Reflexión lunfarda: Cachito de esperanza, por Carlos Armando Costanzo.

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510662519La esperanza, una de las tres divinas virtudes teologales, con toda su fuerza optimista, su espíritu halagüeño y luminoso y, su confianza y expectativa, respecto del porvenir, constituye también, un motivo especial de reflexión y análisis, para el ciudadano común, anónimo y sacrificado, que en forma humilde y silenciosa, trabaja y lucha, jornada tras jornada; contribuyendo así, firme y tenazmente, a forjar y construir, la Patria nuestra de cada día. Ese ciudadano común, muchas veces, de una manera cruel e injusta, castigado por las crisis financieras, los ajustes y recortes económicos, y las cargas tributarias y fiscales, que lo abruman con incrementos de precios y tarifas, y nuevas exigencias impositivas. Ese ciudadano común, que suele sentirse un triste y obscuro perdedor, en medio de una sociedad actual, que aflige y mortifica a las personas buenas, honradas y trabajadoras, y por otra parte, premia y recompensa a los individuos deshonestos e inescrupulosos, que violan e infringen las normas legales, se enriquecen, de un modo ilícito, y carecen de trayectoria válida y de méritos genuinos. Ese ciudadano común, que acaso, frustrado, decepcionado y desengañado, ante tantos anuncios frívolos, palabras vanas y promesas incumplidas, baja los brazos, no mueve más un dedo, y considera, finalmente que, habitamos un país, “donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, todos son iguales, todo da lo mismo, y todo, termina siendo, más de lo mismo…, más de lo mismo”. Ese ciudadano común, desencantado y descreído, que piensa, sinceramente, que hemos caído, y estamos atrapados y condenados, al círculo vicioso, el laberinto y la trampa, del feroz e implacable “más de lo mismo”, sin posibilidades ciertas, de escapatoria o de salida… Hoy, más que nunca, para huir y alejarnos, del “más de lo mismo”, y sus nefastas consecuencias, como único e imprescindible camino, debemos recuperar los principios éticos, los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, y la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, la educación, el estudio y la enseñanza; predicando con el claro testimonio de nuestra conducta, y el buen ejemplo de vida. Nunca podremos esperar, resultados distintos, haciendo, sistemáticamente, más de lo mismo; porque los hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos.

Cachito de esperanza

 Y a pesar del afano, el pesimismo, las tramoyas y tongos del maleante, tanto chorro, el chantún y el atorrante, el bajón y el fatal, más de lo mismo… Y a pesar de los grupos, el abismo, los balurdos, el yugo y el aguante; yo la sigo y le meto hacia delante, con un kilo de sueños y optimismo. Y a pesar de la fiaca y la rutina, la malaria y el raje de la mina, el laburo y el mango, que no alcanza… Yo no arrugo jamás – la cincho, fiero -, y llenándome el cuore y el balero, siempre tengo, un cachito de esperanza.