Reflexión lunfarda: El buen ejemplo, en el país del más de lo mismo…

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La reflexión lunfarda, del día de hoy, nos invita a meditar, sobre la singular importancia del buen ejemplo, en el seno de la familia y el hogar, la sociedad, los pueblos y las naciones. Ese buen ejemplo de vida, que transmite e infunde, principios éticos y valores morales, humanos, patrióticos y espirituales. Ese buen ejemplo, que va sembrando, su pequeño grano de amor, humildad, honradez, nobleza, modestia, verdad, vocación de servicio, solidaridad, entrega y actitud, fraterna y generosa, y nos ayuda, también, a ser mejores; acaso, más justos, benévolos, piadosos y misericordiosos, con el prójimo y cada uno de nuestros semejantes.

Ese buen ejemplo, que nos inculca, elevados pensamientos y convicciones, e ideas positivas, edificantes y sanas. Ese buen ejemplo aleccionador, que nos invita a emular, aquellas acciones del Hombre, llenas de afecto sincero, espontánea magnanimidad, profunda grandeza moral y, valiosa ayuda, al desvalido y el necesitado; tendiendo una mano, amplia y franca, de auxilio, asistencia, comprensión, consuelo y esperanza. Bien se ha remarcado que, “un buen ejemplo, representa y sirve mucho más, que miles de vanas y de meras palabras”, porque en definitiva, al igual que los árboles, se nos conoce y aprecia, por nuestros propios frutos, es decir, la conducta diaria, el gesto cotidiano, las actitudes, las obras, llevadas a cabo, y las concretas y efectivas realizaciones.

El buen ejemplo, modelo, paradigma o arquetipo, en medio del triste y desalentador contexto, de un país y de una sociedad contemporánea, donde surgen, crecen, abundan, pululan y se multiplican, de una manera alarmante y asombrosa, los malos, ruines y deleznables ejemplos: La corrupción, el peculado, el enriquecimiento ilícito, la carencia de justicia, las promesas incumplidas, la sistemática mentira, la falta de límites y de parámetros morales… El buen ejemplo, dentro del esquema preestablecido, y el eterno círculo vicioso, del país del “más de lo mismo”, donde infortunadamente, no cambia nada; nunca pasa nada; siempre queda, todo en la nada; se habla mucho, de lo mismo; todos son iguales; todo da lo mismo y, todo termina, al final, siendo, más de lo mismo…

Hoy, necesitamos, como país y sociedad organizada, la consagración del buen ejemplo: ese buen ejemplo, que predica y que siembra, de un modo constante, en beneficio del presente, y con ojos y visión esperanzada, de futuro. El buen ejemplo, para alejarnos del mal camino, y ser ciudadanos dignos y mejores…

El buen ejemplo, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Yo quisiera, che, Dios, humildemente, ser ejemplo mistongo, en esta vida, de pulenta y de lucha sostenida, forte embale y aguante permanente. Ser ejemplo debute, ante la gente, de onda alegre y parola divertida, con el cuore feliz – minga de herida -, y la jeta, más límpida y sonriente… Ser ejemplo, de parla bien sincera, amistad sin camelo, verdadera, honradez de conducta y buen laburo… Y al final, predicando mis valores, con un cacho de sueños y unas flores, campanear la esperanza del futuro. Oíme, Dios, el chamuyo que te envió, de este modo espontáneo y muy canchero, y que lejos de tanto chanterío, siempre siga, mi posta y fiel sendero.