Recordación del maestro normal, Don Carlos Armando (1905 – 1987).

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El maestro normal, Don Carlos Armando (1905-1987), quien a lo largo de su trayectoria educativa, fundó cinco escuelas primarias, en la provincia de Río Negro, durante las décadas de 1940 y 1950.

El maestro normal, Don Carlos Armando (1905-1987), quien a lo largo de su trayectoria educativa, fundó cinco escuelas primarias, en la provincia de Río Negro, durante las décadas de 1940 y 1950.

Recordamos hoy, con sincera y sentida emoción, y un humilde propósito de modesto reconocimiento y homenaje, la figura del maestro normal, Don Carlos Armando, quien a lo largo, de más de tres décadas, de una ardua y sostenida labor pedagógica, hubo de cumplir, una infatigable trayectoria educacional, como docente de grado, y en calidad de vicedirector y director de escuelas. Nacido el 31 de marzo de 1905, en el hogar de Don Carlos Armando y Doña Cristina Laurito, cursó sus estudios de magisterio, en las aulas de la Escuela Normal “Domingo Faustino Sarmiento”, de Chivilcoy, obteniendo en el año 1926, el correspondiente diploma de “maestro normal nacional”. El 20 de junio de 1928, se lo designó, en la Escuela Nro. 9, de la localidad de General Conesa, ubicada en el entonces Territorio Nacional de Río Negro, y allí, desarrolló una entusiasta y significativa tarea, alcanzando la conducción, del citado establecimiento de enseñanza. Asimismo, en diferentes lugares de dicha provincia – declarada tal, a mediados de la década de 1950 -, hubo de promover y gestionar la fundación de cinco nuevas escuelas, y en su desempeño, dinámico y laborioso, se caracterizó por una apreciable cantidad de proyectos, iniciativas e inquietudes, educativas, sociales y culturales: Creación de la biblioteca y el museo escolares, plantación de árboles y conformación de una huerta, dictado de cursos y conferencias, tarea de corresponsal periodístico e informativo, del matutino porteño “La Nación” y del diario “La Voz de los Territorios”, etc. Hacia 1957, se lo nombró director de la Escuela primaria Nro. 106, de la localidad de Coronel Mom (Distrito de Alberti), y en 1960, se acogió a los respectivos beneficios jubilatorios. Poco tiempo después, en esa década del 60, hubo de habilitar, en su propio domicilio, una pequeña escuela, de índole particular, y durante los meses de vacaciones y receso escolar (Enero, febrero y principios de marzo), junto a su hermana, la educacionista, Ángela Armando (1906 –  1978), dictaba clase e impartía lecciones gratuitas, a los distintos niños del barrio: Repaso de temas, de los grados anteriores, nociones de castellano y de historia argentina, las reglas de la aritmética, y las tablas de multiplicar, etc. Además, entre 1969 y 1979, ejerció el cargo de Agente Fiscal, en el Juzgado de Paz, de nuestra ciudad, cuando estaba al frente de dicho Juzgado, como Juez de Paz lego, Don Salvador Pedro Costanzo. En el mes de abril de 1983, al conmemorarse el centenario de la Escuela Nro. 9, de General Conesa (Río Negro), fue objeto de un justiciero homenaje, por toda su actividad pedagógica. Falleció en Chivilcoy, a los 82 años de edad, el 16 de agosto de 1987. Hoy, que puede observarse en el país, un sistema educativo, penoso y deficiente, donde se nivela e iguala, permanente, hacia abajo, y se ofrecen resultados y rendimientos, paupérrimos y deplorables, en una constante línea descendente, que nos lleva, de un modo inevitable, a la incultura, la ignorancia y el analfabetismo; hemos deseado enarbolar, el digno ejemplo, del maestro normal, Don Carlos Armando, por su auténtica vocación educadora, su entereza moral, su honradez y rectitud y, su fiel y comprometido trabajo, al servicio de la Patria y la instrucción pública, chivilcoyana y argentina.

A mi padre, el maestro Don Carlos Armando, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Hoy, lo nombro, y resurge en la memoria, su figura de ayer, – clara presencia -, su especial vocación por la docencia, sus valores, su acción y trayectoria. Hoy, lo nombro, y renace su amplia historia, de trabajo, virtudes y paciencia; su profundo fervor –  íntima esencia -,  su saber y su entrega tan notoria. En el sur, bajo el cielo rionegrino, fue forjando su temple y su destino, fundó escuelas, luchó con gran pujanza… Y nombrándolo, lleno de emociones, hoy, florecen de nuevo, sus lecciones, y su ejemplo de vida y de enseñanza.