Reflexión lunfarda: El corazón de bondad, en el país del más de lo mismo…

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El tierno y apacible corazón de bondad, constituye, en la reflexión de hoy, un tema o motivo, de sincera y profunda meditación, examen y análisis, rescatando así, la gran importancia, de la benevolencia del Hombre, que de una manera dulce y afable, sabe tender, su mano solidaria y generosa, al prójimo necesitado y desvalido.

El corazón de bondad, que inclinándose al bien, y a las obras piadosas y caritativas, transforma, en una realidad elocuente y palmaria, la sublime  y fraternal doctrina, y las bellas e imborrables palabras de Jesús, en las páginas, capítulos y versículos del Evangelio, cuando subraya y puntualiza, el supremo mandamiento del amor, a cada uno de nuestros semejantes. El corazón de bondad, que nos recuerda, el pensamiento y las expresiones de San Pablo, en la célebre primera “Carta a los Corintios”; en la cual, remarcaba que: “sin amor, no somos nada, y nada tampoco tenemos”.

El corazón de bondad, que traduce, refleja y exterioriza, la calidad humana, las virtudes, las cualidades y los atributos espirituales, del propio individuo; quien, al igual que los árboles, se conoce y aprecia, por su conducta, sus procederes y sus frutos. El corazón de bondad, en medio de un país y una sociedad, donde, infortunada y penosamente, predominan y se imponen, las negras ambiciones, la mezquindad y el egoísmo, los viles rencores, las envidias y mentiras, la impunidad, la corruptela y la falta de justicia…

El corazón de bondad, en el contexto de un país y una sociedad, donde existe, una marcada y evidente preponderancia, del individualismo y del personalismo, la soberbia y la avaricia; muy lejos del gesto de humildad y de misericordia, y de las actitudes de apoyo, auxilio, amparo, colaboración y, reconfortante y balsámico consuelo, frente a la desgracia, la congoja y el dolor ajenos. El corazón de bondad, dentro del patético, y muchas veces, desalentador panorama, de un país y de una sociedad, donde, en realidad, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se hablo mucho, de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo, y todo termina, inexorablemente, siendo,” más de lo mismo…”Debemos recuperar, nuestro corazón de bondad, de pureza y de gracia interior, junto a los principios éticos, y los sagrados valores morales del Hombre: El amor, la humildad, la decencia, la honradez, la verdad, el sentido de la justicia, la rectitud, la solidaridad,  la integridad y la transparencia… Debemos recobrar, para siempre, los argentinos, la mentalidad, la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, la educación, el estudio y, los genuinos y enaltecedores méritos; alejándonos, de la anticultura del “Facilismo”, la nivelación intelectual hacia abajo, la marginación social, la ignorancia y la pobreza… Sólo hay un sendero y un horizonte, de futuro progreso y luminosa esperanza: El camino del trabajo, la educación y la enseñanza.

Un cuore de bondad, por Carlos Armando Costanzo fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Yo te pido, che, Dios, y te lo bato, un cuore de verdad, banana y bueno, que palpite la yeca, y esté lleno, de una posta ilusión, a cada rato. Yo te pido, no ser un colifato, que se sienta un campeón, todo terreno, y la juegue después – balurdo pleno -, de chantún, cusifai y tipo gato… Yo te pido, sin bronca derrotista, una facha sonriente y optimista, y un espíritu fiel, de laburante… Cazá bien, el chamuyo de este otario, y dame un cuore bueno y solidario, que le tienda una mano, al semejante. Servir a los demás, como un gomía, con un kilo de entrega y alegría.