Reflexión lunfarda: El buen camino…

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Alejémonos, de la senda del «Más de lo mismo», donde, infortunadamente, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales y, todo termina siendo, más de lo mismo… Esta senda, sin resultados concretos, tangibles y valederos, no conduce, por desgracia, a ninguna parte… No podemos esperar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo… Elijamos, por el contrario, ese buen camino de la educación y del trabajo, con un sentido fructífero y constructivo, y una visión luminosa, de horizonte y gran futuro… Quizá éste, sea el tiempo de los buenos ejemplos morales, los hechos, las obras y las realizaciones… No nos engañemos, con las afirmaciones verbales y las meras y vanas palabras: «Los hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus frutos».

El acento canyengue y reflexivo del lunfardo, nos invita hoy, a meditar sobre la especial importancias, del buen  camino de nuestra vida. Ese camino del amor, la humildad, la honradez, el trabajo, la justicia, la verdad, la fidelidad,  la solidaridad, el sentido fraternal y la transparencia, que nos conduce, por la firme y segura ruta del bien, las virtudes humanas, los principios éticos y los valores morales. Ese camino, que nos acerca a las cosas buenas, edificantes y positivas, y nos aleja de la maldad, la deshonestidad, la corrupción y los vicios terrenales. Ese camino, que nos hace más nobles, solidarios y generosos, distanciándonos, de las mezquindades, los odios y rencores, la soberbia, la mentira, las vanidades del mundo, la envidia y, el egoísmo. Ese camino, acaso, tan difícil de transitar, en medio del contexto de una sociedad y de un país, donde prevalecen, las ambiciones materialistas, la deslealtad, la indiferencia, las maniobras fraudulentas y delictivas, el objetivo doloso, la perversidad y, la notoria y manifiesta corruptela. Una sociedad y un país, acaso envueltos, en el círculo vicioso e inevitable, del eterno “más de lo mismo”, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo suele quedar en la nada, siempre se habla y debate mucho, de lo  mismo, todos son iguales, todo da lo mismo, y todo termina, fatalmente siendo, más de lo mismo. Una sociedad y un país, donde se iguala y nivela, de una manera permanente, hacia abajo – en particular, dentro del ámbito educativo -, acentuando y profundizando así, la incultura, la carencia de formación intelectual y de conocimientos, la grave y peligrosa ignorancia, y el deplorable y atroz analfabetismo. Hoy, más que nunca, los argentinos, debemos reencontrarnos, con ese buen camino, para soñar después, un porvenir halagüeño y venturoso; un promisorio y esperanzado porvenir, en el que se recuperen, para bien de todos nosotros, la conciencia, la mentalidad y la cultura del trabajo, el esfuerzo, la educación y el estudio; como asimismo, los principios de la ética, y los valores morales, humanos y espirituales. Hoy, más que nunca, debemos comenzar a recorrer, el camino de la educación y del trabajo, resaltando los dignos y ponderables ejemplos de vida. Ejemplos que, representan mucho más, que miles de promesas y afirmaciones verbales, que no tienen substancia ni contenido alguno… Prediquemos, sembremos y hagamos Patria, diariamente, con nuestro propio ejemplo, de conducta honesta, recta y proba, porque los hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus frutos…

El buen camino, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña de Lunfardo.

 Yo elegí, pajarón, este camino, de onda piola, de sueños y laburo, humildad, honradez y cuore puro, linda paz y apoliyo tranquilino… Yo elegí, che, merluza, este destino, de pulenta tenaz y aguante duro, con un cacho de embale y de futuro, y un chamuyo sincero y cristalino… Yo elegí, este sendero, sin afano, de la fe y el jotraba cotidiano, la verdad, la justicia y la enseñanza… Y así voy, por la yeca, che gomía, mientras siembro, en el rioba, cada día, un montón de amor posta y de esperanza. Qué el Señor y los yornos de la vida, – te lo bato, clarito, fiel Pepino -, me mantengan, en forma sostenida, junto al cielo feliz, del buen camino.