Reflexión lunfarda: El anhelo de Justicia, en el país del más de lo mismo…

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La Justicia, supremo valor jurídico que según el Derecho Romano, es «La constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo». De acuerdo, con la legislación romana de la época, en el libro primero del Digesto, los tres principios fundamentales, eran: Vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo».

De acuerdo, con la antigua definición, del Digesto Romano (Minuciosa recopilación, del Derecho y de los diferentes escritos, de los eminentes jurisconsultos de la época, realizada en el año 534, bajo el gobierno del emperador Justiniano), en el Libro primero, título uno, y ley Nro. 10, la “Justicia, es la perpetua y constante voluntad, de dar a cada uno lo suyo”. Expresado, en idioma latín: “Justitia est, constans et perpetua voluntae jus suum cuique tribuens”.

En tanto, el mismo Digesto, en el Libro primero, Título uno, y ley primera, subrayaba que: “El Derecho, es el arte de lo bueno y de lo equitativo”; puntualizándolo, en latín: “Jus est ars boni et aequi”. Por otra parte, en la pirámide de los “valores jurídicos”, la Justicia, se ubica en el vértice o la cúspide, seguida luego, por la Solidaridad, la Cooperación, la Paz, el Poder, la Seguridad y el Orden”.

Hoy, más que nunca, surge, en el espíritu y el corazón, del ciudadano común argentino, un auténtico y profundo anhelo de justicia, frente a la impunidad, la corrupción, la lentitud de las causas y procesos, la falta de investigaciones, serias y convincentes, y de la posibilidad de esclarecimiento de los hechos, y la carencia de un criterio ecuánime, y de un elemental sentido de equidad humana. Un anhelo de justicia, dentro del particular contexto, de un país y una sociedad, siempre inmersos, en el desalentador fenómeno, y el tan triste círculo vicioso, del “más de lo mismo”, donde, por desgracia, no cambia nada; nunca pasa nada; todo queda, siempre, en la nada; se habla mucho, de lo mismo, sin resultados positivos ni solución alguna; todos son iguales; todo suele dar lo mismo, y todo, termina, indefectible e inevitablemente siendo, más de lo mismo… Un anhelo de justicia, en el marco de un país y de una sociedad, donde se castiga, con frecuencia, a las personas buenas, honradas y laboriosas, abrumándolas de inmensas cargas y presiones, fiscales y tributarias; y por otra parte, se premia, favorece y beneficia, a quienes infringen las normas y disposiciones legales, cometen maniobras fraudulentas y episodios delictuosos, e incrementan, de un modo astronómico y notorio, sus múltiples bienes, y sus respectivos acervos patrimoniales.

Un genuino y fervoroso anhelo de justicia, aspirando a la recuperación, de los principios éticos y de los valores morales, como asimismo, de la mentalidad, la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la enseñanza y, los reales y verdaderos méritos. Un hondo y vehemente anhelo de justicia, para soñar, un promisorio y venturoso futuro, de nuestra Patria; sabiendo que, el único sendero posible, es el fiel y largo camino, de la Educación, la Honradez y el Trabajo. Un anhelo de urgente y necesaria justicia, que nos brinde un estímulo o incentivo, para proseguir la ardua y difícil lucha diaria, y nos regale también, un tierno puñado de amor y de fe, dulce consuelo y una bella esperanza.

La Justicia, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Te rajaste, sabés, por la ventana, una cheno mistonga y canfinflera, al junar – gran sorpresa, bien fulera -, que no paga su culpa, quien afana. Te rajaste, a una estreya, muy banana, donde reina la Ley, guapa y canchera, y hoy, el capo malandra, hace bandera, y los chorros, ya nunca van en cana… Te rajaste, cachuza y abatida, dejándonos, entonces, de movida, un tremendo balurdo, en la piojosa… Volvé un yorno, de postas esplendores, y danos, al final, con tus valores, una Patria más justa y más dichosa.