Reflexión lunfarda: El camino de la Patria.

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La reciente conmemoración, del 201 aniversario, de la histórica y trascendente proclamación de la Independencia Nacional, declarada en la ciudad de San Miguel de Tucumán, aquel lejano y memorable martes 9 de julio de 1816, nos ofrece la ocasión, más adecuada y propicia, a fin de meditar y reflexionar, acerca de la significación y la importancia del camino de la Patria. Ese camino largo, difícil y penoso, que ha sido transitado, durante muchas décadas, de luchas internas, anarquía, disputas, discordia, disensiones, escollos y adversidades, hasta lograr, la tan ansiada y esperada unidad de la República. Ese camino, de lento recorrido, con avances y retrocesos, con luces y también, sombras, y con victorias, fracasos y frustraciones. Ese camino, muchas veces, obscuro e incierto, que no permite avizorar y vislumbrar, a lo lejos, una promisoria y brillante luz, de felicidad y esperanza… Ese camino, que suele presentarse, duro y pesaroso, para aquel ciudadano común y anónimo, quien de una manera tenaz y esforzada, trabaja y lucha, día tras día, en medio de una sociedad y de un país, del “Es lo que hay” y del “Más de lo mismo”, donde, infortunadamente, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, al final, siendo, más de lo mismo… Ese camino, que suele nivelar e igualar hacia abajo – especialmente, en materia educativa y docente -; castigando y abrumando a las personas buenas, honestas y trabajadoras, y premiando, favoreciendo y beneficiando a los que delinquen, violan las leyes, carecen de méritos, y no efectúan, la menor contribución o aporte, al país y a la comunidad… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el testimonio de nuestra conducta proba, y el buen ejemplo de vida, recuperando el correcto y verdadero camino de nuestra Patria. El camino de los principios éticos, y los valores morales, humanos y espirituales. El camino del amor hacia el prójimo, la generosidad, la ayuda fraterna y el gesto solidario, frente a las viles mezquindades, la ambición dineraria, la envidia, la mentira y los individualismos egoístas. El camino del trabajo, el estudio, la educación y la enseñanza. El camino de la honradez, la justicia y la nobleza, frente a las acciones de corruptela, las maniobras ilícitas y fraudulentas, el enriquecimiento y la impunidad. El camino de la escuela, los libros, la lectura y el conocimiento, delante de la incultura, la ignorancia, el analfabetismo y la falta de oportunidades laborales. El camino del corazón optimista, las realizaciones positivas y edificantes, la superación personal, el crecimiento y el progreso, frente a la inoperancia general, la indiferencia social, el pesimismo, la marginación y la miseria… El camino del sentido práctico, la ejecutividad, las obras, los resultados tangibles y concretos, y las realidades alentadoras, delante de tantas promesas ficticias e incumplidas, las meras expresiones verbales, y las vanas palabras. El camino, donde, contrariamente, a la situación actual, sean ganadores, aquellos que trabajan, estudian y se esfuerzan, por un mejor y más venturoso futuro… Debemos, hoy, más que nunca, recuperar y elegir, el correcto y verdadero camino de la Patria… Para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y los hombres, como los árboles, se conocen por sus propios frutos…

Oración del camino de la Patria, por el Procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Che, Señor, este yorno, yo quisiera, con un cuore de frate, bien genuino, implorarte, campeón, por el camino de la Patria pulenta y verdadera. Hoy, te pido, la senda más diquera, del amor macanudo y cristalino, la unión posta, sin bronca, y un destino de esperanza debute y duradera… Hoy, te pido, che, Dios, de cayetano, la honradez, sin los chorros y el afano, los valores sin grupo, la nobleza… Y chapando el buen morfi y el laburo, que nos cope, en la Patria del futuro, un camino de sol y de grandeza.