Recordando el Pabellón de Bacilosos, del Hospital Municipal de Chivilcoy.

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El Pabellón de Bacilosos, del Hospital Municipal de Chivilcoy. Comenzó a funcionar, a principios de la década de 1940, y cumplió, una ardua y fecunda labor asistencial, durante muchos años de incesante actividad. En dicho lugar, se encuentra ubicado, en la actualidad, el Hogar Geriátrico Municipal «San José», oficialmente, habilitado, el 29 de agosto de 1987.

Evocamos hoy, el antiguo y tan significativo Pabellón de Bacilosos, del Hospital Municipal, de nuestra ciudad, el cual, a lo largo de varias décadas, de una intensa y muy fecunda labor asistencial, hubo de cumplir, una ejemplar y admirable trayectoria; hallándose destinado, a todos aquellos pacientes, enfermos de tuberculosis o tisis. La denominación de “Bacilosos”, proviene del “Bacilo de Koch”, causante de la citada afección o enfermedad, que descubrió el eminente médico alemán, Roberto Koch, nacido en 1843 y fallecido en 1910. Comenzó sus actividades, a principios de la década de 1940, y se extendió, durante muchos años, de un infatigable y valioso trabajo. El mencionado Pabellón, conocido también, con el nombre de la “Sala Moras”, se hallaba, de un modo fiel y excelente, bajo la organización y dirección, del relevante y prestigioso médico tisiólogo chvilcoyano, Dr. José Saturnino Moras, quien a lo largo de su ardua y ponderable tarea, hubo de contar, con la valiosa colaboración, de los médicos, Dres. Francisco Elósegui y Néstor Javier Domínguez Garnier, y del bioquímico, Dr. Roberto Rangogni. Asimismo, desde el ángulo económico y financiero, a los efectos de un mejor funcionamiento terapéutico, dicho Pabellón, solía recibir, sendas subvenciones, de la provincia de Buenos Aires, y de la esfera nacional, como también, la espontánea y magnánima contribución, del vecindario de nuestra ciudad; sumándose a ello, la existencia de una Junta de Lucha Antituberculosa. Esta Junta, se encontraba presidida, por el odontólogo, Dr. Manuel A. Ghigliazza Biaus, siendo el resto de sus miembros, el Dr. Alejandro Báncora, el Dr. Néstor Javier Domínguez Garnier, Don Ismael Talento, Don Heriberto Handley, el Dr. César Díaz, Don Juan Martín Dagorret, El Dr. Francisco Elósegui, Don Julio Lauga, Don Ramón Péllico, Don Alfonso R. García, Don Diego Mindurry Moras, Don Horacio A. Elustondo, el Dr. Juan A. Larrañaga y Don José Ramón García.

El Dr. José Saturnino Moras (1907-1976), una honrosa personalidad de la medicina chivilcoyana.

Notable y caracterizada figura, de nuestra medicina chivilcoyana, el Dr. José Saturnino Moras, hijo del destacado médico veterinario, docente y hombre público local, José María Moras, nació el 1 de abril de 1907, y cursó sus estudios secundarios, en las aulas del viejo Colegio Nacional “José Hernández”, obteniendo su diploma de bachiller, en 1924. Luego, ingresó a los claustros, de la Facultad de Ciencias Médicas, de la Universidad Nacional de Buenos Aires, graduándose de médico, a los 23 años de edad, en 1930. Con posterioridad, alentado por un noble y elevado anhelo de superación, y un claro propósito de especializarse, prosiguió, su seria y profunda formación profesional; recibiéndose así, de Médico Tisiólogo, y estando además – auténtico y legítimo orgullo -, entre los primeros veinte facultativos, graduados en Tisiología, dentro de nuestro país. Singular artífice, organizador, propulsor y director del “Pabellón de Bacilosos”, fue, además, miembro correspondiente, de la Sociedad Argentina de Epidemiología y Lucha contra las Enfermedades Infecciosas, y representante del “Instituto Penna”, de la Facultad de Ciencias Médicas, porteña; formó parte, de distintas delegaciones, de médicos, que viajaron al exterior, como por ejemplo, la hermana República de Chile; ofreció conferencias y disertaciones, de divulgación científica, etc. De hondas y firmes convicciones morales, extraordinaria vocación de servicio y, una proverbial generosidad, el Dr. José Saturnino Moras, falleció, a los 69 años de edad, el 2 de abril de 1976. Tiempo más tarde, a la calle Nro. 95, de nuestra ciudad, se le impuso, su ilustre y querido nombre. Sin dudas, una genuina y verdadera gloria, del prolongado y rico historial, de la ciencia médica, de Chivilcoy.