmas. También, mediante una pantalla, de apreciables dimensiones, se ofrecía una función cinematográfica al aire libre, proyectándose películas mudas, de la época. Asimismo, solían encenderse, en horario nocturno, brillantes y luminosos fuegos artificiales; todo un especial y verdadero deleite, para los presentes.

A lo largo de muchos años, de una intensa e ininterrumpida labor, se brindó al público, una gran cantidad de espectáculos artísticos y musicales, con intérpretes y conjuntos locales, y orquestas porteñas, de entonces: Feliciano Brunelli, Francisco Canaro, Héctor Varela, Juan D’Arienzo, Oscar Alemán, Enrique Rodríguez, Alfredo D’Ángelis; sumándose también, conocidos cantores de Radio Splendid, y distintas emisoras capitalinas.

El cautivante y memorable Prado Español, desapareció finalmente, a principios de la década de 194º, y tiempo después,  el siempre recordado fotógrafo y realizador cinematográfico, Ignacio Tankel – Ignacio Tankelevich . (1912 – 1984), hubo de establecer y montar allí, en dicho sitio, un estudio de cine, denominado “Oeste Film”, donde se rodó la película “La Sombra del pasado”, entre los meses de agosto de diciembre de 1946; estrenándose, con posterioridad, en la sala del cine – teatro “Metropol”, un día patrio, 25 de Mayo de 1947.

Años más tarde, en aquel lugar, se procedió a la instalación del establecimiento fabril “Torque”, una industria metalúrgica, que fabricaba engranajes, diferenciales y distintas piezas, de automóviles y máquinas agrícolas. La citada empresa, se había creado, el 5 de julio de 1956, y funcionó, en forma sostenida, hasta la década de 1970, cuando distintas razones y circunstancias, de índole económica y financiera, la obligaron a cesar en su actividad productiva.

En 1993, a través de una ordenanza, sancionada por el Honorable Concejo Deliberante, de nuestra ciudad, fueron declarados “Monumentos Históricos”, el Teatro Español y el edificio de la Asociación Española de Socorros Mutuos, ubicados sobre la avenida Soarez, en la intersección con la calle General Rodríguez, y el “Arco de entrada”, del viejo y querido Prado Español.

Las Fiestas del Parque o Prado Español, en el mes de enero de 1923

Los días 1, 6 y 7 de enero de 1923, hubieron de realizarse, en los ámbitos del Prado Español, de nuestra ciudad, las ya clásicas “Grandes Fiestas Españolas, patrocinadas por la Asociación Española de Socorros Mutuos”. El respectivo anuncio, publicado en la página 4, del diario vespertino “La Tarde”, del 3 de enero de 1923, señalaba que, dichas Fiestas, se realizarían  “los días 1, 6 y 7 de enero de 1923, para continuar los sábados, domingos y días feriados, durante toda la temporada de verano”. El programa, de aquella celebración popular, incluía “Dianas y Retretas por la banda de música, rondallas de gaitas y dulzainas, tren de circunvalación, hamacas, tiro al blanco y a los patos, carreras de embolsados, conciertos, pabellón de bailes, fuegos artificiales, ruedas de bombones y juguetes y Gran Bazar”.

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