Recordando a la Hermana Laura Barbieri (1939 – 2019).

Todo un profundo sentimiento, de sincera y amplia consternación, ha suscitado la desaparición física, de la Hermana Laura, del Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, de Chivilcoy, fallecida en Buenos Aires, a la edad de 79 años, el 14 de marzo de 2019, como consecuencia, de las lesiones que sufriera, pocos días, antes, el 3 de marzo, a raíz de un accidente automovilístico, registrado sobre la ruta nacional Nro. 5, kilómetro 152. Permaneció internada, en el Hospital Municipal, de nuestra ciudad, y posteriormente, se la trasladó a una clínica porteña, donde dejó de existir. Sus restos, fueron velados en la capilla, del Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, del barrio capitalino, de Villa Devoto, tras lo cual, se inhumaron en el cementerio de Flores; oficiándose una misa de cuerpo presente.

Nacida en 1939, bajo el nombre de Dora Beatriz Barbieri, en la etapa de su juventud, supo escuchar la voz y el tierno y persuasivo llamado de Cristo, ingresando entonces, a una vida religiosa, que transitó después, de una manera serena y apacible, con gran vocación de servicio, total compromiso, larga paciencia y, admirable fidelidad. Durante varias décadas, de una trayectoria firme y sostenida, se desempeñó en los ámbitos, del antiguo y ya tradicional, Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, de Chivilcoy; desarrollando allí, en cada momento y circunstancia, una empeñosa y fructífera labor. Activa y diligente, de trato cordial y afectuoso, y de una fluida simpatía,  hubo de consagrarse a la tarea cotidiana, renovando, día a día, el mejor de sus entusiasmos realizadores, y así, fue cumpliendo, los diversos trabajos encomendados, con la verdadera bondad, la espontánea dulzura y, la auténtica y límpida alegría, que emanaban, fresca y naturalmente, del fondo de su corazón, y de su especial personalidad. Con una aureola de humildad, sencillez, gracia y pureza, en cada una de sus nobles acciones, actitudes y procederes, pronto logró conquistarse, la respetuosa consideración y el hondo  cariño, del alumnado, el cuerpo de profesores, y toda la comunidad del Colegio; los cuales, apreciaron y valoraron, dignamente, sus diferentes cualidades y virtudes personales. Esas virtudes que, en las suaves y sutiles manos de un sueño eterno, la han llevado ahora, hasta un bello Cielo de azul remanso, sublime gloria y feliz bienaventuranza.

Hoy, seguramente, habrá de parecer, tal vez, distinto – acaso, más frío, silencioso y desierto -, el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, sin la fraternal y ya característica presencia, de la querida Hermana Laura. Pero, en la atmósfera y en el aire, de los más variados espacios, lugares y rincones, de dicho establecimiento educativo, – las aulas y salones, los patios, los pasillos y las habitaciones, de esa casa -, quedarán para siempre, como un ángel de consuelo y esperanza, su piadoso espíritu evangélico, la intensa luminosidad de su imborrable recuerdo y, su aleccionador y honroso ejemplo de hermosa vida; un ejemplo que, nos ayudará a ser más buenos, humildes,  generosos y solidarios, frente a Dios y a nuestros semejantes.

Décima a la Hermana Laura, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.

Espíritu de dulzura, profunda gracia y pureza; sentir de gozo y nobleza, y un corazón de ternura. Hoy, evoco su figura, de fe, servicio y bondad, y sé, con seguridad, que llena de luz y calma, siempre ha de estar en el alma, de nuestra comunidad.

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