Reflexión lunfarda: El camino del trabajo, en el país del más de lo mismo…

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sin-titulo-1Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el testimonio de nuestra conducta, y el buen ejemplo de vida, y recuperar y reivindicar los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, como también, la conciencia, la mentalidad y la tan importante cultura del trabajo productivo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza. Vivimos, en el seno de una sociedad y un país, donde se habla demasiado, sobre idénticos problemas y cuestiones, se hace y realiza y muy poco, y al final, no se concreta ni resuelve nada; una sociedad, donde no se predica con el ejemplo, se carece de proyectos existenciales, ilusiones, iniciativas y esperanzadas expectativas, y se suele nivelar, de un modo constante e irremediable, hacia abajo; una sociedad, donde a pesar de los rimbombantes anuncios y declaraciones de cambios, el grupo, el verso, el chamuyo y la sanata, “nunca cambia nada, no pasa nada, todo queda en la nada, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina siendo, más de lo mismo, más de lo mismo…” Quedamos atrapados, en el círculo vicioso, el laberinto, la trampa y el profundo pozo, del “más de lo mismo” (“Es lo que hay”, la resignación y el conformismo…). Sólo podremos escapar de allí – la única salida -, a través del camino del trabajo productivo, la educación y la enseñanza. De lo contrario, seremos y seguiremos siendo, el eterno “más de lo mismo”.

La senda fiel y recta del trabajo, constituye un motivo, de seria y honda reflexión, para la voz del lunfardo, que siempre remarca y subraya, la importancia fundamental del trabajo productivo, que posibilita, de un modo significativo, el desarrollo, el avance y, el auspicioso y extraordinario engrandecimiento, de las naciones y los pueblos. La senda del trabajo, que nos aleja de la triste miseria y de la marginación social, evitando caer en el grave y penoso desamparo y la obscura desolación, de los parias y desvalidos. La senda del trabajo, que nos brinda, inculca, infunde e imprime, su firme y reconfortante aliento de fe, vigor, tenacidad, pujanza y energía. La senda del trabajo, que sabe, sin dudas, acrecentar y multiplicar, los recursos económicos y las riquezas, y proporciona además, bonanza, venturoso progreso, generosa prosperidad, claro bienestar, y una sana y especial alegría. La senda del trabajo, que hoy, más que nunca, debemos descubrir y reencontrar, en medio de una sociedad contemporánea, donde en muchas ocasiones y oportunidades, se castiga, perjudica y condena, a las personas buenas, honestas y trabajadoras, que luchan y batallan, abnegadamente, cada día, víctimas de las crisis financieras, los ajustes, los recortes, las presiones fiscales, las cargas tributarias y las duras obligaciones impositivas; y por otra parte, se premia, recompensa y favorece, a los que nada hacen ni aportan, al país y a la gente, delinquen y violan las normas legales, se enriquecen de un modo ilícito, “viven de arriba”, y carecen, totalmente, de trayectoria, antecedentes y, auténticos y reales méritos. Lamentablemente, vivimos en el seno de una contexto social, donde son siempre perdedores, los que trabajan y luchan; proliferan la corrupción y las impunidades; se habla demasiado, con abundancia excesiva, pero es muy poco, o nada, lo que en efecto, se lleva a la práctica, y se plasma, en hechos tangibles y concretos, y además, – en particular, dentro del área educativa y de la instrucción pública -, se nivela e iguala, invariablemente, hacia abajo, sin ningún resultado, feliz y positivo. El contexto social de un país, donde al final, más allá de los anuncios, las promesas de cambio, los debates, las declaraciones verbales, las cortinas de humo, los versos, la mentira y las consabidas sanatas, “nunca cambia nada, no pasa nada, todo queda en la nada, todos son idénticos, todo da lo mismo y, todo termina siendo, más de lo mismo”. Bien lo expresaba, el gran científico Albert Einstein: “No podemos esperar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo”, y “Los Hombres, – como nos adoctrinaba Jesús, en las sublimes páginas del Evangelio -, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus frutos”. Hoy, más que nunca, debemos recobrar y recuperar, los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; la mentalidad, la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza; el amor hacia el prójimo, la humildad, la nobleza, la honradez, el respeto, la verdad, la justicia, la solidaridad, la rectitud y la transparencia… Solamente, lograremos librarnos, del fatal “círculo vicioso”, la trampa, el laberinto, y el profundo hoyo del “más de lo mismo”, si en el futuro, decidimos, transitar, para siempre, el camino del trabajo, la educación y la enseñanza. Únicamente, nos salvarán “el trabajo productivo, la educación y la enseñanza”; de lo contrario, seguiremos siendo, “la sociedad y el país, del más de lo mismo, el más de lo mismo…” Y el lunfardo, ahora, nos canta:

El camino del laburo, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Che, gilún, te la bato, bien seguro, con mi humilde chamuyo y mi experiencia: Carburá, de una vez, tomá conciencia, y elegí, el buen camino del laburo. Hoy, borrá tu pasado tan obscuro, – te repito, chabón, con insistencia -; empezala a yugar, tené paciencia, y pensá, zanagoria, en el futuro… Terminá con la fiaca y la catrera, el vivir, en la lona y la palmera, poco morfi y el mango devaluado… Y manyando, che, otario, tu destino, chapá, entonces, salame, el buen camino, del trabajo más posta y más honrado. Escuchá esta lección – zabeca dura -, para huir de la triste mishiadura, y no andar por la yeca, como un rope, galgueando, paparulo, y sin un sope…