Recordando a la ejemplar docente, Doña Luisa Henry

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La caracterizada y ejemplar docente francesa, Doña Luisa Henry, directora de la Escuela primaria Nº 2 «Dr. Antonio Bermejo», junto al personal educativo, de dicho establecimiento (Década de 1890).

La página evocativa de hoy, rememora, de una forma legítima y altamente justiciera, la reconocida figura, de la ejemplar docente, Doña Luisa Henry, una mujer, de auténtica y profunda vocación, hacia la instrucción pública, amplia y manifiesta capacidad pedagógica y, estimables valores, humanos, morales y espirituales; quien a lo largo de muchos años, de una prolongada y rica trayectoria, hubo de cumplir, aquí, en nuestro medio, una muy significativa y admirable labor, al servicio de la niñez, el saber y la enseñanza.

De origen francés, había nacido en 1853, y a la tierna edad de seis años, arribó, con sus progenitores, a la Argentina y Buenos Aires, donde cursó sus estudios elementales o primarios. Tiempo más tarde, cuando contaba con apenas, dieciocho años, la presidenta de la Sociedad de Beneficencia, le otorgó una designación como maestra o preceptora, en nuestra ciudad; llegando luego, a Chivilcoy, en compañía de su madre y de su hermana Elena, de seis años de edad (Nacida en 1866), el día 3 de abril de 1872. El 6 de abril, comenzó a desempeñar, sus funciones educativas, donde volcó, jornada tras jornada, todo su entrañable y dulce cariño a la infancia, su tan empeñosa laboriosidad, sus numerosos proyectos e iniciativas y, sus mejores esfuerzos, afanes y sueños.

Hubo de ejercer su tarea, en diferentes establecimientos locales: En 1877, se la nombró, directora de la Escuela Nro. 3 “Dr. Nicolás Avellaneda” (Fundada en 1867), siendo maestras de grado, las docentes, Mercedes Olivan y Teresa Calderón, y en 1878, se la designó directora, de la Escuela Nro. 2 “Dr. Antonio Bermejo” (Creada en 1866); desarrollando la actividad, como maestras de grado, la docente, Martina Suasnaba, y su propia hermana, Elena Henry. La cantidad de alumnos, ascendía a 130. En el año 1890, la vemos también, en calidad de directora, de la Escuela Nro. 2, la cual, se encontraba ubicada, sobre la calle 49 Nro. 46, entre las arterias, 52 y 54. El citado establecimiento, poseía un total, de cinco aulas o salones, concurriendo a las clases, 181 alumnos. Junto a Doña Luisa Henry, se desempeñaban, como maestras de grado, las docentes, Ramona Bacigaluppi, Luisa Chirolo, su hermana, Elena Henry, Juana Esquinoz, Josefina Mouthon, Florinda Bozo, Elina Antuña, Elvira Celaya y Amelia Imassi; cumpliendo funciones, de profesor de francés, Don Augusto Panniset.

Fachada de la Escuela primaria Nº 3 «Dr. Nicolás Avellaneda», cuya dirección, en la década de 1870, estuvo a cargo, de la notable educadora, Luisa Henry (Fotografía de fines del siglo XIX).

Doña Luisa Henry, hubo de proseguir, su formación profesional, en la ciudad de La Plata, y fue, sin dudas, la firme y sólida guía rectora, la luminosa antorcha, y la amplia y generosa bandera, de distintas generaciones, de maestras lugareñas.  A la ya desaparecida Escuela primaria Nro. 50, situada en el cuartel XI, de nuestro distrito, entre Moquehuá y la localidad de Villa Moll, se le impuso el ilustre e imperecedero nombre, de Luisa Henry, esta emblemática y gran docente, cuya gloriosa figura, – genuino símbolo, arquetipo o paradigma -, honró y enalteció, con su trabajo didáctico, la historia, el desarrollo y el sentir, de nuestra educación chivilcoyana.

A la maestra, Doña Luisa Henry, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Ejemplo de mujer educadora, que de un modo feliz, con gran ternura, le entregó a la niñez, sencilla y pura, su vida de fecunda luchadora. Fiel vocación, conciencia formadora, gesto de amor, palabra de dulzura, y espíritu de límpida blancura, que brindaba su acción, tan bienhechora… Luisa Henry: Maestra verdadera, fervor profundo, fibra tesonera, calidez y labor infatigable… En el rico historial de la enseñanza, como símbolo eterno, de esperanza, brilla el sol, de su nombre inolvidable.